Noria sí, noria no

(Columna para leer escuchando 'Quédate en Madrid', de Mecano)

Noria sí, noria no
Mikel G. Gurpegui
MIKEL G. GURPEGUI

Ser donostiarra es un estrés. Cada dos pasos te ves forzado a tomar postura, un sinvivir. Puedes agarrarte a ese rasgo que nos define a los capitalinos como pasivos y poco expresivos. Sin embargo, pronto descubrirás que resulta más fuerte otra característica típicamente donostiarra, la de sacar punta, poner pegas y polemizar sobre cualquier detalle de la vida ciudadana.

Puedes resistirte, intentar planear sobre la controversia del día, pero en algún momento acabarás explotando, bien porque te irriten los argumentos de una parte, bien porque alguien te pregunte directamente: ¿Y a ti qué te parece la noria, el proyecto de Cristina Iglesias en la isla, lo del Tambor de Oro...?

Si te pilla con la guardia baja, estás perdido y ya por siempre formarás parte de uno de los bandos dispuestos a cruzarse cartas hasta el infinito y más allá. A un servidor no le gusta polemizar pero, sin quererlo ni beberlo, ya se ve encuadrado entre los que creen una mala idea poner la condición de que sea mujer el próximo Tambor de Oro (por mis dudas ante toda discriminación por género y por el bochorno de no haberlo planteado antes del proceso popular; al menos ha tapado el disparate de descartar a grandes firmas y hasta festivales de la ciudad por no encontrar su personalidad jurídica), entre quienes creen sugerente esa intervención que prepara Cristina Iglesias en el faro de Santa Clara y entre los que consideran excesivo el despliegue navideño (para noria y casetas ya teníamos a Baiona; para pasar las Navidades en Disneylandia, mejor ir a Disneylandia). Ya está. ¿Siguiente polémica?

 

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