Los bebés también van a la biblioteca

Sesión del miércoles en la Biblioteca Infantil de Fermín Calbetón, con Ana Molina, dirigiéndose a niños y madres. /
Sesión del miércoles en la Biblioteca Infantil de Fermín Calbetón, con Ana Molina, dirigiéndose a niños y madres.

La asociación Mestiza enseña a 'leer antes de leer' en la Biblioteca Infantil, Aiete y Okendo

CRISTINA TURRAU

En Inglaterra, a cada niño que nace se le entrega una bolsita kit con varios libros. Con esa filosofía y bajo la declaración de principios de amor a la la lectura, arrancó hace siete años en San Sebastián la asociación Mestiza. Su fundadora y distintas voluntarias de la asociación ofrecen en la Biblioteca Infantil de la calle Fermín Calbetón y en las casas de cultura de Aiete y Okendo sesiones para bebés de cero a tres años de 'amor por la lectura' o de 'leer antes de leer'. Se trata de sembrar semillas para una afición que les acompañará toda la vida y con la que abrirán horizontes.

«Somos la primera asociación a nivel estatal que en el año 2012 se afilió a Bookstart UK, la Fundación Británica del Libro, que se financia casi al 90% del Estado británico y promueve la afición a la literatura de una forma lúdica y atractiva para los niños, desde la infancia temprana, desde los 'cero' años», explica la mexicana Ana Molina, fundadora y presidenta de la asociación.

Casada con un ordiziarra y afincados en San Sebastián, Ana Molina impulsó las actividades que hoy se ofrecen cuando tuvo a su hijo y buscó sesiones como las que había conocido en Londres, donde estuvo afincada. «Mi hijo empezó al colegio con tres años», relata. «No encontraba actividades para nosotros antes de la escolarización. En otros países se hacen en bibliotecas y polideportivos, siempre acompañados de un adulto. Pero aquí no las había. Normalmente sirven además para que la gente del barrio en la misma situación tenga un punto de encuentro. Había oferta de guarderías y actividades para niños a partir de los 3 años. No las que yo buscaba. Hicimos un planteamiento que gustó y arrancamos».

Fue hace 5 años. El primero, no vino ningún niño menor de un año. Pero después empezaron a llegar con seis meses y ahora, a partir de los dos meses. «Se sientan en un corro con su padre o su madre. El bebé de dos meses o está tumbado en la alfombra o en los brazos de la madre, del padre o del cuidador».

El bebé se estimula. «Escuchan la música y las canciones», explica. «Es una forma de que los padres vean el beneficio de acercarse a la literatura desde una temprana edad. Les ayuda a la motricidad, a desarrollar vocabulario. Ahora en Inglaterra hay un proyecto que anima a los padres a hablar con sus hijos porque se ha visto que niños de 5 años hablan como niños de 2».

¿A qué se debe? «Los padres no pasamos tanto tiempo con ellos, ni les motivamos», reponde la presidenta de Mestiza. «Ahora hay niños de 3 meses que son ya socios de la biblioteca. Porque nuestro objetivo es que las actividades se realicen en espacios públicos, que la gente los utilice. Es una forma de promover la cultura real, la que van a consumir estos niños, que luego sacarán libros de la biblioteca».

Aunque los últimos años han sido difíciles para el proyecto, asegura Ana Molina que los técnicos de la Biblioteca Infantil y de Donostia Kultura han creído siempre en el proyecto. «Pero también es importante el interés de los políticos para que estas actividades puedan seguir adelante. Y son actividades que atraen a numeroso público. Tenemos unos 25 niños por sesión y, en tres sedes, movemos unas 150 personas por semana». Donostia Kultura les otorga una subvención. «Los años anteriores ha sido muy baja. En 2015 ha mejorado por la respuesta del público y las encuestas». Agradecen a la juguetería Abracadabra que les done material.

Diversidad cultural

Una base sobre la que se asienta el proyecto de la asociación es la de la diversidad cultural. En la sesión que se celebró este miércoles en la Biblioteca Infantil de la calle Fermín Calbetón había asistentes procedentes de México, Guatemala, Inglaterra, Sudáfrica, entre otras nacionalidades. Hay mucha música y canciones. Las sesiones se desarrollan en castellano, euskera e inglés, lo que permite ampliar el radio de acción. «En la actividad hemos tenido suecos, ingleses, suizos, rusos, de Egipto, Argelia, de Ecuador, México, Argentina y de otras nacionalidades».

La mayoría es gente que vive en Donostia. «La gente de la asociación también es muy diversa y vive en Donostia por diferentes razones. Recientemente, en Okendo tuvimos gente de Colombia, Ecuador, Francia, Alemania e Inglaterra».

También acuden, con sus monitores, niños que viven en centros de acogida. «Este tipo de actividades les ayuda a sentirse integrados con los demás niños y les motivan. Es un espacio abierto a todos. Y queremos que sea una actividad visible, que atraiga a todo el público».

Hay actividades por la mañana y por la tarde, según las casas de cultura en que se desarrolla la actividad. La familia se implica mucho. «Ha habido un tío que ha estado viniendo todo el curso con su sobrino», relata Molina. «La madre empezó a trabajar y él le ha traído todas las sesiones». La actividad es gratuita y el niño debe acudir acompañado de un adulto.

Desde la asociación, surgida en 2008, se promueve la diversidad cultural. «Cada vez la ciudadanía es más plural y diversa y a San Sebastián llega cada vez más gente de distintos países», reflexiona Ana Molina. «Se trata de dar visibilidad a todo esto, porque cuando uno viaja el conocimento también viaja con uno».

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