Estadísticas de la San Sebastián de hace 100 años

Los ómnibus comunicaban San Sebastián con varios municipios./KUTXATEKA
Los ómnibus comunicaban San Sebastián con varios municipios. / KUTXATEKA

1925: La natalidad superaba en un 8% a la mortandad, colaborando al rejuvenecimiento de la población

JAVIER SADA

Parece que las 'rarezas' de los seres humanos no dejan de sorprender, siendo una de ellas, desde el comienzo de los tiempos, el pretender vivir cada vez más años. Cumpliendo los pronósticos de quienes entienden del asunto, aunque otros los hayan preferido ignorar, se va consiguiendo el objetivo y, estropeando presupuestos de muchos, se echa por tierra distintas planificaciones económicas. Paralelamente, esta 'rareza' viene unida a la de quienes -que se sepa sin que nadie les pregunte- dejan de ser llamados a este mundo, motivando el que la demografía quede descompensada.

Acudimos a los archivos municipales y examinamos distintas estadísticas sobre la situación de San Sebastián hace cien años. Allá por 1925 tenía 'la manía' de morirse anualmente 17,38 de cada 1.000 habitantes, mientras que la tasa natalidad alcanzaba el 25,02, motivo por el que además de aumentar el número de habitantes (aproximadamente 2.300 al año), también crecía el número de personas jóvenes con relación a las más mayores.

En el Sur de España el promedio de la mortalidad rondaba el 35&permil y el 20&permil en el Norte. El año 1925, por ejemplo, en el cementerio de Polloe fueron inhumadas 901 personas adultas, de las que 438 eran hombres y 463 mujeres. Los párvulos alcanzaron el número de 254: 139 niños y 115 niñas. Las mujeres que vivían en San Sebastián superaban a los hombres en aproximadamente un 15%: de hecho había 38.919 frente a los 32.443 hombres, y de derecho 35.046 mujeres y 30.884 varones.

En aquellos lejanos tiempos de 1925, anualmente contraían matrimonio el 7,5% de las personas empadronadas en la ciudad. Entre los algo más de 71.000 habitantes de hecho, según documentación facilitada por los distintos servicios médicos, figuraban 826 familias registradas como «pobres».

Los diversos servicios se mantenían estables durante el año, aunque se apreciaba un notable aumento los meses de verano debido a la población flotante que entre junio y octubre alcanzaba cifras que los desbordaban con gran perjuicio para «los vecinos de siempre».

A pesar de ser 1925 un año verdaderamente malo para la llegada de forasteros, no en vano acababa de prohibirse el juego, cerrar los casinos y correrse el rumor de que «San Sebastián está vacío», el mes de julio -según estadística municipal que se autoseñalaba como «no válida para estudios científicos»- llegaron 5.448 «touristas», 23.745 en agosto y 33.522 en septiembre... suponiendo, prácticamente, incrementar su población en un 50%.

Este crecimiento estival podía observarse, también, en el número de vehículos matriculados. Durante todo el año casi no se alteraban los ómnibus, carros de eje fijo o industriales, que eran 9, 6 y 10, respectivamente, pero sí las bicicletas que las 479 de enero pasaban a ser cincuenta más en verano, y las 10 motocicletas de comienzos de año durante el estío llegaban a 23.

Los 591 automóviles particulares matriculados en enero, que en diciembre eran 679, en agosto llegaban a ser 1.389, mientras que los de alquiler pasaban de 100 a 150.

Leyendo los resúmenes de su asistencia a las bibliotecas, que en verano descendía de forma notable: los dos mil lectores de media mensual, entre junio y agosto apenas llegaban a 700, las estadísticas contemplan los temas que interesaban a los donostiarras de hace cien años y sus preferencias eran: primero, leer los periódicos del día y, después, la teología, bellas artes, ciencia e historia.

 

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