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Donostia ha entrado en «la tacañería en el alumbrado»

Una farola doble. /kutxateka / fondo marín / paco marí
Una farola doble. / kutxateka / fondo marín / paco marí

1968. Criticaban la insuficiente iluminación pública de la ciudad, especialmente en los barrios

Mikel G. Gurpegui
MIKEL G. GURPEGUISan Sebastián

Luz, más luz. A lo largo de las décadas, han sido muchas las ocasiones en que ha pesado entre los donostiarras la sensación de que en las calles de San Sebastián faltaba alumbrado público y han reclamado más puntos de luz y con mayor potencia. Una de esas ocasiones la encontramos en la edición de nuestro DV del 12 de octubre de 1968. Hace cincuenta años criticaban en los siguientes términos que las calles donostiarras se mostrasen a dos velas.

«El alumbrado público es un índice de la actualidad progresiva de los pueblos. Casi diríamos que es un indicador elocuente del grado de prosperidad de una ciudad, juntamente con la disposición y consumo de agua. Pues bien, nuestra ciudad, que ha sido una de las más luminosas, tienen en diversos puntos una ausencia de luz significativa».

«Hace unos días nos dimos una vuelta por diversos barrios de la ciudad. Vimos, eso sí, una serie de instalaciones de luz. Había lámparas y focos, pero lo que faltaba era luz».

«Nuestra ciudad ha entrado en eso que pudiéramos denominar tacañería en el alumbrado. Para las once de la noche, San Sebastián se alumbra justamente. No enciende una vela de más».

«El mismo comercio se ha contagiado de ese espíritu de austeridad municipal mal entendida, que deja a las calles a dos velas. Y nada digamos de los sectores apartados del centro de la ciudad. Si en más de una ocasión hemos puesto como ejemplo de carencia de alumbrado la calle de Urbieta, Sánchez Toca, etc., nada decimos de las proximidades del barrio de Lugáriz, por su parte alta y otros sectores donostiarras, en algunos de los cuales se cuenta con la consiguiente instalación, pero no se da a la llave de la luz, ni por un descuido. Es lo mismo que ocurre en la ciudad, que para las once de la noche entra la economía en acción y las calles quedan sumidas en la semioscuridad, ofreciendo un escenario carente de lo más elemental».

Apagón a las once

«Este mismo verano que acaba de cerrar, daba pena contemplar algunas calles donostiarras, en las que solamente lucía, a horas de la noche, a partir de las once, un foco en cada cruce de calle o cuatro esquinas. Si a esto añadimos que el comercio, generalmente, también para las once apaga sus iluminaciones, tenemos que nuestra 'San Sebastián la nuit' es auténticamente noche, una serie de túneles con entradas y salidas de luz, una ciudad triste carente de ambiente y de alegría externa, de un poder de atracción que estimule a salir del hogar después de la cena».

«El problema del alumbrado público en toda la ciudad es para tenerlo en cuenta de una forma permanente. Si en el centro de la ciudad resulta desagradable tener poca luz, en los barrios es más de lamentar ese criterio de austeridad o de falta de medios para imponer una instalación o de numerario para pagar 'la factura de la luz'. Los barrios necesitan de mucha luz, así como los caminos que conducen a los mismos. Estos también deben de mostrar una iluminación suficiente como para garantizar el perfecto tránsito (...)».

 

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