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Prohibido permanecer fuera del agua sin albornoz

Una nada ofensiva familia de bañistas, en 1940. /FOTOCAR
Una nada ofensiva familia de bañistas, en 1940. / FOTOCAR

1948. Una normativa emitida por el Gobierno Civil vetaba «el uso de bañadores que resulte ofensivo al pudor o decencia»

MIKEL G. GURPEGUISan Sebastián

Lo que no habrán dado que hablar los trajes de baño en décadas pasadas. Unos centímetros más o menos de tela, un corte más o menos ceñido marcaba la diferencia entre la decencia y la indecencia.

Estamos en 1948. El gobernador civil interino, Francisco de Camprubí, ordenó el 26 de mayo la publicación «para general conocimiento y el más exacto cumplimiento», de la estricta norma sobre bañistas, procedente de la Dirección General de Seguridad y vigente desde el año 1941, que apareció tal cual en nuestro diario al día siguiente.

«En evitación de abusos o faltas de decoro ciudadano en la presente estación veraniega, con infracción de las disposiciones legales en vigor y ofensa a la moral y buenas costumbres, he dispuesto se observen rigurosamente las normas siguientes:»

La normativa vigente en los años 40 establecía multas de 500 pesetas y arrestos a los infractores

«Primera.- Queda prohibido en todo el Territorio Nacional bañarse en playas o piscinas sin vestir la prenda adecuada, y el uso de bañadores que por su forma o parte del cuerpo que deje desnudo, resulte ofensivo al pudor o decencia pública».

(Claro que el nivel de ofensa en estas cuestiones estaba entonces muy bajo).

«Segunda.- Se prohibe, asimismo, la permanencia de los bañistas fuera del agua, cualquiera que sea su objeto, sin albornoz o prenda análoga».

(¿Pero alguien recuerda que se usasen muchos albornoces en, por ejemplo, nuestra playa de la Concha?).

«También se prohibe, terminantemente, que en las piscinas y baños públicos se organicen bailes en traje de baño»

«Tercera.- Se exceptúa de la anterior prohibición la permanencia en los solarios establecidos en los recintos de las piscinas, márgenes de los ríos o parte de la playa acotada a tal fin con la debida separación de independencia para las personas de uno y otro sexo, y totalmente aisladas del resto del público, o se regule su uso por horas, cuando se tenga instalado un solo solario para los bañistas de distinto sexo».

«Cuarta.- También se prohibe, terminantemente, que en las piscinas y baños públicos se organicen bailes en traje de baño».

(La suma de desnudeces parciales más los siempre pecaminosos bailes podía ser mortal).

«Quinta.- Los Agentes de la Autoridad cursarán sin demora las denuncias por las infracciones de las anteriores reglas y detendrán, cuando proceda, a los infractores, que serán corregidos, según los casos, con multas hasta la cuantía de 500 pesetas y arresto subsidiario, sin perjuicio de la clausura de los establecimientos destinados a la industria de baños, donde reiteradamente se incurra en faltas de este carácter».

Las normativas sobre bañadores más o menos indecentes se irían suavizando durante el franquismo, pero tampoco tanto. En 1960, otra circular de la Dirección General de Seguridad no entraba en los tipos de trajes de baño pero prohibía su uso fuera de playas y piscinas.

«Queda prohibido para todas las personas mayores de catorce años: a) El uso de traje de baño por las calles de cualquier ciudad o pueblo, por carreteras y restaurantes, bares, bailes y otros establecimientos análogos, salvo que se trate de quioscos o merenderos instalados por temporada dentro de zonas acotadas en playas o establecimientos de baño. b) El uso de pantalón corto por el casco urbano de ciudades o pueblos y en los establecimientos a que se refiere el apartado anterior».

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