«El microteatro es una gimnasia magnífica para el actor. Y te agudiza el oído»

En Donostia. Amaia actuará mañana, el viernes y el sábado en La Farándula con Dorleta Urretabizkaia y obra de María Casal. / LUIS MICHELENA
En Donostia. Amaia actuará mañana, el viernes y el sábado en La Farándula con Dorleta Urretabizkaia y obra de María Casal. / LUIS MICHELENA

Amaia Lizarralde, estudiando de noche en San Francisco

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Mañana, el viernes, el sábado y el domingo estará en La Farándula (Egia 10) con una obra que en realidad es un trozo de otra y un regalo de una amiga del alma: 'La beauté de Marilé', de María Casal. Ella, que es de la generación de las primeras promociones de Antzerti, de la quinta de Olatz Beobide, Belén Cruz y otras insignes damas de la escena vasca, comparte escenario estos días con Dorleta Urretabizkaia que es pura cantera de 'Goenkale', es escribidora de novelas y guiones y pilla las cosas al vuelo. Amaia, por cierto, fue la encargada de montar de la nada La Farándula. Desde las mismas salas al logo y los telones.

- ¿En serio que interpretas a la esposa de Melitón Manzanas en 'La línea invisible' de Mariano Barroso?

- En eso estamos, sí. Representa mi reencuentro con Mariano, que fue vicepresidente de la Academia de Cine y dirigió 'Los lobos de Washington'. Le conocí hace más de 20 años, en el laboratorio de actores de William Layton al que acudí porque Javier Sabadie, hombre de puro teatro, me habló aquí, en Donostia, de cosas que me parecieron asombrosas y quise probar. Por ejemplo, Stanilavski y su famoso 'método', aquella forma de aprender a actuar que embrujó a Brando y Marilyn. Sí, soy Ana, la esposa de Melitón Manzanas, jefe y torturador de la Brigada de la Policía Social de Gipuzkoa. A él lo interpreta Antonio de la Torre. ¿Tú sabes lo que significa estar en el mismo plano que alguien que tiene 2 Goyas y 13 nominaciones?

- Eso puedo imaginármelo. Menos, cómo prepara una actriz el papel de la mujer de un torturador al que matará ETA y por el que pocos llorarán.

- No desde la empatía. Ni intentando crear un personaje empático. En aquellos años 60 las mujeres éramos 'señoras de alguien', nada más. He buscado en libros de la Sección Femenina, en consultorios sentimentales. En la publicidad, en sermones de la iglesia. He encontrado hasta las 'Diez reglas para hacer feliz a tu esposo'. Fuera de casa, Ana, que sería franquista y estaría orgullosa de su marido, no tenía ninguna relevancia. En casa, sin embargo, era ella la que ejercía la jefatura.

- Mucho avanzamos desde entonces, creo. Pero, dime, ¿es cierto que cuando te quedaste embarazada de Iune y Anne, tus hijas (tuyas y de Koldo García), te despidieron de las series que estabas rodando?

- Afirmativo. Al octavo mes de embarazo. Y no creas que fue el siglo pasado. No, que cuando nos fuimos a San Francisco ellas tenían tres y ocho años. Y volvimos en 2016. No, no te quieren. Y cuando regresas tras el parto y la baja maternal, ya no encuentran dónde insertarte.

- Tocaba no rendirse, claro.

- Nunca. Recuerdo que me puse por primera vez delante de una cámara a las órdenes de Juanmi Gutiérrez. Grabábamos videos para HABE, el organismo que se encargaba de la euskaldunización de los adultos de este país. Recuerdo el fragor de 'Hospital Central'. O de 'El comisario'. De 'Física y Química. Me encanta rodar series, ¿puedes entenderlo?

- Creo que sí. Debe de ser un chute de estrés magnífico, adrenalina en vena, corriente de alto voltaje.

- Justo. Lo que me apasiona es ese fogonazo de estrés. Ese tener que jugar con tu personaje continuamente a lo largo de una interminable jornada de trabajo. Un personaje que a través de ti puede que viva en un día seis, siete, diez situaciones completamente diferentes.

- Un buen día bajaste a Madrid. Estudiaste, te situaste, volviste a subirte aquí. Bajaste de nuevo. Pero para acompañar a una hermana a un examen...

- Mientras la esperaba, por hacer algo, me metí en un casting de la Escuela de Arte Dramático Nacional. ¡Me cogieron! De pronto me vi actuando en Mérida en 'Los 7 contra Tebas', de Esquilo.

- Y de ahí al Teatro de La Abadía con José Luis Gómez.

- Ahí aprendí todo lo que nunca pensé que aprendería pero siempre soñé con hacerlo. Chejov, mucho Chejov, Darío Fo. Pero también fui inmensamente feliz cuando como 'Sarean Kateatuak' ganamos en Donostia el I Premio de Teatro de Bolsillo.

- Olatz, Belén y tú os hartasteis de hacer bolos por todo el país. Estrenasteis en el Scanner de Sagüés...

- ...Fuimos al Sidi Kauki de Intxaurrondo, a la Jolas Etxea de Añorga y la actuación en Le Bukowski fue brutal. ¡Qué lugar más maravilloso!

- No sé por qué tengo apuntados por aquí los nombres de Joie Landeaux, Andrew Hurteau y Lynn Soffer...

- Fueron mis profesores de arte dramático en San Francisco, adonde nos fuimos todos, Koldo, Iune, Anne y yo. Cursos nocturnos porque por el día había que trabajar. En lo que fuera. Poniendo voces para videojuegos. ¿Sabes que durante tres años fui la voz en español de Pokemon? En SF me di cuenta de que aquí los actores vivimos como reyes. Allí es durísimo. Descubrí que me equivocaba cuando decía que solo quería ser actriz. Tienes que ser eso y mil cosas más: dobladora, productora, directora, distribuidora, persona...

- Y hacer gimnasia.

- El microteatro, el tú a tú con el público, mantiene tu elasticidad artística. Y sí, te agudiza el oído. Porque 'oyes' enseguida si al público le llega o no eso que estás haciendo.