Aquel 31 de agosto se hizo moneda

Aquel 31 de agosto se hizo moneda

La destrucción de la ciudad inspiró un ejemplar que vio la luz en 1820 | El experto numismático Miguel Ibáñez ha estudiado la pieza que refleja una escena violenta de la «liberación» de Donostia

Elena Viñas
ELENA VIÑAS SAN SEBASTIÁN.

Es el episodio más negro de la historia de la capital guipuzcoana. Ocurrió en plena Guerra de la Independencia española, cuando un enfrentamiento entre las tropas francesas y las anglo-portuguesas dio como resultado la destrucción de San Sebastián. La tragedia vivida aquel 31 de agosto de 1813 aún hoy se conmemora con varios actos que tienen como escenario la Parte Vieja de la ciudad.

Las crónicas de tan fatídico día de verano describen episodios cargados de violencia, que también recogió el teniente Matías de Lamadrid, testigo de los acontecimientos, en su diario. «Los excesos que cometieron los ingleses, como los portugueses, no tienen cuento, y jamás estas dos naciones se quitaron el horrible borrón que aquí echaron a sus glorias», escribe. Y no exagera. Durante toda la jornada se sucedieron saqueos, muertes, violaciones y, finalmente, el incendio que redujo la población a cenizas, excepto una treintena de casas.

Siete años más tarde se creaba una moneda para conmemorar la «liberación» de San Sebastián, incluida dentro de la colección producida por James Mudie para celebrar los triunfos británicos en las guerras napoleónicas. Fue fabricada en Birmingham en oro, plata y bronce «como contraposición a las numerosas emisiones francesas que glorificaban las gestas napoleónicas». Así lo manifiesta el experto numismático Miguel Ibáñez, quien ha estudiado la pieza e incluso publicado un artículo en una revista especializada para darla a conocer.

Este donostiarra destaca el hecho de que las medallas inglesas presentan el mismo módulo que las francesas, 41 mm, «y además, en muchos casos fueron obra de los mismos artistas franceses que poco antes se habían dedicado a glorificar la obra de Napoleón Bonaparte en las medallas».

La inspirada en aquel 31 de agosto es la número 24 de la colección Mudie, obra de Thomas Webb, Peter Rouw y George Mills. «En el anverso aparece el perfil de Thomas Graham, barón de Lynedoch, a quien Wellington ordenó dirigir el asedio de San Sebastián», indica su estudioso.

Casas en llamas

En el reverso, sin embargo, puede verse San Sebastián en llamas. Las lenguas de fuego parecen arrasar las casas próximas al puerto. «La destrucción y saqueo de la ciudad fue consecuencia del duro asedio y feroz combate que tuvo lugar en los días previos, y que causó centenares de bajas en el ejército atacante, de forma que tras penetrar en la ciudad por la brecha abierta en las murallas, y replegadas las tropas francesas al castillo de Urgull, los soldados británicos y portugueses vertieron toda su ira en los pacíficos habitantes de la ciudad», constata Miguel Ibáñez ante la imagen que viene representada en la moneda.

El numismático destaca la importancia de las medallas conmemorativas, dado que resultan «especialmente interesantes» y más si reflejan acontecimientos históricos «de relevancia». «Aunque en algunos casos pueden llegar a falsear la verdad, como ocurrió, por ejemplo , con las medallas en las que se refleja la rendición de Blas de Lezo ante el almirante Vernon, en la mayoría de ocasiones son fieles testigos de los acontecimientos acaecidos», manifiesta.

Paralelamente a la edición de la moneda que refleja el suceso vivido en Donostia, otra similar editada el mismo año y perteneciente a la colección en cuestión cuenta la «liberación» de Pamplona. Lo hace repitiendo el anverso, mientras que la otra cara presenta a un soldado romano a caballo que recibe las llaves de la ciudad de manos de una figura femenina. Pero ésa es otra historia...