Vecinos de Amara: «Estamos a años luz de una solución»

Los vecinos y comerciantes de la Plaza del Sauce en Amara se quejan de la «inseguridad» que viven en el barrio. / J. USOZ
Los vecinos y comerciantes de la Plaza del Sauce en Amara se quejan de la «inseguridad» que viven en el barrio. / J. USOZ

Vecinos de Amara reconocen «mejoras», pero insisten en que la presencia del Aterpe «machaca» al barrio | Responsables del Ayuntamiento, Cáritas, Ertzaintza, Guardia Municipal, comerciantes y residentes analizan la situación periódicamente

RAQUEL RODRÍGUEZ SAN SEBASTIÁN.

Todos coinciden en algo: la situación del barrio ha mejorado. Pero para lo que algunos son avances considerables para otros son pequeñas actuaciones que no acaban con la «inseguridad» que aseguran sufrir los vecinos del entorno más próximo al Aterpe de Cáritas en Amara. La solución no se antoja sencilla y exige esfuerzos conjuntos. Conscientes de ello, hace un año el departamento de Seguridad Ciudadana, el de Servicios Sociales, Ertzaintza, Guardia Municipal y vecinos y comerciantes de Morlans y Amara comenzaron a celebrar reuniones cada dos o tres meses para evaluar la situación y tomar medidas. La última tuvo lugar a finales de noviembre.

Vecinos de la plaza del Sauce y José María Salaberria aseguran que «sigue habiendo gente muy conflictiva» que actúa de forma incívica. «Se instalan en los arkupes de la plaza y allí orinan, defecan e incluso practican sexo. Por donde pasan dejan todo lleno de basura, botellas rotas, bolsas... Protagonizan peleas e incluso han amenazado a algunos vecinos». La plaza, añaden los pocos comerciantes que quedan en la zona, «está muerta, están machacando al barrio». Ahora viven una etapa más tranquila pero temen que, con la llegada del invierno, la situación vuelva a complicarse y los soportales sean tomados por personas sintecho que utilizan «colchones de la basura y se echan allí a dormir».

Los vecinos y comerciantes ven «buena voluntad» en las distintas partes implicadas y reconocen que «los atracos han disminuido», pero critican al mismo tiempo que «se ha reducido la presencia policial», lo que aseguran les deja «huérfanos». «Estamos a años luz de una solución para el barrio», sentencian.

«Sin echar las campanas al vuelo, creo que la situación ha mejorado de forma considerable», dice Ibabe

Actuaciones de mejora

A lo largo de este año, el Ayuntamiento ha tomado nota de las demandas vecinales y ha acometido algunas mejoras, como establecer presencia policial ordinaria, limpiar la vegetación baja, eliminar jardineras que favorecían el trapicheo, mejorar la iluminación de los soportales y la plaza y reforzar la limpieza de la zona.

El concejal de Seguridad Ciudadana, Martín Ibabe, asegura que «sin echar las campanas al vuelo y dentro de la realidad que es, la situación ha mejorado considerablemente». Cree que lo ocurrido en este barrio es «un ejemplo de mejora de la situación gracias a un trabajo conjunto». Las reuniones que mantienen las distintas partes son, en su opinión, «positivas», aunque reconoce que «el problema no se ha resuelto».

Entre las demandas vecinales pendientes de satisfacer está la colocación de una cámara de seguridad en la plaza del Sauce, algo que según se les trasladó a los vecinos, llegará en breve. También reinstaurar la figura de agente de proximidad en el barrio para que un ertzaina esté permanentemente en contacto con los residentes. Ibabe asegura, en todo caso, que se han reducido las intervenciones policiales en la zona.

José Antonio Lizarralde 'Pottoko', responsable del área de personas sin hogar de Cáritas, también subraya este dato. «Según la información que nos han trasladado, este barrio es el punto de Donostialdea donde menos han actuado Ertzaintza y Guardia Municipal en los últimos meses», asegura. A pesar de ello, reconoce que «algunos usuarios del Aterpe tienen actitudes incívicas», algo que le «preocupa» y en cuya solución se quiere implicar Cáritas. De hecho, en el último año han introducido algunos cambios en el servicio para tratar de mejorar la convivencia entre residentes y usuarios del Aterpe. «Hemos dejado de atender a ciertas personas que tienen conductas agresivas y ya no ofrecemos acogida directa, todos los que acuden al Aterpe vienen derivados de otros puntos de primera acogida. Tampoco damos bocadillos a la gente de paso, solo a los que están en el centro. Ahora viene gente muy concreta, antes podía acudir cualquiera», explica.

Con el objetivo de que reconduzcan su comportamiento, desde Cáritas también hacen una labor de acompañamiento con aquellas personas que detectan que están teniendo «actitudes incívicas menores», como orinar en la calle. El responsable del centro apuesta por «no bajar la guardia y seguir trabajando porque el Aterpe sea un proyecto integrado en el barrio». En la actualidad atiende a unas 100 personas al día y cuenta con unos 200 voluntarios, «algunos de los cuales son del propio barrio».

Hace un año los vecinos de la zona recogieron cerca de 2.000 firmas para exigir una solución. Para ellos sólo hay una forma de que la situación mejore; que el Aterpe se traslade a otro lugar o que se repartan sus servicios por distintos puntos de la ciudad, posibilidad que no contempla Cáritas. Después de 7 años de convivencia con el centro creen que su «cupo de solidaridad ya está cubierto».

 

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