Los paseos de Carmen Polo, 'la collares', por las joyerías de Donostia

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Claudio Munoa en la joyería donde estuvo la mujer de Franco. / Casa Munoa

«Apareció 'la collares' en la joyería y mi amona le dijo que no tenía perlas porque sabía que no se las iba a pagar. Esta no me saca ni una perla debió pensar»

AITOR ARANGURENDonostia

Es una leyenda que corre por las calles de Donostia y que se cuela en las joyerías más antiguas. La mujer de Francisco Franco, Carmen Polo, o como muchos joyeros la llaman, 'la collares', se llevaba alhajas sin pagar. «Se comenta que varios días antes de que 'la collares' viniera a Donosti algunos hombres se paseaban por la ciudad recomendando regalar collares a doña Carmen Polo», dice un joyero de San Sebastián que prefiere mantenerse en el anonimato. «Mi padre me comentó, en alguna ocasión, que ciertos compañeros de gremio cerraban cuando 'el azor' aparecía, por precaución más que nada», dice otro joyero. Tampoco quiere dar su nombre.

«No es ninguna leyenda, eso ocurrió de verdad»

Muchos son los joyeros que han escuchado esa leyenda, pero pocas son las joyerías de aquella época que se mantienen abiertas hoy en día y aún son menos las personas que pueden contar cómo lo vivieron. Sin embargo, Claudio Munoa, de la joyería que porta su apellido, dice que «no es ninguna leyenda, que ocurrió de verdad».

Por la joyería Munoa han pasado tres generaciones. Ahora, se encuentra frente a ella Claudio, heredero de la tienda. «Mi aitona y mi amona se conocieron en una joyería muy buena que era proveedora de la Real Casa. Cuando ese negocio acabó, a principios de los años treinta abrieron su propia joyería y a finales de los cincuenta se trasladaron al lugar en el que estamos hoy en día», explica.

En ese mismo local de la calle Aldamar se encontraba la amona de Claudio, doña Pura, cuando Carmen Polo apareció en la joyería. «Aquí estuvo 'la collares' pidiendo perlas. Mi amona me contó que le contestó que no tenía porque sabía que no se las iba pagar». Munoa explica cómo su abuela le respondió a la mujer del dictador que «lo sentía, pero que tenía las perlas guardadas en el banco. Obviamente era mentira», matiza y sigue «mi abuela adoraba las perlas de excelente calidad, pero no se las quiso dar. Esta no me saca ni una perla debió pensar».

Adicta a las joyas

En el libro, 'Carmen Polo, la señora de El Pardo', Carmen Enríquez explica que Polo tenía un cuarto de cuarenta metros cuadrados con armarios en los que guardaba todo tipo de preciosas joyas que fueron guardadas durante las cuatro décadas de dictadura.

En Madrid, según los rumores, los joyeros acordaron costear los obligados regalos que debían hacer a 'la collares' y en Asturias se comenta que los joyeros guardaban sus mayores reliquias cuando Carmen Polo se paseaba por Oviedo.

Eso mismo confirma otro joyero de San Sebastián. «Sí he escuchado a familiares de la joyería que guardaban los objetos más caros en el almacén cuando venían los Franco al palacio de Aiete». «Me imagino de que antes de que viniera la mujer de Franco se pasarían algunos señores del régimen por la tienda», dice Claudio Munoa. «Hay que darse cuenta de que cuando Franco venía a San Sebastián la policía secreta vigilaba todas las calles y comercios, así que menos mal que no descubrieron que mi amona en realidad sí tenía perlas, pero no se las quería enseñar».