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«Imagina lo que puede ser que en una boda haya un espejo mágico»

Fotomatonia. Jon Mikel le pregunta mil cosas al espejo mágico de una fiesta, de una noche. /Eneko Sánchez
Fotomatonia. Jon Mikel le pregunta mil cosas al espejo mágico de una fiesta, de una noche. / Eneko Sánchez

Jon Mikel Morales Álvarez. Cuando el fotomatón usa técnicas sublimadas y festeras

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Se diría que la vida del portugalujo Jon Mikel transcurriese entre palacios, casas fuertes y solariegas del siglo XVII. Si fue en el de Urgoiti, Mungia, donde empezó la historia de su empresa Fotomatonia, el domingo le localizamos con las máquinas de fotomatón cargadas en la furgoneta de vuelta de una celebración en el de Elorriaga, Vitoria. Allí, entre espejos mágicos, había sucedido una señorial celebración. Jon Mikel ha instalado sus máquinas de la risa y la felicidad en el Tenis, Bataplán, La Madame o el hotel María Cristina.

- ¡Un espejo mágico en un banquete nupcial! ¿Y puedes preguntarle lo de quién es la más guapa o el más guapo de la fiesta?

- Si quieres... Es el último grito en esta locura de las máquinas que se instalan en fiestas, galas, presentaciones, clausuras y hasta en noches de alfombras rojas. No deja de ser un fotomatón, sí, pero mucho más estiloso, súper elegante, mega táctil y con una pantalla de 65 pulgadas. Además resulta que las dedicatorias, las frases, la firma puedes hacerlas sobre la misma superficie del espejo y luego ¡salen impresas sobre las fotos para que el recuerdo sea todavía más eso... un recuerdo!

- Y te las guardas impresas con la técnica de sublimación térmica. La expresión suena muy de alta tecnología y resolución.

- Afirmativo, El mundo de estás máquinas donde los invitados a una boda, una cena de empresa, un acontecimiento social o una fiesta privada se fotografía para que quede constancia de que estuvieron allí y fueron felices está altamente tecnologizado. Las cámaras son Canon Pro y la impresora usa calor para transferir la tinta al papel a partir de una cinta con cuatro colores: azul, amarillo, magenta y negro.

- Pero claro, habrá que insuflar un poco de encanto y romanticismo a todo esta maquinaria 'high tech'.

- Faltaría más. Encanto, romanticismo y risas. Unos colegas de la competencia (sana, necesaria), los de Donosti Fotomatón, han incorporado una combi Volkswagen de los 70 y se han montado el Photobus. Hay cabinas argentinas que recuerdan las que aparecen en el cine de Hollywood y otras son hinchables. Nosotros acudimos a las fiestas con cantidad de atrezzo. Desde sombreros a pajaritas; de marabús a matasuegras. Así, en las cabinas puede pasar de todo. Así, las fotos son de esas que todos quieren guardar. Hasta los novios. Porque reciben una copia impresa de todas las que sus invitados se sacaron. Mientras hablamos, yo estoy mirando las que hicimos en el Tenis la Nochevieja pasada.

- Mientras las repasas, cuenta cómo empezó todo. Creo que fue en un palacio de Mungia. Lejos de tu penúltima instalación en la plaza Sagastieder de Intxaurrondo.

- Yo trabajaba de camarero. Y pasó lo que ya ponemos por ahí. Un chico vino a pedirme un refresco y me dijo que era quien traía la máquina de fotomatón desde Cataluña. Pensé que si contrataban a alguien de tan lejos para que instalase una en una boda, ahí había negocio. Y me lancé a la aventura. Con la ayuda y la amistad de aquel chico, Serafín.

- Y muy antes de venirte a este lado de la autopista AP-8. Con el apoyo de media margen izquierda.

- Hice muchos cursos, me ayudó Behargintza, servicio de apoyo al empleo de la zona de Sestao. Me ayudó Rafael Balparda, coordinador en centros de formación, emprendizaje y orientación profesional. DEMA, agencia foral de emprendedores. Hasta los alumnos del instituto de FP San José de Calasanz de Santur-tzi. Al tiempo ya estaba colocando mis máquinas Fotomatonia en los tres territorios vascos.

- Antes has citado la competencia. No ha de ser poca teniendo en cuenta que nos encanta sacarnos fotos con cualquier aparato capaz de hacerlas. Teniendo en cuenta que nos volvemos locos por subirlas y colgarlas en cualquier red.

- Al principio, como a todos, ver que aparecían más y más empresas que instalaban estas máquinas, me asustó. Luego, como muchos, me di cuenta de que la competencia, competencia como la de la donostiarra Photo Txelfie, era buena porque me obligaba a ser mejor. A estar renovándome continuamente, investigando cualquier novedad sin bajar la guardia. De ahí la historia de los espejos mágicos. La competencia te espabila. Y yo cuando me encontré con Serafín en el palacio Urgoiti ya llevaba unos cuantos años espabilando.

- ¿Por qué lo dices?

- A los 17 no quise estudiar más así que me tuve que buscar la vida. He puesto copas y he trabajado en empresas de montajes, de limpieza; en fábricas y plantas de reciclaje. Siempre pensé que si esto no funcionaba volvería de camarero. Y punto.

- Pero no has vuelto.

- No. El espejo mágico me responde una y otra vez que todo va bien.

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