Los más pequeños se hicieron con el Boulevard

Participantes en la actividad ciclista en el Boulevard. / José Mari López

Niños y niñas de entre 5 y 10 años volvieron a convertirse en los protagonistas de la Clásica en miniatura

PAULA MUNGUÍA

La diversión sobre ruedas estaba garantizada este martes por la tarde dentro de la programación de la Semana Grande. El Boulevard se convirtió en la recta final de La Clásica de los txikis. Un total de 218 txirrindularis de entre 5 y 10 años se animaron a participar un año más en la Bizikleta Festa.

Fueron 300 metros de recorrido en los que niños y niñas pusieron el mismo empeño e ilusión que los profesionales. Entre palabras de ánimo y aplausos, los txirrindularis disfrutaron ayer de su 'carrera' bajo la atenta mirada de los familiares, que ocupaban hasta el más mínimo punto de observación sobre la recta.

Se formaron tres grupos por edades: 5-6, 7-8, y 9-10. Pese a ser una prueba de carácter participativo, pocos se resistieron a la ambición de atravesar primeros la línea de meta y durante la carrera no perdieron de vista a sus 'rivales'.

Donostiako Festak y la Federación Gipuzkoana de Ciclismo han vuelto a aunar sus fuerzas para sacar adelante esta actividad deportiva organizada para que los más pequeños sean protagonistas absolutos y dueños, por un rato, del Boulevard. Además, el evento también ha contado con la colaboración de la Escuela de Ciclismo de Donostia. Varios de sus jóvenes ciclistas ayudaron a organizar la actividad para que todo fuese sobre ruedas.

Minutos antes de comenzar la carrera todavía había chavales inscribiéndose para conseguir su dorsal. Una vez cerrada la lista, a las 17.30 horas dio comienzo el recorrido. Los primeros en hacerlo fueron el grupo de entre 5 y 6 años, a los que les siguió el pelotón de 7 y 8 años, y finalmente los mayores, de 9 y 10 años.

El evento perseguía varios objetivos: hacer de la del martes una tarde deportiva y divertida y concienciar a los más pequeños de la importancia de utilizar en la bici elementos de protección como el casco, así como familiarizarles con la costumbre de usarla como medio de transporte en una ciudad tan habilitada para ello como Donostia. Sin lugar a dudas, todos ellos quedaron más que cumplidos. Una vez finalizado el recorrido, a los participantes les esperaba una merienda para recargar las pilas, y un sorteo de tres bicis para cada franja de edad.

Todos se fueron merendados, algunos con premio, y la inmensa mayoría con un buen recuerdo. Alaia, por ejemplo, era la primera vez que participaba. Su cara de felicidad tras realizar el recorrido lo decía todo. «Me lo he pasado muy bien y ha sido muy divertido», afirmaba. Jorge y Martín repetían por tercer año. Les encanta sentirse auténticos profesionales del ciclismo y notar el cariño y apoyo de sus familiares.

Los días que restan de Semana Grande siguen repletos de actividades destinadas a los más pequeños. No tan multitudinarias, pero igualmente divertidas e interesantes.