«Comprendes que ya acabó, brindas por la vida; comienza, suave, el duelo»
Beatriz Alda VelascoUna copa de champagne con la gerente del tanatorio Rekalde Berri
Llegas al 55 de la Avenida de Rekalde. Reconoces el edificio, protegido por ser patrimonio de la ciudad, ¡la antigua planta embotelladora de Coca Cola! ... En recepción te acoge María Fernández-Miranda que no solo trabajó en esa delegación de la compañía de Atlanta sino que es nieta de Evaristo Fernández-Miranda quien, junto al arquitecto Álvaro Líbano Pérez-Ullibarri y el ingeniero industrial Ramón Aguado Jou, la construyó, fundó y dirigió a partir de 1958. Te recibe Bea Alda, hermana de Gorka, el músico que realiza conciertos escénicos, instalaciones sonoras y compone obras mixtas de electroacústica e instrumental. Beatriz, que estudió publicidad y marketing, es esposa del mejor embalsamador de España, Víctor González, dueño de la Funeraria González de Usurbil.
– Permíteme que antes de recorrer las instalaciones y tomarnos esa copa de champagne en homenaje a quienes se nos fueron, presentemos a otras gentes que también trabajan en este tanatorio crematorio Rekalde Berri del Grupo Albia.
– Ahora aquí están Andrea Gómez y Naiara Garayar. Las dos son asesoras y acompañantes de las familias, de quienes acuden a la despedida de alguien querido. Les reciben, hablan de qué cosas querrían destacar del o la fallecida. Dependiendo de cómo deseen el último adiós, les piden fotos o videos. Pueden asesorarles en la elección de las flores. Tenemos un taller de arte floral. Siempre de temporada, siempre vivas. La creadora de los ramos, detalles o coronas es Elena Alamillo. Os presento también a Oriol Colomer, conductor de los coches funerarios.. No nos olvidamos del operario del horno crematorio. Ni de los responsables de la cafetería y el catering. Son Sara y Haritz; aquí se llaman Kaizen Café pero en Astigarraga regentan una hamburguesería fabulosa, Kaizoku. Citemos, ¿cómo no? a nuestros tanatopractores que preparan a los muertos para el gran viaje o para la vuelta a la tierra.
«El dolor, el llanto, por la pérdida siempre estarán ahí, han de estarlo, pero cada vez más las despedidas a quienes hemos querido son celebraciones de lo que hemos vivido a su lado. Las hay con guitarras, con txalaparta o alrededor de una botella de buen vino»
– Hablando de volver a la tierra o del gran viaje, creo que tanto tú como yo hemos pedido ser enterradas, no incineradas....
– Efectivamente. Es verdad que en nuestro tanatorio, inaugurado no hace ni un mes y colaborador de la Semana de Cine Fantástico y de Terror puesto que con ella instalamos la exposición de las grandes calaveras, los Mexicráneos que han estado junto al río, tenemos féretros y urnas ecológicas y hemos sustituido combustibles tradicionales por opciones más sostenibles, además, de instalar sistemas de filtrado en hornos que reducen las emisiones contaminantes. Sin embargo, yo para mí, elijo entierro en panteón con vistas al monte. Me parece una opción totalmente orgánica. Regresas a la tierra, te conviertes en humus; energía total que nunca se destruye sino se transforma...
– Tengo un conocido, artista, creador, que insiste en que quiere ser enterrado desnudo, de pie y en su jardín. ¿Podría?
– Sí y no. No y sí. La ley de Sanidad Mortuoria (Real Decreto 2263/1974) establece que los entierros deben realizarse en lugares autorizados, generalmente cementerios, aunque pueden existir excepciones. Se requiere una autorización sanitaria expresa (difícil de obtener) e igualmente que el terreno donde quieres ser enterrado haya sido legalizado como cementerio.
– Significando esto último...
– Puedes, desafiando la costumbre, legalizar tu jardín como lugar de enterramiento. O comprarte un terreno en el monte y hacer lo mismo. Entonces podrías quedarte allá para siempre.
– Dos buenas opciones, cierto. Dime, hay quien cree que estamos alejando a la muerte de nuestras vidas y la escondemos fuera de las ciudades, en lugares que para nada la recuerdan.
– No estoy tan de acuerdo. Aunque este edificio del barrio de Añorga les recuerde a muchos la planta de producción en acero, cristal y metal de Coca Cola, hoy es un tanatorio, lugar de muertos. Lo único que cada vez más, al final del camino los que quedamos celebramos más la vida de quien se ha marchado. La despedida puede ser religiosa o civil pero quienes se reúnen lo hacen contando(se) cómo fue, cómo vivieron a su lado.
– Pero sin embargo, aunque veles su cuerpo, no pudes tocarlo por última vez. Ni darle un beso de despedida. Aquella a la que quisiste está separada de ti por una pantalla de cristal...
– Ya no. Existe aquí la sala del último beso/azken musua/último musu. Un lugar muy especial donde puedes pasar 15 minutos en compañía de ese, de esa a quien despides. Repito, el dolor está ahí. Pero se puede suavizar.
– Conviven con nosotros hace tiempo gentes con costumbres funerarias distintas...
– Por eso tenemos una sala para que los musulmanes cumplan con su rito del lavado del cadáver...
– ¿Estará bien tomar champagne en un tanatorio?
– Y hasta sonreír. Una sonrisa para quien se va. Así el duelo que comienza será, quizás, más dulce.
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