Lola Índigo: Perreo máximo y pregrabados a tutiplén

MimiDoblas, micrófono en mano, al frente del cuerpo de baile de Lola Índigo, el martes en Sagüés / Unanue

Lola Índigo, que actuó en el escenario principal de la Semana Grande donostiarra este martes, congregó a miles de personas en una de los conciertos más multitudinarios de la Aste Nagusia

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉS

No deja de ser irónico que Mimi Doblas (Lola Índigo), la primera expulsada de 'Operación Triunfo' en 2017, sea quien, hoy por hoy, más ha triunfado. Lo ha hecho por delante de compañeros como Aitana, Cepeda e incluso Amaia, la gran ganadora. Aunque esta última cuenta con el plácet de un público y una crítica transversales, la navarra parece tan empeñada en calcular su carrera al milímetro que corre el riesgo de llegar tarde a su propio éxito.

Por el contrario, Doblas (Huétor Tajar, Granada, 1992) lleva en la cresta de la ola desde que hace un año pulverizó redes, listas y pistas de baile con su 'Ya no quiero ná'. El martes, ese pelotazo y el resto de los temas que componen su debut, 'Akelarre' (2019), congregaron a varios miles de personas en uno de los conciertos más multitudinarios de la Aste Nagusia: hasta la churrería y las txosnas llegaban las hordas de adolescentes apelotonados en Sagüés al filo de la medianoche.

Rugió el equipo de sonido, rebosante de vatios, y estalló en mil colores la pantalla gigante, que ilustró la función con infinidad de visuales. Entonces Mimi hizo su aparición estelar a lo Beyoncé, Lady Gaga y Jennifer Lopez, escoltada por cuatro flexibles zagalas que le guardaron las espaldas durante hora y cuarto. A los más viejos del lugar, padres y madres que acompañaban a su prole, se les hizo raro no ver a ningún músico en escena, pero la 'chavalada' no observó nada extraño en ello: es el signo de los tiempos, el 'trap' nuestro de cada día.

Siguiendo los usos y costumbres de la música urbana, género líquido donde los haya, Lola Índigo cantó sobre su propia voz pregrabada y tiró de ritmos secuenciados a tutiplén, fiando la mayor parte del espectáculo a las diabólicas coreografías que Doblas aprendió de los maestros de algunas de las citadas divas. También sonaron, enlatadas, las voces de los colaboradores de su disco, comenzando por Mala Rodríguez: si la víspera 'acompañó' en espíritu a Esne Beltza, anteayer repitió en la inicial 'Mujer bruja'.

El perreo máximo fue la consigna de un concierto –si es que puede llamársele así– que tuvo más de aeróbico y gimnástico que de musical, aunque la parroquia no dejó de cantar y bailar al son de 'Maldición', dueto con Lalo Ebratt en el que Mimi se declaró «pecadora»; 'Inocente', con su deje jamaicano; 'No se toca', que incluyó «lereleles» flamencos, y 'Subliminal', colaboración con Maikel Delacalle y los colombianos The Rudeboyz, socios de Maluma, Shakira o C. Tangana. «Sólo veo caras sonrientes desde aquí», saludó Doblas, feliz de estar en el «norte».

Tras la balada 'Amor veneno' cambió su atuendo blanco por tonos más oscuros para acometer 'Me quedo', su conocido himno con Aitana, y el remix con «caña veraniega» de 'Autoestima', la divertida canción del grupo Cupido, refrescante cruce de trap e indie-pop. Algún interludio como la introducción de 'El humo' ralentizó el show, pero la políticamente incorrecta 'Borracha' volvió a propulsarlo en el último tramo con 'Game Over', mezcla de jazz y dembow, y 'Fuerte', mejunje de hip hop, kuduro y funk que sirvió de sintonía al programa 'Fama a bailar' en el que Doblas participó hace diez años como concursante.

Lola Índigo ondeó la bandera multicolor y la ikurriña, e incluso chapurreó unas palabras en euskera dictadas por una de sus bailarinas, de origen vasco. El final se acercó con la picante 'Lola Bunny', un reciente reggaetón perpetrado junto a Don Patricio cuya letra podría haber inspirado la enésima petición de censura por parte de los nuevos guardianes de la moral que esta vez –menos mal– anduvieron despistados. «¡Qué de gente! ¡Ha sido el mejor bolo del verano!», gritó la líder de Lola Índigo mientras abajo el público le cantaba el 'Xu, Xu, Xuabe' de Pirritx eta Porrotx. El único y esperado bis de la velada fue, cómo no, 'Ya no quiero ná', que puso la plaza literalmente patas arriba con su sucesión de ganchos de vientos demoledores. El tiempo dirá si su propuesta es flor de una temporada o si se confirma, más a largo plazo, que las últimas serán las primeras.