El puente de Astiñene supera la prueba de carga y se reabre mañana a todos los vehículos

Dos camiones participan en la prueba de carga del puente de Astiñene, cuya estructura ha sido reforzada para soportar el paso de coches y autobuses. /IÑIGO ARIZMENDI
Dos camiones participan en la prueba de carga del puente de Astiñene, cuya estructura ha sido reforzada para soportar el paso de coches y autobuses. / IÑIGO ARIZMENDI

Hoy se procederá al asfaltado, para lo que será preciso cerrar el paso a peatones y ciclistas | La estructura reforzada aguantó el peso de dos camiones de gran tonelaje parados sobre cada uno de los pilares

Jorge F. Mendiola
JORGE F. MENDIOLA

La reapertura total y definitiva del puente de Astiñene, entre Egia y Loiola, está más cerca. La estructura reforzada se sometió ayer a la preceptiva prueba de carga tras las obras y hoy mismo se procederá al asfaltado de la calzada, por lo que si la lluvia no retrasa la operación el paso volvería a abrirse a partir de mañana a todo tipo de vehículos. La prueba de carga obligó al cierre del puente para peatones y ciclistas, que son los únicos que de momento pueden transitar por este punto clave de la movilidad urbana. Dos camiones de gran tonelaje posaron sus ruedas en la plataforma a primera hora de la mañana y fueron desplazándose hasta detenerse sobre cada uno de los pilares. Una vez comprobados los resultados positivos del test, los técnicos autorizaron la reapertura para personas y bicicletas.

Según explican desde el departamento de Obras y Proyectos del Ayuntamiento donostiarra, la meteorología será determinante en las siguientes fases del proceso. Si el tiempo respeta, el asfaltado podrá llevarse a cabo, para lo que será necesario interrumpir la circulación de peatones y ciclistas durante toda la jornada de hoy. Después llegará el turno de la pintura, trabajo para el que también se precisa de la ausencia de precipitaciones.

Con las marcas viales ya señalizadas, Astiñene se reabrirá mañana al tráfico motorizado, una noticia esperada por los miles de conductores que lo atraviesan en sus desplazamientos diarios y que desde el pasado mes de agosto, hace ya casi un año, se han visto obligados a buscar rutas alternativas y dar rodeos para llegar a destino.

La clausura de la pasarela se debió a la detección de grietas de forma casual y permaneció así cinco meses, hasta que tras una primera intervención de 133.000 euros -se colocó una línea de tirantes en la base de los arcos- pudo volver a abrirse a peatones, ciclistas y motos. Después de una primera inspección se procedió a un análisis exhaustivo de la estructura, que concluyó que la seguridad estaba comprometida al encontrarse desplazamientos o giros en las pilastras, con hundimiento y pérdida de la verticalidad de algunos de los apoyos, lo que había llevado al puente a una situación de riesgo de colapso.

Pero para permitir el paso de vehículos más pesados -coches, autobuses y camiones- se antojaba imprescindible una segunda actuación, que es la que se está acometiendo desde mediados de abril y que nuevamente había obligado a prohibir todo tipo de tránsitos, fueran o no motorizados.

Recalce con micropitotes

La solución definitiva ha sido un recalce de las pilas mediante micropilotes, lo que garantizará la estabilidad del puente, con un coste para el Ayuntamiento de 603.263 euros. Esta medida ha consistido en reforzar la cimentación gracias a unos cilindros de cemento con acero que atraviesan los mampuestos y los sillares de las pilas hasta alcanzar la roca y penetrar en ella ocho metros.

Las afecciones causadas por el cierre de Astiñene, una infraestructura del siglo XIX que está condenada a desaparecer, se han sentido en el transporte público. Durante el año pasado, Dbus perdió 80.300 viajeros, un hecho que castigó al cómputo anual de usuarios con una caída de un 0,35% con respecto a 2016. Esta situación de excepcionalidad se resolverá previsiblemente mañana si las tormentas no lo impiden.

La adjudicación de las obras del nuevo puente, a punto