«El patio se llena de barro cuando llueve»

Barreras dinámicas y mallas de contención en la ladera de Igeldo que conduce a Lourdes Txiki para evitar desprendimientos sobre el patio de Ekintza Ikastola./MICHELENA
Barreras dinámicas y mallas de contención en la ladera de Igeldo que conduce a Lourdes Txiki para evitar desprendimientos sobre el patio de Ekintza Ikastola. / MICHELENA

Ekintza Ikastola pide a Urbanismo que se ejecuten las obras de recogida de aguas de la ladera

JORGE F. MENDIOLASAN SEBASTIÁN.

Antes eran las piedras y los árboles. Ahora, el agua y el barro. Ekintza Ikastola continúa sufriendo los problemas de estabilidad de la ladera de Igeldo que conduce a la gruta de Lourdes Txiki y que han obligado a colocar varios elementos de seguridad para evitar nuevos desprendimientos.

«Cada vez que llueve con cierta intensidad, los sumideros se atascan por el barro que cae del monte», denuncia Ignacio Marín, director del centro, quien recuerda que los problemas empezaron en 2002 con los primeros corrimientos. Aquel mismo verano hubo ya una actuación del Ayuntamiento por ejecución subsidiaria en una zona del patio de pequeños, no la que ahora está más afectada. El consistorio la realizó y exigió a Sidup SL, la empresa propietaria del terreno, que hiciera frente al pago.

Las dos partes entablaron entonces un contencioso judicial que ha durado muchos años y en el que Ekintza ha participado como parte afectada. Las sentencias, que han sido varias, las han ganado todas el consistorio y Ekintza en contra de la empresa.

«Nunca han mantenido esa zona en las debidas condiciones», lamenta Marín, cuyo relato sitúa en 2007 los primeros problemas con el arbolado, que ha crecido «de forma espontánea y no es autóctono», sino en su mayoría compuesto por robles americanos de altura. La «tala salvaje» acometida en la parte alta del terreno, durante la cual muchos ejemplares «fueron arrancados» y alguno de gran porte cayó hacia abajo haciendo un surco en la tierra, terminó por desestabilizar la ladera.

El Ayuntamiento volvió a intervenir y obligó a los propietarios de la parcela a colocar una barrera dinámica que retuviera la caída de material, pero entre este elemento de protección y el patio de la ikastola quedaron «zonas no aseguradas». Para resolverlo, Ekintza tuvo que poner una malla anclada al monte y dos vallas a lo largo del encuentro entre el monte y la ikastola, obra que ejecutó el pasado mes de enero y que tuvo un presupuesto de 35.000 euros.

La dirección del centro asegura que ya no hay riesgo de caída de piedras o ramas desde Igeldo

Los propietarios del terreno han recurrido y reclaman que el colegio asuma parte del coste

Martín pone en valor la eficacia del sistema. «En este momento ya no hay peligro por los desprendimientos porque si caen piedras o troncos, se quedan en las barreras. El problema es el agua que baja desde el monte: nos llega con barro y obstruye los desagües», explica.

Como solución, el departamento de Urbanismo decretó en enero un plazo de un mes para que la sociedad propietaria ejecutara la recogida de aguas bajo amenaza de ejecución subsidiaria y posterior cobro de las cantidades invertidas. La empresa recurrió debido a que la obra requerida afectaba a terrenos que no son de su propiedad sino del colegio y, tras contrastar esta afirmación, el pasado 27 de agosto Urbanismo dejó sin efecto la resolución anterior.

Un mes de plazo

En sus nuevas instrucciones a las partes implicadas en el conflicto, el delegado Enrique Ramos otorgaba otro mes de plazo para que Sidup y Ekintza Ikastola se pongan de acuerdo y presenten un proyecto único de recogida de aguas, repercutiendo los costes conforme a los porcentajes de propiedad del 92,77% y 7,23%, respectivamente. Además, el plazo de ejecución de los trabajos no puede superar los tres meses.

«¿Cómo pretende Urbanismo que lleguemos a un acuerdo sobre la canalización si llevamos casi veinte años peleados en los tribunales?», se pregunta la dirección del centro, que no oculta sus dudas sobre las verdaderas intenciones de los dueños de la ladera. A su juicio, lo que pretenden es «retrasar» el asunto porque «su voluntad es construir» pero el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) no lo contempla. «Si se hace la recogida de aguas y por tanto se resuelve el problema, ya no tendrían ninguna baza con la que presionar al Ayuntamiento y conseguir -si es eso lo que buscan, como parece- una permuta por otra parcela que sí sea urbanizable», argumentan. Es la conclusión a la que han llegado tras ver cómo abordaron la tala: «Arrancando árboles de cuajo, como cuando se va a construir, y desestabilizando la ladera».

Marín quiere dejar claro, para tranquilidad de los padres de los 750 niños que estudian en Ekintza, que la ladera «ya no representa riesgo alguno para la seguridad» de sus hijos y que el «único problema» es el del agua, que al no disponer de sistema de recogida «forma charcos» en el patio.

 

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