Ecce Homo

Aingeru Munguía
AINGERU MUNGUÍA

Viajar se está poniendo imposible. Mejor no programar cuándo te vas de vacaciones. Comprar los billetes con meses de antelación era una buena idea, pero ya... El verano nos ha ofrecido nuevos ejemplos de que mejor esperar a ver si el día que inicias tus vacaciones hay huelga de pilotos, de controladores, de personal de cabina, de suministradores de hidrocarburos, de mantenimiento de pista, de gestores de maletas... o de taxis. Que ya no vale con volar hasta tu destino. Hay que asegurarse de que no haya huelga en ninguno de los 17 gremios que te pueden impedir llegar al hotel. A las incertidumbres del vuelo, hay que sumar las indignidades a que te someten en el aeropuerto y las incógnitas de en qué trámite te meterán un sablazo para compensar lo poco que pagas por volar. Una compañía de bajo coste ya nos amenaza con cobrarnos hasta por el equipaje de mano. Lo siguiente será un plus por los pendientes. ¿Se ríen? Ya se investiga cómo podemos ir más comprimidos en el avión; por ejemplo, sustituyendo los actuales asientos por sillines para ir de pie. Yo tuve suerte y ningún huelguista me arruinó, aunque lo intentaron, mi escapada a Wroclaw. A mi llegada a Donosti me topé con que teníamos un Ecce Homo. No el de las farolas de Santa Catalina, no. El de los pinchos. Entré en un bar con jamones colgados del techo y vi a unos 'guiris' pidiendo un plato de ibéricos. El camarero abrió un paquete de plástico del que sacó una loncha de un producto que lo más ibérico que tenía era que había sido envasado en España y que ocultó convenientemente con unas rodajas de chorizo. Estuve a punto de volverme a Polonia. En tren, claro.

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