Banco Móvil

Millares pone un broche de oro

Miguel Ángel Millares, ayer en el club de Orio. / JOSÉ MARI LÓPEZ
Miguel Ángel Millares, ayer en el club de Orio. / JOSÉ MARI LÓPEZ

Tras dos años y medio sin competir, Jon Salsamendi le convenció en febrero para regresar al ocho con el que ya fue campeón en 2005: «Quién me iba a decir que repetiríamos»

O.O.G. ORIO.

Comienzos de mayo. El ocho de Orio acaba de batir a Hondarribia en los campeonatos de Gipuzkoa y Euskadi, y se prepara para su regata internacional. Casi como cada vez que habla de banco móvil, a Jon Salsamendi le brilla la mirada. «Estoy muy contento del equipo. Los chavales han adquirido tal compromiso que son ellos con su disposición los que me empujan a trabajar y no fallarles. Me alegra verles felices, y sobre todo me alegra ver feliz a (Miguel Ángel) Millares. Tras dos años y pico sin remar le pedí que nos echara una mano porque andábamos justos de gente. Y verle a ese nivel de ilusión, me llena especialmente», señalaba entonces el técnico.

«Era mediados de febrero -recuerda Millares- cuando Jon vino una mañana a casa. Yo estaba en la terraza y me dijo que quería hablar dos minutos. Traía escrito en un folio lo que quería. Fue claro. Le respondí que me diera un borrador de lo que me supondría la preparación. Me lo dio el día siguiente a las nueve de la mañana y hemos acabado ganando el Campeonato de España. Entonces era impensable», señala el único superviviente del ocho que había logrado el último título estatal para Orio en 2005.

El de Ribadeo, de 38 años, llegó a Orio en 2003 tras ganar un primer oro con Castropol y se quedó a vivir en 2006. Tiene dos hijas de seis y nueve años. En 2015 cerró su etapa de remero de la San Nikolas y de entrenador del banco móvil. Pero no se abandonó. «Corría o andaba en bici». En 2016 hizo pruebas cicloturistas como la Quebrantahuesos.

«Pesas y mucho core»

El primer mes y medio de entrenamientos se ejercitó en la 'ganbara' de casa, desde la que divisa el club. Guardaba unas pesas y un balón medicinal y le facilitaron un ergómetro. «Pesas y mucho core para fortalecer la zona lumbar y abdominal» era su menú diario... o nocturno. «Entre el trabajo y las niñas, muchas veces me ponía a hacer ergómetro a las diez de la noche. Y cuando acababa, le enviaba a Jon una foto de la pantalla donde se veían los datos de potencia, intensidades...». Al club solo iba «cuando tocaba ir al agua».

Retomar los entrenamientos fue «más duro de lo esperado. No pensaba que el cuerpo perdería tanto. Tuve agujetas un mes», recuerda. Y dudó. «Le decía a Jon que el cuerpo no llegaba a mis niveles de antes. Y Jon me contestaba 'tranquilo, tu explosión llegará en junio'. Y así ha sido, porque en el campeonato me sentí muy bien. Todos nos hemos sacrificado mucho, pero yo estoy muy satisfecho del reto personal».

El sábado, víspera de la final, «Jon me comentó quién me iba a decir en febrero que iba a luchar por el oro. Llevábamos tiempo buscándolo pero era difícil batir a Labradores. En 2014 estuvimos a centésimas y no pudo ser». El fantasma de esa derrota planeó en Banyoles, pero en la final «todo salió según lo previsto» y puso el broche de oro. ¿El último? «Ya veremos el año que viene».