Diversión en Donostia a las puertas de la Navidad

La jornada festiva, marcada por cálidas temperaturas, animó el mercado de Navidad donde la noria, el tiovivo y, sobre todo, los niños, fueron los protagonistas

Diversión en Donostia a las puertas de la Navidad
Dani Soriazu
DANI SORIAZUSan Sebastián

«No sabemos por dónde empezar», confesaba ayer una madre, recién llegada a la plaza Okendo con sus hijos, nada más bajarse del autobús. Y, en general, aquellos que se acercaban por primera vez a disfrutar del mercado de Navidad de San Sebastián se veían en la misma tesitura: decidir si anteponían la gran noria de Alderdi Eder al tiovivo de la plaza Santa Catalina, o arrancar con un paseo por los puestos instalados en el paseo de Francia. Aunque, en el fondo, la jornada festiva, acompañada como estuvo de cálidas temperaturas y nada de lluvia, invitaba a disfrutar de toda la oferta disponible independientemente del orden elegido.

Además, fue un día en el que los auténticos protagonistas fueron los niños que, acompañados de padres y abuelos, aprovecharon para disfrutar de todas las atracciones instaladas en la ciudad. Sin duda alguna, la gran noria de 50 metros fue, otra vez, el gran reclamo. La cola de gente esperando su turno para montar no desapareció prácticamente en todo el día. Ahí estaban Pilar y sus nietos Iria y Kaiet. «Hemos salido aprovechando que es festivo y creo que merece la pena esperar», apuntaba esta abuela. Los pequeños se mostraban valientes a pesar de la altura. La única pega, el precio: «cinco euros me resulta un poco caro», se lamentaba.

«Bueno, el cine también cuesta... El coste es relativo, esto es un plan que haces solo en Navidad», destacaban Jon y Rita, en el paseo de Francia. Ambos fotografiaban a su hijo Eiden, que se había metido dentro de la bola de Navidad instalada en este punto. Posó juntó a Papa Noel y, ante la mirada de decenas de viandantes, no dudó en palpar el saco de regalos que había a sus pies. «Me ha parecido que había un regalo», aseguraba el chaval. «Igual era el tuyo», le indicaron sus padres, que además sentían que este año el mercado había mejorado y que se notaba.

El tiovivo con forma de abeto, instalado en la plaza Santa Catalina, también hizo las delicias de los más pequeños. A diferencia de la noria, es una instalación más tranquila que con su particular diseño de árbol de Navidad genera un gran atractivo. Y la prueba de ello es que a lo largo del día en pocos momentos quedaban plazas vacías. Enrique y Milagros habían venido con sus hijos y nietos desde Cintruénigo y no dudaban en afirmar que estaba todo «precioso». Se atrevieron a decir que incluso «más que en Pamplona». Aunque eso sí, aseguraron que en la capital navarra las atracciones son gratis. «Parece que tienen más dinero allí», indicaba Enrique entre risas.

Por su parte, venidos desde Cataluña, Joan y Carme y sus hijos Mireia y Arnau, disfrutaban de su primer día de visita en la capital guipuzcoana. «Teníamos ganas de visitar esta ciudad y la verdad es que está ambientada con gusto», destacaban, además de mostrarse sorprendidos del agradable clima con el que se habían encontrado. «Veníamos preparados para la lluvia», reconocían.

De todo un poco

El mercado del paseo de Francia volvió a repetir, como lo hizo también el año pasado, como gran foco de atracción de visitantes. Las 38 casetas atraían las miradas de los viandantes que llenaban por momentos todo el paseo. Productos típicos de estas fechas festivas, artículos decorativos, de alimentación... «No venía con intención de comprar nada, pero he visto estas figuras navideñas tan bonitas y no he podido resistirme», reconocía Dori, después de comprar unas 'matrioshkas' en el puesto del convento de Santa Elisabeta de Bielorrusia. Sin duda es una caseta que llamaba mucho la atención, seguramente por aportar un toque exótico al mercado. «Las traemos de Minsk, allí nos dedicamos a la atención y cuidado de niños huérfanos con discapacidad, así como de personas con problemas de alcoholismo y otras drogadicciones», explicaba la hermana Ylena, que aseguraba que cada compra es un donativo para la labor que desarrollan ella y su comunidad religiosa.

Muy cerca, Ilazki atendía a aquellos clientes interesados en los artículos que ofrece en el puesto Dinagu. «Nos hemos juntado cuatro diseñadores para vender nuestros productos. El esfuerzo merece la pena porque, además de vender, nos damos a conocer», aseguraba.

En la misma línea se pronunciaba Juan, gerente de los viveros de Usurbil Urtinea, que aseguraba que «hay que aprovechar este lugar tan concurrido para vender más y hacer marca». Para él éste es su segundo año en el mercado de Navidad de San Sebastián, donde vende árboles, plantas y otros artículos de decoración típicos de estas fechas. «Aunque llevamos poco tiempo, se nota más gente, creo que ha influido que hayan ampliado la oferta de actividades del mercado», reconocía. «Aunque el tiempo también ayuda», concluía.

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