A por las piedras que están bajo el agua en Donostia

Una prueba efectuada con una retroexcavadora muestra que hay mucho cascote en la playa sumergida. El test de ayer, con técnicos de Costas presentes en Ondarreta, servirá para solicitar un permiso que permita actuar en octubre con esta maquinaria en San Sebastián

El dispositivo permitió ayer sacar, a 20 metros de la orilla, un tronco semienterrado en la arena desde hace lustros y que ha podido herir a numerosos bañistas. / A.M.
Aingeru Munguía
AINGERU MUNGUÍASan Sebastián

Mareas vivas de septiembre. El dispositivo quita-piedras de Ondarreta llevaba esperando este día para intentar sacar cascotes y obstáculos enterrados en la arena en la zona sumergida que en otros momentos del año son inaccesibles. El mar se retira y permite actuar con más facilidad a los operarios. Miembros de Aranzadi realizaron ayer, en presencia de técnicos del Departamento de Costas de Gipuzkoa, una prueba piloto con una máquina retroexcavadora que fue sacando muestras del fondo del mar a escasos metros de la orilla. El resultado fue la extracción en solo hora y media de trabajo de grandes piedras, bloques de hormigón, piezas de mármol del bordillo de las escaleras que llevan a la playa, ladrillos y hasta un enorme tronco de árbol, que a buen seguro habrán hecho estragos en los pies y piernas de numerosos bañistas durante años.

La playa de Ondarreta lucía ayer espléndida, limpia, sin piedras en la orilla, y con decenas de usuarios dispuestos a disfrutar de una mañana soleada de septiembre sin excesivo calor. La quietud de la mañana se quebró a mediodía cuando una enorme máquina fue transportada hasta la rampa de bajada a la playa. Los miembros del dispositivo de retirada de piedras lo habían planificado desde hacía semanas. Querían probar con una retroexcavadora para extraer cascotes bajo el agua cerca de la orilla.

Bloques de piedras y ladrillos de antiguas construcciones.
Bloques de piedras y ladrillos de antiguas construcciones. / A.M.

La actuación de la despedregadora adquirida este año por el Ayuntamiento de San Sebastián y el mayor nivel de arena existente respecto a otros años ha permitido este verano mantener a raya las piedras. Ha sido una de las temporadas con menos cascotes. La maquinaría siempre ha actuado por la noche para maniobrar con más facilidad y seguridad y para no molestar durante el día a los bañistas.

El buen resultado de estos trabajos ha permitido a los operarios ser más ambiciosos e intentar resolver otro de los problemas. Si las piedras en la zona intermareal de la playa emergida han sido muy molestas para todos los usuarios de Ondarreta en la última década, no es menos cierto que una vez dentro del agua la situación era casi peor. Había mucha piedra fuera y también dentro del agua. Con la despedregadora se ha logrado neutralizar el primer problema, pero atacar el segundo es más difícil. El año pasado la despedregadora se metió unos metros dentro del agua y se quedó anclada en el fondo.

Este año se ha ideado un sistema, el que ayer se puso en práctica, que ha resultado ser más satisfactorio. Para ello se ha esperado a tener la marea más baja del verano y se ha dispuesto una máquina más apropiada para poder coger material con un brazo a varios metros de distancia de la orilla.

Los operarios dispusieron conos alrededor de la zona de maniobras para advertir a los bañistas y paseantes que se mantuvieran a cierta distancia de las máquinas. Los socorristas de la Cruz Roja ayudaron en la tarea colocando banderas rojas para impedir el baño en la zona de actuación, una franja de unos 70 metros de largo y 20 de ancho que fue desplazándose desde el centro de la playa hacia el muro del Tenis conforme cambiaba la zona de ataque.

Cada vez que la pinza se sumergía sacaba un buen cargamento de cascotes que depositaba en la orilla, donde el material era fotografiado y analizado por los técnicos. Jon Etxezarreta y Marko Sierra (Aranzadi) indicaban al operario de la retroexcavadora dónde llevar sus 'garras' porque tienen identificados los lugares donde numerosos escombros esperan a ser sacados del agua. Trozos de pared de ladrillo, bloques de hormigón (que pudieron formar parte del relleno del campo de maniobras que funcionó en esta playa), piezas de mármol rosa del bordillo de las escaleras. Y de postre un enorme árbol que ha estado semienterrado durante lustros o décadas, clavado en el fondo marino con una inclinación de unos 20 grados, con más de un metro emergido de la arena. ¿Qué más sorpresas esperan bajo las aguas? Quizá sepamos algo más este otoño.

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