Fiestas da marcha atrás y no prolonga la estancia de la noria en Alderdi Eder

Las cabinas de la noria ya estaban desmontadas ayer. / LUSA
Las cabinas de la noria ya estaban desmontadas ayer. / LUSA

Pese a anunciar que la atracción se quedaría hasta final de mes se ha optado por terminar el contrato y proceder a su desmontaje

Dani Soriazu
DANI SORIAZU

La noria que durante algo más de un mes ha formado parte del paisaje de La Concha dio este pasado domingo sus últimas vueltas. Pese a que desde el departamento de Fiestas se anunció una prolongación de la estancia de la atracción hasta final de este mes para aprovechar toda la temporada veraniega, finalmente se ha decidido terminar con el contrato el 8 de septiembre, la fecha inicialmente prevista.

Desde Festak se informó de que la noria se quedaría en este emplazamiento hasta el día 30, tras recibir una petición del propietario de la atracción, Miguel Ángel Bañuls. Una opción que se vio con buenos ojos para poder enlazar el resto de temporada estival con la celebración del Festival de Cine, que tendrá lugar del 20 al 28 de este mes. El concejal del ramo, Jon Insausti, explica que se ha optado por «ser fieles a lo que se suscribió desde un principio, que era llegar hasta la celebración de la final de las regatas de la Bandera de La Concha y terminar con el contrato».

El lunes, los operarios de la empresa Mederyt, propietaria de la atracción, comenzaron a desmontar las piezas de la misma y de liberar el espacio ocupado. Las vistas de los atardeceres, de los tejados del centro de la ciudad o de la bahía desde las alturas se despiden por el momento, a la espera de saber si vuelven en fechas navideñas. Una decisión que todavía no se ha tomado, así como tampoco la empresa que se encargaría de explotarla. Bañuls ya ha mostrado su interés de volver en próximas fechas e incluso planteó la posibilidad de quedarse en Alderdi Eder hasta Navidad, opción que no se llegó si quiera a considerar desde instancias municipales.

Durante el tiempo que ha estado instalada, la noria ha hecho las delicias de donostiarras y visitantes, ofreciendo vistas de la ciudad a 40 metros de altura, en cabinas totalmente cerradas, con climatización y visión panorámica. La atracción ha registrado usuarios de todo tipo, con un alto número de familias con niños, turistas, jóvenes e incluso personas mayores. Sus responsables explicaban que este concepto de noria-mirador le concedía «un plus sobre las habituales atracciones de feria que suelen instalarse durante las fiestas en casi todos los pueblos y ciudades del país».