«Las letras no cuelgan de los árboles ni surgen en el disco duro de un ordenador»

Rodeado de letras. Allan, cargado de y con las herramientas de su oficio de tipógrafo, papeles, plumillas, pinceles./SARA SANTOS
Rodeado de letras. Allan, cargado de y con las herramientas de su oficio de tipógrafo, papeles, plumillas, pinceles. / SARA SANTOS

Allan Daastrup | El relato del alfabeto: Roma-Grinsted-Loiola

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

De qué se puede hablar en Sierra de Aralar 35 antes de tomarse un vino en el cercano Etxarri con un descendiente de vikingos nacido en la península de Jutlandia, amante del heavy rock a los 17, enamorado de las letras, el alfabeto y la cerveza Anchor Porter de San Francisco; pareja de la gran Elena Setién, 'lettering artist', artesano tipógrafo, admirador de Rossetti, William Morris y los grabadores de letras en mármol de la Roma Imperial? De todo. Se puede hablar de la Expedición Real Danesa a la Arabia. De que la 'R' es un hombre grande marchando y la ''B' una mujer embarazada. Se puede...

- Y si no cuelgan de los árboles ni están encerradas en los programas de 'lettering' de los ordenadores, ¿dónde encontramos las letras?

- Por todas partes, ¿no? Pero lo que yo quería decir con esa frase es que muchos piensan que los distintos tipos de letras surgen de la nada. O de las herramientas digitales. Las computadoras, cierto, están llenas de letras pero en cada nueva manera de dibujar y representar una hay una mano detrás. Una mano humana. Armada con un pincel. Por eso yo cada vez que creo un nuevo estilo de letra me acuerdo de aquel artesano romano...

COLUMNA TRAJANA

30 metros, 18 bloques de mármol
Pero a Allan lo que le emociona del obelisco que conmemora en Roma las victorias del emperador son las letras que cuentan toda esa gloria. En mayúsculas cuadradas romanas.

- ¿Quién era?

- No lo sé pero me lo imagino una tarde en su taller. Hace 2.000 años. Bajo el mismo sol que hoy entra por los ventanales de este estudio de Loiola. Con un pincel muy parecido al que yo tengo en la mano. Con pigmentos naturales, con terracota y ocre, escribía lo que todos conocemos como la letra Imperial Romana. Estaba preparando las inscripciones de la Columna Trajana. Luego pasaría esas letras al mármol de Carrara de templos y frontispicios.

- Has dicho 'pigmentos'. Has dicho 'terracota' y 'ocres' pero las inscripciones en la piedra romana siempre lucen en grises y blancos. Casi fantasmagóricos.

- El tiempo. El tiempo borró los colores. Pero columnas, obeliscos, inscripciones eran policromados.

- No fue sin embargo la Imperial Romana la que desató tu pasión por las letras, los conceptos que esconden o las formas que toman...

- A los 17 años yo llevaba el pelo muy largo y me gustaba el heavy rock.

- ¿Y eso qué tiene que ver?

- Que casi todos los grupos de metal que me fascinaban, Metallica, Iron Maiden... usaban la letra gótica en sus nombres y en su grafismo. Recuerdo especialmente alguna canción de Ozzy Osbourne. El título estaba escrito con los caracteres creados por el obispo Ulfilas en el siglo IV para traducir la Biblia. No olvidaré que un día pasé por una librería de mi ciudad, Grinsted, y vi una plumilla con letras góticas doradas. Hasta entonces no se me había ocurrido que esos signos magníficos pudieran escribirse con ese utensilio...

- La comprarías, supongo.

- Claro. Y me puse a practicar. También fue cuando decidí que quería enfocar mis estudios hacia ese oficio. Quería hacer letras. Dibujarlas. Crearlas. Estudiarlas. Acabé yéndome a Londres. A un lugar donde, además de en encuadernación de libros, te preparabas y licenciabas en un grado superior de caligrafía.

- Serían los años 90, imagino. Viviste en Londres el auge absoluto del postmodernismo.

- Jugaban a reconstruir el lenguaje pero querían romper con todo lo anterior. Había diseñadores gráficos por todas partes y a todos les habían convencido de que iban a a ser genios.

- No parece apasionarte la época.

- Algunos hicieron mucho daño al oficio. A otros les admiro profundamente. Por ejemplo a Neville Brody.

- Fue director de una revista que hoy es leyenda, 'The Face'.

- Para la que diseñó la tipografía Typeface Six, que recogía las influencias del punk y la new wave. Yo sé que hay que romper con muchas cosas pasadas pero sin perder referencias. Siento que para rebelarse contra algo o alguien has de conocer perfectamente aquello a aquellos contra quienes te revuelves. Hay muchas historias pasadas que me seducen. Por ejemplo, el enfrentamiento entre la Bauhaus y el racionalismo.

- A uno de los tipos de letra que creaste, después de pasar en Barcelona tres años y de impartir cursos de máster en Eina, Centre Universitari de Disseny i Art, le pusiste el nombre de un compatriota tuyo del siglo XVIII. ¿Quién?

- Carsten Niebuhr. También he diseñado un par de libros sobre él. Uno de ellos, que fue regalado a la Reina Margarita de Dinamarca, cuenta la apasionante aventura de la Expedición Real Danesa de Arabia, un viaje de exploración, ciencia y teología espléndido pero terrible. Quise rendirle homenaje cuando decidí volver a las letras clásicas tras haber pasado un periodo preocupándome por el concepto que esconden las letras. Volví a las fuentes cuando me acerqué al Movimiento de Arte y Artesanía.

- ¿Los prerrafaelitas ingleses? ¿morris, aquel gran maestro textil?

- Sí. Se rebelaron contra la Revolución Industrial. Lucharon por devolver al trabajador el orgullo de su trabajo. Me gusta. Para mí la tipografía es un oficio. Un oficio artesano.

- Con un relato maravilloso.

- Exacto. Siempre me he preguntado por qué estando como estamos completamente rodeados de letras sabemos tan poco de sus orígenes, de sus formas, de su significado. Como dices, el relato del alfabeto podría ser un cuento fantástico en el que las letras cobrasen vida y tuviesen, como en realidad tienen, su personalidad.

- Me apetece una cerveza, ¿tienes alguna? ¿Alguna danesa?

- Me gustaría pero la Jacobsen, elaborada por Carlsberg en su vieja fábrica cuyo diseño visual creamos Marcos Navarro y yo, es tan artesanal que no aguanta el viaje desde el puerto de Copenhague al Muelle donostiarra. Y esas botellas de Basqueland cuya grafía he renovado... están vacías.