Remo

Quince años del banderazo en Castro

Una alineación para la historia, con Gabi Larrinaga, Eusko Aranburu, Joseba Fernández, Ander Otero, Iñaki Unanue, Andoni Trecet, Kepa Arrizabalaga, Patxi León, Karlos Mendizabal, Anartz Larrea, Aitor Mendizabal, Endika Zaldua, Anartz Gereño y Joseba Arbona de patrón. / DV
Una alineación para la historia, con Gabi Larrinaga, Eusko Aranburu, Joseba Fernández, Ander Otero, Iñaki Unanue, Andoni Trecet, Kepa Arrizabalaga, Patxi León, Karlos Mendizabal, Anartz Larrea, Aitor Mendizabal, Endika Zaldua, Anartz Gereño y Joseba Arbona de patrón. / DV

El 6 de julio de 2003, Pasai Donibane ganó la primera regata de la Liga ACT | Hace ya tres lustros de la gran revolución del remo moderno, que ordenó y puso en valor el deporte, con sus pros y contras

Oskar Ortiz de Guinea
OSKAR ORTIZ DE GUINEA

Hace quince años ya. Algunos de los actuales remeros más jóvenes ni se acordarán o incluso desconocerán cómo era su deporte antes. Y probablemente más de una remera se percate de que los pasos hacia la igualdad que han ido dando en los últimos diez años no han discurrido tan lento. Porque el remo masculino, en su versión de traineras, vivió su última gran transformación en 2003 con el nacimiento de la Asociación de Clubes de Traineras (ACT), que supuso un nuevo ordenamiento del verano. El cumplimiento o no de sus pretensiones iniciales será una apreciación más subjetiva en función de los ojos que echen la mirada atrás. Pero el nuevo régimen que ha regido estos tres lustros ha supuesto un antes y un después en el mundo arraunlari. Y, con sus lagunas, ha sido para mejor.

Hoy se cumplen quince años desde que San Juan, entonces Pasai Donibane, ganó la primera regata de la Liga ACT, cuatro días después de aquella maratoniana reunión de 15 horas en el hotel Hesperia de Bilbao que acabó dando forma al calendario, acabando con la hasta entonces Liga Vasca. Comenzaba una era en la que los clubes de la primera división arraunlari pasaron a dirigir su destino con la mínima interferencia de las federaciones, que mantuvieron la Liga Federativa, formada por dos grupos con quince traineras vascas y cuatro cántabras, que englobarían la segunda y la tercera división, preludio de la Liga ARC surgida en 2006.

Hoy el Gobierno Vasco es el gran motor, directo o indirecto, de un ente que en sus inicios arrancó con el apoyo también de los ejecutivos de Cantabria, Asturias y Galicia, que con el tiempo fue perdiendo protagonismo.

Aquel triunfo de la Erreka llegó en Castro Urdiales, ante unos 7.000 espectadores. Superó en 5.85 segundos a Astillero, y luego se clasificaron el resto de traineras fundadoras de la agrupación: Mecos, Urdaibai, Orio, Cabo, Pedreña, Castro, Hondarribia, Isuntza, Tirán y Zarautz. El hondarribiarra Koldo Díaz fue su primer presidente

La regata no fue puntuable, porque tuvo un carácter de carta de presentación. Y así llegó la escenificación de uno de los axiomas que defendió el primer gerente de la ACT, Jesús Hijazo: «El remero debe ser el actor principal de la competición», algo que los propios protagonistas han puesto en entredicho en más de una ocasión, a veces seguramente olvidando su situación pre ACT pero siempre con la lógica ambición de mejorar.

Desde su nacimiento, las traineras comenzaron a tener tripulantes con nombre y apellido. Seguían siendo la San José XII, la Ama Guadalupekoa, La Marinera, la Bou Bizkaia, la Enbata... las que competían, pero la composición de cada tripulación empezó a ser más visible y menos anónima. Luego surgiría también la figura de los canteranos y los derechos de formación.

Aquel día en Castro se fue llamando a los remeros por megafonía, y los aficionados corearon uno a uno sus nombres cual futbolistas en el calentamiento previo a un partido. «Los aficionados tienen que conocer a los remeros más que a presidentes o delegados», incidió Hijazo en estas páginas.

En aquella entrevista de presentación, el gerente apuntó que los clubes «tienen que apostar por el móvil, los bateles, las trainerillas... No solo por las traineras. Hay que cambiar el chip», algo que, evidentemente, no se ha logrado, pues las traineras van fagocitando los botes pequeños, víctimas del músculo ganado gracias a la ACT.

A diferencia de en los primeros años, ya no se fletan vuelos chárter para ir a Galicia. Tampoco la asociación ha sido el maná que algunos creyeron ver. Pero 15 años después de lanzarse al vacío, aquella piscina tenía agua para seguir navegando.

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