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Entra por la ventanilla del autobús un zapato viejo

Estos camiones no eran de basura sino para distribución de 'La Voz de España'./Paco Marí
Estos camiones no eran de basura sino para distribución de 'La Voz de España'. / Paco Marí

1958. Fue al cruzarse con un camión de la basura. Se quejaban del «descuido en la recogida y transporte de las basuras»

Mikel G. Gurpegui
MIKEL G. GURPEGUISan Sebastián

Ustedes imagínense la situación, relajada y hermosa. Estamos hace sesenta años y pasamos en autobús junto a la bahía de la Concha, respirando su aire, deleitando la vista con el marco incomparable... Hasta que, de pronto, ¡entra por la ventanilla del autobús un trozo de zapato sucio y viejo!

No es una pesadilla que hayamos tenido durante la siesta. Ocurrió y lo contó Txibirisko en la sección 'Saski-naski' (DV, 3-VII-1958) al referirse al muy descuidado servicio de recogida de basuras. Leamos.

«El servicio de basuras se hace con poco cuidado, derramando el contenido de los recipientes, destrozando los calderos, y cuando los camiones van hacia los basureros llevan los cierres sin correr, a toda velocidad, esparciendo por el camino papeles sucios, verduras, trapos viejos y polvo compuesto de todos los detritus de la recogida».

«Cuando se cruzan en la carretera con turismos abiertos o autobuses de viajeros que llevan las ventanillas sin cerrar, toda esta porquería, nada agradable ni higiénica, la reciben sobre sí los ocupantes de los vehículos, a quienes, como es natural, no les hace mucha gracia. Este descuido en la recogida y transporte de las basuras dice muy poco en favor de nuestra ciudad y conviene que se vigile y evite definitivamente».

«De todo esto se nos quejaba un asiduo viajero de 'La Roncalesa' que en reciente ocasión se encontró con que le cayó encima un trozo de zapato viejo a través de la ventanilla abierta del autobús al cruzar en la Concha con el camión de la basura, desde cuya caja salió despedido el inesperado obsequio».

Y tan inesperado. ¡Vaya sorpresa más poco agradable!

'La batalla de los tiragomas'

Nos quedamos remoloneando por el San Sebastián de junio de 1958, que el mismo Txibirisko nos informaba hace sesenta años que había vuelto una de esas modas recurrentes.

«Andan otra vez los tiragomas en manos de los chiquillos, constituyendo un evidente peligro. Son los padres, en primer lugar, quienes debían impedir el uso de esos tiragomas. Después, lo de mejor resultado sería que los guardias denunciaran a los que utilizan esos artefactos para que se cumpliera aquello de que el loco por la pena es cuerdo».

«No es que tiren a las palomas y a los pocos pajaritos que van quedando –aunque ya sería bastante para una rigurosa prohibición– lo que más debe influir en prohibir los tiragomas. Es que uno de los proyectiles que emplean pueden dar a una persona en un ojo y ocasionarle un daño de mucha importancia. Confiamos en que se dé la batalla a los tiragomas».

En fin, nos vamos con otro comentario publicado en 'Saski-naski' unos días antes.

«Otro lector nos habla del estado de suciedad en que se hallan los portales de buen número de casas de San Sebastián. En otros hay una falta de alumbrado que viola todas las órdenes en vigor.Y pregunta si no podría ser designado un guardia, o dos, para que recorran los portales y hagan denuncia de los que están cochambrosos (...)».

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