Ascensor, piso ocho

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Seré un sentimental, me dice en el ascensor, pero ya echo de menos las pistas de atletismo. En ese momento se fue la luz, me imagino que de la impresión. Y nos quedamos colgados entre el piso siete y el ocho. Más hacia el ocho. Media hora.

Se va a presentar a las elecciones municipales y está convencido de que tiene el 10% del voto asegurado con su propuesta estrella -«y única», asegura convencido-. La recuperación de las pistas de atletismo de Anoeta. Está seguro de que tiene la llave del éxito. Dice, en serio, que la brocha gorda y el disparate son la llave del éxito para hacer carrera política en estos tiempos. La condición es que la burrada que se propone sea tan inverosímil, irracional, descabellada, insensata y absurda que nadie se la tome en serio. Si lo consigues, la gente te vota por fastidiar.

Y pone ejemplos: Trump, Salvini, Orbán.

Está seguro de que si promete que va a volver a poner las pistas, hay peña que le vota. Mucha peña. Va a decir que él no plagió una tesis ni tiene un máster de regaliz: él copiaba en el colegio.

De uno que dice eso, la gente se fía.

Que sí, hombre, que lo de las pistas es una apuesta segura, que hay mucha gente en contra. Le sugiero que debería incluir en su programa penas de cárcel para los ciclistas urbanos. O, por lo menos, palizas en los sótanos de los municipales.

Se lo piensa.

Vuelve la luz. ¿Qué hacías, subías o bajabas?, me pregunta. Lo que tú digas. Yo, lo que tú digas.

 

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