«Di eso que te pasa por la cabeza. No por hacer daño sino para sentirte bien»

Café con leche en vaso. En El Cafe Tal de San Francisco con Viteri. Entre el cajero automático de Kutxa y el supermercado. / USOZ
Café con leche en vaso. En El Cafe Tal de San Francisco con Viteri. Entre el cajero automático de Kutxa y el supermercado. / USOZ

Joseba Esnaola: Fue profesor de ciencias. Escuchó voces. Perdió. Pinta. Observa |

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Vive en Paseo Colón. Con sus dos hermanos, Paul e Iban. Se protegen los tres. Se cuidan los tres. Se apoyan los tres. Se regañan los tres. Se complementan los tres. Si uno le presta al otro diez euros ese otro le preparará el bocadillo. O el desayuno del día siguiente. Viven juntos los tres. A veces uno les roba a los demás 50 euros. Pero acaba diciéndolo. Sin mayores problemas. Joseba puede ser muy lanzado, muy abierto o muy cascarrabias. Depende de con qué pie se haya levantado de la cama ese día. Suele sentarle mejor y sentirse mejor si lo hace con el izquierdo. Viven juntos los tres. Hace tiempo, Joseba empezó a oír voces. Pasó 20 años en la calle. Ahora toma un con leche en vaso en El Cafe Tal.

- Y tu madre te llevó al médico.

- Cuando empecé a oír voces, sí. Acaso era el Diablo. No sé. El Diablo es una idea mística, claro. Como hemos sido educados en la religión, pensamos en esas cosas. Cosas como él, el Diablo. Aunque yo también suelo soñar mucho con y en paisajes como de las Mil y Una Noches. Sí, empecé a oír voces. Y me medicaron. Y me abotargué. Entonces me aconsejaron empezar a pintar. Sería el año 98. Vivíamos en Elgoibar. ¿Sabes cómo firmaba mis obras?

- No.

- Me inventé un nombre casi ruso, Nicolai Valdeniev. Lo que no oculté fue mi dirección postal. En los cuadros añadía la calle donde vivíamos, Arrillaga Trasera 7. Usaba pastel para pintar casas, puentes, caseríos. Algunos cuadros conservan una textura más áspera. Otros, que he tocado más con la mano, están más suaves, como pulidos. Estudié pintura con el profesor Ferrán. En el Club de Arte Catalina de Erauso. Algún cuadro ya vendí. Uno por 20.000 pesetas. He retomado la pintura...

- Ah.

- Ahora ya no es pastel ni hay tanto caserío en mis obras. Uso rotuladores. El Diablo, los demonios, siguen presentes. Y las espadas. Y el sol. Y los eguzki lore. Por si acaso. He dibujado al Zanpantzar de Ituren y Zubieta. Y lauburus y más símbolos solares. Ahora ya firmo 'Joseba'. Hubo un tiempo en que lo perdí todo...

- ¿Qué es 'todo'?

- Tenía trabajo en un instituto. Era 'maisu'. Bueno, lo soy. Me gustaría volver a trabajar. Pero probablemente no pudiera. Tengo la invalidez. Soy pensionista. Me gustaría trabajar, sí. Tenía más cosas: una casa. Pareja. Un coche. Perdí todo eso.

- ¿Fueron las voces?

- No. La droga.

- ¿'Jaco'?

- No, coca. Y luego la bebida. Intentaron ayudarme en la Asociación Guipuzcoana de Familiares y Personas con Problemas de Salud Mental. Pero no pudo ser.

- ¿Por?

- Me espantaba ver a otros que estaban en mi misma situación. Los miraba a los ojos, a la cara, y veía en ellos mi reflejo. Sabía que yo era como ellos. Y no soportaba aquella imagen, aquella sensación. He vivido en la calle. Mucho tiempo. ¿Sabes qué es lo mejor de la calle?

- No puedo imaginármelo.

- Que estés malamente tirado en el suelo y se te acerque alguien. Se te acerque y te pregunte si estás relativamente bien, si necesitas algo. Esa pregunta, ese gesto, te borra de un golpe la borrachera, la tristura. ¿Sabes qué es lo peor de la calle?

- Eso acaso pueda sospecharlo...

- El frío. ¿Sabes lo que ahora, que ya no paso frío y ya tengo un techo y compañía, lo que no soporto de la calle? Que la gente que viene al supermercado frente a las escuelas Viteri toque tan malamente la fruta.

- Acabas de delimitar bastante tu territorio. Pasas muchas horas en El Cafe Tal. Y en el banco de enfrente. ¿Qué miras? ¿Qué ves?

- Suelo jugar a ver si alguien saca un billete de 200 euros del cajero automático. Hoy es el día que todavía no he visto a nadie que lo haga. Suelen sacar 20, 30, 50. Quizás hasta 90 pero 200, nadie. Y eso que tengo la impresión de que ya empezamos a recuperarnos del golpazo de la crisis.

- ¿Y tú cómo andas?

- Creo que ya te he dicho que depende bastante de con qué pie me levante pero digamos que cuando piso con el izquierdo me encuentro estable, optimista y dibujando. Hasta pensando que acaso algún día vuelva a publicar el libro que escribí hace un tiempo.

- ¿Escribiste un libro?

- Y lo edité. Se titulaba 'En clave de La (de mi Maite)'. Eran poemas, aunque también había algo de prosa. ¿Tema? La conquista de una mujer.

- Dices que casi todos tenemos nuestro distrito propio. ¿Cuál es el tuyo? ¿Colón-San Francisco?

- Un poco más también; el Urumea, la Zurriola, la calle Miracruz. Pero el otro día me fui mucho más lejos.

- ¿A dónde?

- A Arantzazu, al santuario. Me impresionó muchísimo su arquitectura. Y el abismo que se abre delante tuyo. Me acordé de los peregrinos.

- ¿De qué peregrinos?

- En este banco no solo veo a los aitonas que vienen a recoger a sus nietos al salir del cole. También bastantes caminantes que van a Santiago.

- ¿Te ha sentado bien lo que has dicho en esta página?

- Bastante. Es bueno decir lo que te pasa por la cabeza. No para molestar a los demás. Para sentirte bien.