La reapertura del puente de Astiñene se retrasa quince días por la lluvia y un sabotaje

Estado actual de las obras del puente de Astiñene, con la máquina de perforación que realiza las labores de micropilotaje. / LUSA
Estado actual de las obras del puente de Astiñene, con la máquina de perforación que realiza las labores de micropilotaje. / LUSA

Los vehículos no podrán cruzar el paso entre Loiola y Egia hasta la segunda quincena de julio | El Ayuntamiento achaca al vandalismo el corte de cables de la maquinaria de obra registrado hace dos fines de semana

Jorge F. Mendiola
JORGE F. MENDIOLA SAN SEBASTIÁN.

Malas noticias para los usuarios habituales del puente de Astiñene y para la movilidad de la ciudad en general. La conexión entre Loiola y Egia no se reabrirá al tráfico rodado hasta la segunda quincena de julio, un retraso de quince días que desde el Ayuntamiento achacan a dos circunstancias ajenas a su voluntad: el tiempo y los gamberros.

Un «pequeño» sabotaje, según explicaron ayer fuentes municipales, registrado durante el fin de semana del 9 y 10 de este mes, ha llevado a las empresas que acometen los trabajos a solicitar una ampliación del plazo de ejecución, petición que la Junta de Gobierno Local prevé aprobar el próximo martes.

Los vándalos cortaron cables de las máquinas y las mangueras de la obra, lo que supone un contratiempo que perjudica a todos los donostiarras. Además, las lluvias caídas los últimos meses han ralentizado el ritmo de las operaciones, ya que al aumentar el caudal del río Urumea ha sido necesario utilizar más material para reforzar las pilastras.

La extensión del plazo de fin de obra será aprovechada para realizar dos actuaciones de calado. La primera consiste en renovar el asfalto de la calzada, mejora que en un principio no estaba contemplada en el proyecto. La segunda, orientada a la seguridad, será la preceptiva prueba de carga del puente, no en vano por este punto circulan autobuses públicos y privados en sus itinerarios entre barrios.

Hay que recordar que Astiñene se cerró en agosto tras detectarse de forma casual problemas estructurales y permaneció así cinco meses, hasta que tras una primera intervención de 133.000 euros -se colocó una línea de tirantes en la base de los arcos- pudo volver a abrirse a peatones, ciclistas y motos. Después de una primera inspección se procedió a un análisis exhaustivo de la estructura, que concluyó que la seguridad estaba comprometida al detectarse desplazamientos o giros en las pilastras, con hundimiento y pérdida de la verticalidad de algunos de los apoyos, lo que había llevado al puente a una situación de riesgo de colapso.

Pero para permitir el paso de vehículos más pesados -coches, autobuses y camiones- se antojaba imprescindible una segunda actuación, que es la que se está acometiendo desde mediados de abril y que nuevamente ha obligado a prohibir todo tipo de tránsitos, sean o no motorizados.

La solución definitiva en curso pasa por un recalce de las pilas mediante micropilotes, lo que garantizará la estabilidad del puente, con un coste para el Ayuntamiento de 603.263 euros. Esta medida consiste en reforzar la cimentación gracias a unos cilindros de cemento con acero, que atraviesan los mampuestos y los sillares de las pilas hasta alcanzar la roca y penetrar en ella ocho metros, con lo que se prevén longitudes de micropilotes de entre treinta y cuarenta metros.

Cimentación profunda

Según precisan desde la dirección de obra, el micropilote viene a ser una cimentación profunda para reforzar los esfuerzos de tracción y compresión de una estructura debilitada. Para la materialización de los micropilotes, la UTE de empresas constructoras utiliza una máquina de perforación de veinticinco toneladas de peso que ocupa buena parte de la sección del puente.

Las nuevas previsiones de finalización afectan asimismo a la libre circulación de personas y bicicletas, que confiaban en poder cruzar entre Loiola a Egia a partir de finales de junio, como se anunció en su día cuando arrancaron las labores sobre el terreno. El Ayuntamiento informó ayer de que la reapertura efectiva se producirá durante la primera semana de julio, con lo que los perjuicios del cierre continuarán al menos doce días más.

La clausura del puente de Astiñene, una infraestructura clave que data del siglo XIX y que está condenada a desaparecer, supuso para Dbus la pérdida de 80.300 viajeros durante el año pasado, un hecho que afectó al cómputo anual de usuarios, que sufrió una caída de un 0,35% con respecto a 2016.

Entretanto, los trámites para adjudicar la construcción del nuevo puente -una actuación recogida en el plan de prevención de inundaciones del Urumea- avanzan en la Mesa de Contratación de Ijentea. El presupuesto asciende a 3,2 millones de euros, que serán financiados por URA, la agencia vasca del agua. Será el primer puente curvo de la ciudad, con solo dos apoyos en el río y ubicado unos metros más hacia la desembocadura que el actual.

 

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