Ley electoral y cultura de pacto

PNV y PSE votan juntos en el Pleno del pasado jueves. / SARA SANTOS
PNV y PSE votan juntos en el Pleno del pasado jueves. / SARA SANTOS

El Ayuntamiento es ejemplo de cómo llegar a acuerdos entre diferentes |

Jorge F. Mendiola
JORGE F. MENDIOLA

La amenaza de repetición de elecciones generales es un síntoma de la falta de cultura de pacto que arrastran en Madrid tras décadas de bipartidismo. Las líneas rojas, los cordones sanitarios y los vetos personales parecen condenar a la ciudadanía a una nueva cita con las urnas, una consecuencia directa de la incapacidad de los líderes políticos para llegar a acuerdos entre diferentes. Deberían fijarse en el Ayuntamiento de San Sebastián y otras instituciones vascas, un ejemplo de cómo formar gobiernos de coalición sin que los partidos firmantes pierdan su identidad ni pasen vergüenza, como le ocurre a Ciudadanos con Vox en municipios y autonomías de toda la Península.

Ganar sin mayoría obliga a buscar socios

PNV y PSE han reeditado en la capital guipuzcoana la fórmula de la pasada legislatura, ajustando el número de concejales de cada grupo en función de los resultados del 26M. Los jeltzales cuentan ahora con el doble de representantes en la corporación que los socialistas, pero no por ello han querido gobernar en solitario ni se han enrocado en posiciones maximalistas por su condición de lista más votada. Unas pocas semanas de diálogo bastaron para sellar las negociaciones y presentar ante la sociedad donostiarra el reparto de carteras y los nombres de las personas que dirigirán cada área. Con naturalidad y sin estridencias.

Más responsabilidad y menos cálculos

El secreto del éxito está en la capacidad de ponerse en el lugar del otro, ceder y pensar en lo mejor para los ciudadanos, algo de lo que los candidatos a la Moncloa parecen haberse olvidado hace tiempo. Están tan centrados en sus cálculos electoralistas que tres meses después de los comicios no solo siguen sin ponerse de acuerdo en lo más básico, sino que alguno se niega siquiera a participar en una nueva ronda de contactos. Y dentro de este alejamiento de la realidad y los problemas de la calle, la posibilidad de favorecer la investidura mediante una abstención por responsabilidad de Estado ni se contempla.

Nuevas elecciones, nuevos candidatos

Suele decirse que un país tiene los políticos que se merece, pero en este caso la ciudadanía no es la que se equivoca. Los porcentajes de voto del 28A son nítidos, por más que la fragmentación del espectro sea cada vez mayor. Volver a tirar los dados a ver qué sale, sabiendo que las diferencias van a ser mínimas, es un juego peligroso al que más de un partido parece dispuesto a arriesgarse. Quizás haya llegado el momento de poner las medidas que ellos no pueden -o no quieren- adoptar y cambiar la ley electoral, de modo que en caso de bloqueo parlamentario como el actual, ninguno de los candidatos pueda presentarse a una repetición de elecciones. Seguro que así desaparecerían todos esos obstáculos insalvables que impiden que haya un gobierno en Madrid y taponan proyectos estratégicos de Donostia como el cierre de la cárcel de Martutene o el traslado de los Cuarteles.