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Empezaba el veraneo y los comercios abrían en domingo

El Boulevard, en la primera década del siglo XX./FONDO MARÍN
El Boulevard, en la primera década del siglo XX. / FONDO MARÍN

1908. Como ciudad veraniega, San Sebastián estaba exenta durante tres meses de aplicar la ley del descanso dominical

Mikel G. Gurpegui
MIKEL G. GURPEGUISan Sebastián

La ley del descanso dominical no rezó ayer con los donostiarras, pues gracias a la influencia que San Sebastián tiene como población veraniega, se le concede una exclusión de tres meses. Así es que por la mañana no parecía que nos encontrábamos en un domingo como los que han pasado, sino en un día de hacienda muy lleno de animación. Los comercios permanecieron abiertos hasta el mediodía y las tabernas pudieron recibir con toda libertad a sus clientes, haciéndose un consumo franco y abundoso de toda clase de bebidas».

La calle de la Memoria de hoy nos ha llevado 110 años atrás. Leemos el número de 'La Voz de Guipúzcoa' del 6-VII-1908 y descubrimos que, aunque todavía no había llegado al palacio de Miramar la familia real, San Sebastián ya estaba en ebullición. El veraneo empezaba, cada vez con más visitantes y con los comercios dispuestos a servirles incluso los domingos por la mañana.

«El primer domingo de Julio ha acreditado con buenos títulos que nos encontramos ya en la temporada oficial del veraneo. Fue un día animado, de general bullicio, al que sólo faltó para ser hermoso de veras la esplendidez del cielo, que no la vimos por ninguna parte», se quejaban también en 1908.

La animación, en el primer domingo de julio de hace 110 años, se extendió a la bahía y al Boulevard. «Al medio día, en el Bulevar, se celebró el concierto de rigor, con una concurrencia descuajaringante», afirmaban, no sabemos si con la palabra exacta, en 'La Voz de Guipúzcoa'. Y seguían... «Cada día que pasa se ven caras nuevas, no faltando alguna vieja que otra. Pero todas corresponden a cuerpos lujosamente ataviados, dándonos la impresión de que todas son jóvenes. ¡Vaya si había ayer abundancia de ricos trajes y de primorosos tocados!».

Así era el ambiente en aquel primer domingo de julio en el que también hubo carreras de bicicletas, capea en la plaza de toros de Martutene y, según apuntaban, tranquilidad en los tranvías. «No hubo escándalos en los tranvías, lo cual merece rezarle un credo a San Pacífico. Porque de tal modo estamos acostumbrados a esos alborotos, que, si no se registran, parece que no ha sido día de fiesta».

Tampoco podemos asegurar que la concepción de alboroto fuese la misma en 1908 que en 2018. Como contraste al alegre veraneo donostiarra, recogemos un suceso del que informaban el mismo día. Estaba construyéndose la nueva sede de la Escuela de Artes y Oficios, actual edificio de Correos. Unos niños fueron a jugar a las obras. «Al mover una de las piedras se inclinó hacia el lado donde estaba de rodillas un muchacho llamado Juan Iturri, el cual no pudo evitar que la piedra se le viniera encima, aplastándole por el pecho».

Gritaron sus compañeros, «acudiendo un individuo llamado Nicolás Andueza, quien realizando un vigoroso esfuerzo logró levantar la piedra, y cogiendo al niño en brazos corrió hacia la Casa de Socorro. Como el estado del niño cuando ingresó era gravísimo, pues de haber permanecido un minuto más bajo la piedra se hubiera asfixiado, el médico de guardia le practicó una sangría, extrayéndosele gran cantidad de sangre».

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