«Ponle al reguetón clave cubana, escribe una letra bonita y lo bailarás rico»

Nunca muy lejos de un piano. Lázaro, en Tabakalera./MÓNICA RIVERO
Nunca muy lejos de un piano. Lázaro, en Tabakalera. / MÓNICA RIVERO

Lázaro Castro Landa Hoy actúa en el Altxerri con Yuri y Emilio

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Luce el sol tras la lluvia en las esquinas redondas del Tánger. Vuelve la gente de la presentación del Zinemaldia 66. Alrededor de las mesas altas exteriores, parte de la familia Castro: el otro Lázaro, el padre; y un hermano del pianista, Jessmel. La charla comienza anunciando un bolo doble para hoy. Lázaro actuará en Zestoa en las fiestas en honor a la Virgen de septiembre. Lo hará con el grupo, Habana 537. Pillará luego veloz la autopista y a las 21.30 le tendremos en Altxerri junto a Yuri (cantante) y Emilio (percusionista). Forman la banda Son Para Bailar y rinden tributo al Buena Vista Social Club.

- Empecemos por donde hay que empezar: el vídeo de tu recital de graduación como pianista se ha vuelto viral en YouTube. Basta poner tu nombre completo y ahí estás. Chavalillo, con esa madre tuya tan fuerte, Obdulia; cogiendo el taxi, yendo a la sala de audición...

Las anacaonas

Elvira Deans
hace 80 años, la abuela de Lázaro y una decena de mujeres de bravura fundaron una orquesta de saxofonistas, trompetistas y contrabajistas. La llamaron como una reina indígena que se sublevó contra los españoles. Hoy sus herederas musicales siguen dándole al son en esta big band.

- ¿Te has fijado en el número de la casa de donde salimos? Estamos en Luyanó, un barrio impregnado de música por sus esquinas. Y de revolución. Allá se empezaron a amotinar en 1868. Es un Consejo Popular del municipio Diez de Octubre, fecha de la independencia cubana.

- Me he fijado, sí. Allá en La Habana vivías en el 3.514. Pero hace años ya que os vinisteis acá. Sitúanos en tus orígenes musicales. Tienes un árbol genealógico suculento...

- Benny Moré, al que ya sabes que llamaban 'El bárbaro del ritmo' y al que algunos consideran el Sonero Mayor de Cuba, es familia por parte de madre. Y Rafael Lay, violinista, arreglista y compositor, lo es por parte de padre. Fue director de la Orquesta Aragón, elegante y puramente cubana. De una de mis abuelas, Elvira, hablas en otro sitio. Su apellido es de origen jamaicano: Deans. Tengo una prima musicóloga con nombre indonesio: Hidayat.

- Lo dicho, ¡vaya orígenes supremos para un chaval del 88 que los 7 años quería ser percusionista!

- Es verdad, me atraían muchísimo los bongós, los cajones de rumba, el batá, los timbales, pero una de mis primeras maestras, Mabel Monje, le rogó a mi madre que no me dejara dejar el piano. Y aquí me tienes, después de haber estado en la Escuela Alejandro García Caturla y en el Conservatorio Guillermo Tomás. De haber tenido maestros de altura como Milly Rodríguez, Viera Ulaskievich, Tousa, 'Peruchín'. Honor a ellos. Por todo eso me encabrito cuando al preguntarme qué soy y contestar yo que músico, hay quien machaca y pregunta de nuevo: «¿Y qué más?».

- ¿Les parece poco ser pianista?

- Por eso me enrabieto. Porque he estudiado mucho y me he sacrificado mucho para serlo. Para poder vivir de ello. Han sido 16 años. Con profesores tan magníficos pero tan recios como Rodolfo Argudín, que a las ocho de la mañana si le llevabas preparado algo de Bach te hacía volver a casa a estudiar a Mendelssohn. O la misma Viera que un día que se me resistía la 'Melodía' de Grieg me aconsejó me fuera al mar y mirara el movimiento de las olas...

- ¡¡¡???

- Y tenía razón. Viéndolas romper supe cómo tenía que tocar esa pieza.

- Me pregunto por qué habré escrito el nombre de Betty Boop en los apuntes de nuestra charla.

- Porque fue la película que me pusieron las aeromozas del avión que con once años me trajo por primera vez a Europa. Venía casi como un chaval prodigio a dar un concierto en Barcelona. Embarqué solo y me trataron como a un rey. Como había que hacer escala en Madrid, de dos horas, me llevaron a una sala y me pusieron dibujos animados, Betty Boop.

- Recién cumpliste 30. ¿Sientes que hayas crecido como pianista? ¿Qué supuso venirte para aquí?

- Me acuerdo de que mis padres me dijeron que estuviera donde estuviese, no buscara primero músicos sino personas pues lo importante era ser buena gente. Más que buen pianista. Tenían razón. Es duro estar fuera de tu contexto vital y musical, encontrarte en un país que no es el tuyo, distinto también culturalmente. Pero he crecido mucho como ser humano. Gracias a amigos como Denis Barzaga, percusionista, o Lerman Nieves, contrabajista, con quien tengo un proyecto guapísimo, Yakanbú. Podría definírtelo como música de cámara a y con ritmo caribeño.

- Me tienes que explicar muchas cosas más. Me gusta, por ejemplo, que defiendas el reguetón, ¿cómo?

- Estudié música clásica y la amo, pero un día otra profesora le dijo a mi madre, algo asustada porque cada vez me deslizaba más hacia el latin jazz, la salsa y el son: «Tu hijo no será nunca rubio con ojos azules». Es decir, no sería siempre un pianista clásico. Porque me llena y respeto demasiado mi legado familiar respecto a la música. Porque me gusta demasiado la clave cubana, ese '1,2,3/1,2'. Y confío mucho en ella. Para hacer, por ejemplo, del jazz puro algo afrocaribeño. ¿Cómo? Así: metes la clave, el 'tumbao'. Justo como cuando tocas el montuno, heredero del son y base de la salsa. ¿Defender el reguetón? ¡Claro!

- Insisto, ¿cómo?

- Sé que tiene letras obscenas. Pero no tiene por qué tenerlas. Es una música que se ha impuesto y hay que tocarla, y hacerla gustosa. Y volvemos a mi clave amada, la cubana. Porque existe un reguetón cubano, de ritmo más agradable, muy bailable y con un toque muy sabroso.

- ¿Y esa mezcla de electro y son?

- Uno de mis sueños: la electrónica es música muy alta. ¿Qué pasaría si le encajáramos algo más 'down', más suave, y añadiéramos un voz casi folk? Pues tal vez saldría, lograríamos, algo emocionante que te pusiera a bailar.

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