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Dos paradas sin poder bajar del segundo piso del trolebús

Uno de los trolebuses, a su llegada a Pasajes./FONDO MARÍN
Uno de los trolebuses, a su llegada a Pasajes. / FONDO MARÍN

1963. «Resulta que algunas personas tienen alergia al segundo piso y se quedan en el pasillo obstruyendo la salida»

Mikel G. Gurpegui
MIKEL G. GURPEGUISan Sebastián

Una, dos, tres y cuatro estampas del San Sebastián de hace 55 años, gracias a lo publicado en la edición de EL DIARIO VASCO del 4 de julio de 1963.

Una. A los niños nos encantaba subir al segundo piso de los trolebuses donostiarras, pero a otros muchos viajeros no. Y si subían, a lo mejor luego no tenían sitio para bajar...

«Seguimos recibiendo protestas contra algunos usuarios de los trolebuses. Resulta que algunas personas tienen alergia al segundo piso y se quedan en el pasillo obstruyendo la salida. Nos llama un usuario para decirnos que ayer, en la línea de Amara, tuvo que recorrer dos paradas más porque le fue de todo punto imposible apearse en la suya. El público prefiere, por lo visto, la incomodidad a viajar sentado, y no basta con esto sino que como el pasillo es estrecho para dejar pasar al viajero cuando está lleno, lo cubren y no dejan salir a quienes tienen necesidad de apearse».

Dos. En las playas donostiarras muchos comían alegremente... mientras otros lo criticaban.

«La costumbre de almorzar en las playas está cobrando fuerte carácter. Respetamos los gustos de cada uno, pero seguimos sin comprender cómo se puede elegir un lugar semejante para tramitar este acto que reclama indudablemente cierta comodidad. Si esto nos sorprende en cierto aspecto, nos causa una mala impresión el advertir cómo se depositan los despojos de las comidas, las latas y hasta vidrios rotos sobre la arena (...). Creen algunos que con cubrir con una capa de arena los restos del yantar es suficiente y no reparan en que pueden causar lesiones a quienes pasan o corretean descalzos, al mismo tiempo que ofrecen una nota de mal gusto y contribuyen a afear un lugar por cuyo máximo cuidado venimos machacando continuamente y criticando a las autoridades municipales».

Tres. El túnel del Antiguo, por el que tantos vehículos y entonces también personas atravesaban, mostraba un aspecto penoso.

«Otro año más va a pasar, pero peor que el anterior, el túnel del Antiguo. Por lo visto, este llamativo lugar de entrada o salida de San Sebastián está condenado a continuar proclamando su fealdad, mal gusto y desatención (...). Es mucho mejor modernizar el túnel y hacer desaparecer ese carácter de bañera sucia que tiene en la actualidad».

Y cuatro. Se acercaban los sanfermines de Pamplona, una fiesta que aquí nunca ha pasado desapercibida.

«Las fiestas de San Fermín son famosas en San Sebastián. Son tan nuestras que parece que las tenemos en nuestras calles, con sus encierros, sus cuadrillas, su ambiente. Tal es el que aquí reina y tal es también el número de autobuses alquilados, billetes adquiridos para las líneas de coches y ferroviarias, y los vehículos particulares que se acercarán a Pamplona (...). Luego, cada día, veremos de regreso a mozos y mozas, a mayores y menores, con sus pañuelicos rojos al cuello y luciendo la banda de ajos para certificar su estancia en la capital de Navarra. Las fiestas de San Fermín nos son comunes y están relacionadas con San Sebastián de una forma concreta, porque las compartimos, en primer lugar, y porque es el clarín de entrada a la temporada estival».

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