Michel Sicard: «El maestro no llena las lagunas del alumno, solo acompaña su evolución»

Sesión de esgrima y filosofía. Michel y Carlos, en Pío Baroja./
Sesión de esgrima y filosofía. Michel y Carlos, en Pío Baroja.

El maestro de maestros en esgrima ha dado unas clases en San Sebastián

BEGOÑA DEL TESO

La historia produce sorpresa y placer. Carlos y Pablo, dos muchachos nacidos en la India, apellidados Subramanian Vidal, se apasionan por la esgrima y empiezan a practicarla en Singapur bajo la égida, protección y consejos filosófico vitales de un maestro de maestros, Michel Sicard, gran espadista. La vida da vueltas, las vueltas dan vida y de pronto llegan a Donostia con su madre, Laura, que no quiere que dejen de practicar su deporte favorito. Descubren la Sala de Armas del Club de Esgrima Fortuna, contactan con el maestro (y presidente de la Federación Guipuzcoana de Deporte Adaptado), Igor Otaegui Bichot, e invitan a Michel a venir a Donostia a dar unas cuantas clases. Sucedió esta pasada semana.

Como entrenador nacional: en esa etapa, los espadistas preparados por Michel obtuvieron 25 medallas. De ellas, 11 de oro y 3 en Juegos Olímpicos. Cuando fue director técnico de la federación francesa (2005-09), los equipos olímpicos lograron 62. Su alumna Laura Flessel ganó 23 entre 2000 y 2005.

- ¿A qué se deben, maestro, ese asombro y maravilla que comenta?

- Admiro y respeto todos los deportes, así que al llegar a esta ciudad y ser invitado a dar clases y realizar un stage en el polideportivo Pío Baroja he visitado todas sus secciones (escalada, tenis de mesa, voleibol, judo, artes marciales...) y he quedado maravillado por la cultura deportiva que se palpaba en todas ellas. Por la entrega de entrenadores, deportistas y padres. Por la camaradería que se respira. Por supuesto, hay competitividad pero también solidaridad y quien sabe un poco más, quien conoce un tocado, una postura, un revés los comparte con quien aún no los tiene. San Sebastián, el Fortuna y el maestro Otaegui me han acogido como uno de los suyos.

- En sus clases y en sus escritos encontrados en la red ('FFE Institut, le project de perfomance en Escrime') se descubre que usted ha reflexionado mucho sobre el entrenamiento, la función del entrenador y su relación con aquellos a quienes prepara. Para el combate, la competición y el triunfo.

- También para el fracaso. El fracaso está presente no solo en el deporte sino en la vida. Es una realidad cotidiana. Me apoyo mucho en mis clases y en su preparación en la filosofía y más de una vez he propuesto que en los cursos para convertirse en entrenador la filosofía ocupe un lugar primordial. ¿Por qué no hablar de Heráclito en un stage? ¿Por que no recordar a Edgard Morin antes de saltar a pista?

- La reflexión que más conocemos del sabio griego es que nunca cruzarás dos veces el mismo río.

- Exacto. Porque ni sus aguas ni quien las cruza serán ya los mismos. Aplícalo a un partido, a un match de tenis o de boxeo. A un combate de espada. Nunca habrá dos iguales. Tú habrás cambiado. Tu rival será otro. Y aunque sea el mismo, su táctica, su momento serán distintos. También las circunstancias. La cancha. El ambiente. Todo. ¿Por qué habrías de empeñarte en repetir estrategias, posiciones, paradas, respuestas?

- Morin, sociólogo e investigador que fue condecorado con la Legión de Honor, concluyó que...

- 'Navegamos en un océano de incertidumbres en el que hay algunos archipiélagos de certezas'. Yo me aferro a ese principio cuando entreno o preparo; cuando enseño o aprendo. El futuro, el próximo combate, el siguiente partido no pueden predecirse a partir del que estás disputando ahora. El mundo es incierto. El deporte, la competición, también. Hay que desarrollar habilidades para afrontar situaciones no entrenadas.

- ¿Entonces para qué las rutinas? ¿Por qué mecanizo golpes, paradas, ataques, fintas, reveses?

- Piénsalo bien: si comprendes que nunca nadarás dos veces en el mismo río deberás aprender a nadar en todos sus momentos. Cuando sus aguas estén turbulentas. Cuando no las mueva el viento. De día, de noche. Con frío, con calor. Esas serán tus certidumbres. Imagina siempre la competición como un océano de incertidumbre. Porque se trata de eso y nada más. Pero lánzate a ella apoyado en tus certezas.

- ¿Cuáles son?

- Todo eso que has practicado en la sala. Todas tus reflexiones sobre el deporte que amas. Y tus puntos fuertes. Desde mi punto de vista, el preparador que comienza corrigiendo los puntos débiles del deportista se equivoca de lleno. Primero hay que anclar los fuertes. Aquello en lo que el alumno es bueno. Volvemos a esos archipiélagos de confianza en los que se apoyará. Es muy importante que un jugador joven tome conciencia de qué le exige su deporte. Ya descubriremos las maneras de responder a ello. Pueden ser muchas.

- ¿Cómo ha llegado a la conclusión de que el preparador no debe 'rellenar las lagunas' del deportista?

- No confío demasiado en las escuelas. Por supuesto que hay mucho que aprender, enseñar, trabajar, mejorar. Pero muchas escuelas desarrollan un punto dogmático que repruebo totalmente. El entrenador nunca deberá reemplazar con lo que él sabe (aunque sea máximo) aquello que el deportista aún desconoce. La misión del maestro es acompañarle en su evolución. Así de sencillo. El deportista ha de lograr, en compañía de su preparador, tener una visión completa, global de su especialidad. Y será 'su' visión. Propia. En esa donde la creatividad y la intuición, como sucede en la vida, serán muy importantes. ¿Sabías que a veces ganas el combate sin haber hecho aquello que tú querías hacer?

- ¿?

- Este mundo, gracias sean dadas, no es perfecto. No funciona como un reloj que jamás adelanta o atrasa. Si no eres capaz de crear una parada, un movimiento, un ataque que te sirva para una situación nueva, malo. Los campeones son siempre creadores, intuitivos, visionarios.