KILÓMETRO CERO

AINGERU MUNGUÍADESDE EL BULE

Conté la semana pasada que la Parte Vieja va a estrenar un sistema de reparto de mercancías de último kilómetro, que consiste en que las furgonetas renuncian a llevar las cajas hasta el bar, las dejan antes en un depósito central para desde allí ser trasladadas, con menos vehículos y más ecológicos, hasta su destino. Es un sistema más eficiente y más limpio. Necesita, eso sí, una buena organización. Lo que se llama logística. Frente a lo que nos empuja la globalización, el movimiento gastronómico 'slow food' tiene también su apuesta por el último kilómetro. En este caso se llama 'kilómetro cero'. Se trata de consumir lo producido cerca de donde se va a cocinar. Tan cerca como un kilómetro. Es un movimiento que aboga porque aquí comas tomate de Igeldo, Getaria o Martutene, no de Mutxamel o de Marruecos. Y si no hay en enero, optes por otra cosa que cosechen los productores locales en ese momento. Es la filosofía de reducir la huella ecológica, el transporte y las emisiones de gases de efecto invernadero, pero también la de consumir respetando los ciclos de la naturaleza, ese arcaísmo para la cultura de supermercado. En el turismo también hay quien trata de remar en otra dirección para recuperar las esencias, huir de lo prestablecido y ofrecer experiencias diferentes. Como hospedarse en un caserío de hace seis siglos en el que te alimentes de lo que dan las huertas de alrededor. Allí estarás un poco más lejos de La Concha, pero la mermelada no tendrá nombre inglés y el ruido más ensordecedor que escucharás será el de los gorriones al amanecer.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos