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Niños abandonados que viven en la calle como golfos

havales no descarriados en el Día del Árbol de 1919/Fotocar / Ricardo Martín
havales no descarriados en el Día del Árbol de 1919 / Fotocar / Ricardo Martín

1918. Pedían la creación de un reformatorio o que particulares pudieran ofrecer trabajo a «esos pobres niños del arroyo»

Mikel G. Gurpegui
MIKEL G. GURPEGUISan Sebastián

Va aumentando el número de golfos ladroncetes, futuros habitantes de las cárceles» ('La Voz de Guipúzcoa', 11 de julio de 1918).

Encoge un poco el alma leer el artículo sobre 'Los niños abandonados' publicado hace un siglo en una Donostia que también tenía una cara como de novela de Dickens. Los servicios sociales no funcionaban como ahora y por las calles se movían menores descarriados y desasistidos que se buscaban la vida, mientras los periódicos de la época pedían la creación de un reformatorio...

«Uno de los problemas que no se quieren resolver en San Sebastián es este de los niños abandonados, de los niños 'golfos', de esos niños que, instigados por padres desnaturalizados o siguiendo sus naturales impulsos, viven en los muelles de las estaciones, en los mercados, en las afueras de la ciudad, acechando la ocasión de robar unos sacos vacíos, unos kilos de carbón o unos trozos de zinc, para llevarlos a vender a una 'chatarrería', donde un comerciante, más digno de castigo que ellos, les compra por unas pocas monedas de cobre lo que a él le vale un quinientos por ciento».

«Viven en los muelles de las estaciones, en los mercados, en las afueras de la ciudad, acechando la ocasión de robar unos sacos vacíos, unos kilosde carbón o unos trozos de zinc para llevarlos a vendera una chatarrería»

«También es verdad que en pocos sitios se había escrito tanto acerca de un Reformatorio de menores como lo que se ha escrito en San Sebastián. La situación desahogada de nuestra Junta de Protección a la Infancia ha hecho que varias veces la Prensa haya acometido contra ella por la lenidad y el poco interés con que se miraba asunto tan importantísimo, excitándola a que crease un Reformatorio de menores -¡es absolutamente necesario!- (...). Pero no sabemos lo que ocurre en el seno de esa Junta. Dos o tres veces ha abordado el problema y otras tantas ha quedado estancado (...)».

«Así van pasando los años, así se va haciendo crónico el mal y así va aumentando el número de golfos ladroncetes, futuros habitantes de las cárceles primero y de los presidios después. Por lo visto, la Junta de Protección a la Infancia de San Sebastián ve ese problema de una manera irresoluble».

Obra social y cristiana

«Y con buena voluntad, no hay nada que no pueda ser resuelto más o menos bien. El gobernador de Zaragoza, cuya Junta tiene muchísimos menos recursos, (...) se ha dirigido a los agricultores de la provincia, invitándoles a que recojan y amparen, proporcionándoles trabajo, a los niños abandonados por orfandad o por negligencia de sus padres o encargados, a cambio de facilitarles lo necesario para su subsistencia».

«¿Es tan difícil hacer en Guipúzcoa lo que ha hecho el gobernador de Zaragoza en nombre de la Junta de Protección a la Infancia, que preside? Si en nuestra mano estuviese, nosotros no limitaríamos nuestro ruego a los agricultores, sino que lo haríamos extensivo a los pequeños industriales, a aquellos en cuyas casas es factible la existencia del 'aprendiz', para que, sin perjuicio ninguno por su parte, contribuyeran a esta obra muy social, pero más que social, cristiana, de redimir a esos pobres niños del arroyo. ¡Señor gobernador! ¡Señores de la Junta de Protección a la Infancia!».

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