Aquí estoy yo

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Aún sin recuperarme de la impresión porque, yendo yo como iba en precario, una señora me cediera (a mí no, a la persona que lo necesitaba que iba conmigo) el asiento en el autobús, llegó al Boulevard y está vacío.

He venido a decir aquí estoy yo, que parece poca cosa pero después de leer en estas mismas páginas que a los hoteleros los turistas les preguntan por la «gente local», como quien pregunta por los osos panda en un zoo, me sentí en la obligación de ir al reloj del Bule, sitio para quedar por excelencia, el ángel de Picadilly Circus donostiarra, a decir que aquí estoy yo.

Lo digo, pero nadie me escucha porque todos se han ido. Aquí estoy yo, y me mira el repartidor de cocacola con cara de cuánto tiempo libre tiene la gente. Cuesta volver despues de ser oso, panda o no, durante los últimos cinco meses hibernando en los barrios desde que el primer turista cruzó el puente María Cristina con la maleta de ruedas y el primer francés pasó el del Kursaal por el carril bus.

Pero los hosteleros están contentos con el verano. Así que yo también. Lo que es bueno para la General Motors es bueno para Estados Unidos. No pienses lo que tu país puede hacer por ti, piensa lo que tú puedes hacer por tu país.

Donostia ha cambiado de cara en los veranos. Se va el último turista y a la gente le cuesta recuperar su sitio. El Boulevard estaba vacío ayer. Vuelvo al autobús, decidido a dejarle el asiento a la primera persona que lo necesite. Sube un señor en todo el trayecto. Aquí estoy yo. Pero no hay nadie más.

 

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