Bandera de La Concha

Bandera verde en La Concha

La tripulación de Hondarribia celebra exultante el triunfo cosechado en aguas donostiarras. /Arizmendi
La tripulación de Hondarribia celebra exultante el triunfo cosechado en aguas donostiarras. / Arizmendi

La Ama Guadalupekoa repite victoria cinco años después pese a la tercera posición de este domingo, por detrás de Bermeo y Orio

Oskar Ortiz de Guinea
OSKAR ORTIZ DE GUINEASAN SEBASTIÁN.

Tras una semana hablando de la sanción y la impugnación de Urdaibai, simbolizadas ambas en la bandera roja que levantó el juez de mar al término de la primera jornada, la bahía de La Concha acabó con una bandera verde. Verde de deportividad y de enorme pelea en buena lid entre Hondarribia y Zierbena. Y verde, sobre todo, de la Ama Guadalupekoa, que se hizo con la duodécima victoria de su historia en la regata de las regatas cinco años después de la anterior.

Si entonces no pudo festejar en el agua el triunfo que sí celebró Urdaibai hasta su descalificación, los remeros de Hondarribia ayer debieron aguardar más de un minuto hasta descorchar su alegría. Fue el tiempo que el jurado precisó para revisar el vídeo-finish y confirmar que sí, que por un pelo el Alarde hondarribiarra del sábado vivió un segundo capítulo ayer en Donostia.

Apenas 90 centésimas separaron el cielo del infierno deportivo, si es que así se puede catalogar la segunda plaza de Zierbena, que nunca había estado tan cerca de la hazaña. Los 'galipos' igualaron el segundo puesto de 1950 tras San Sebastián.

Si el triunfo hace un año de Orio resultó de película, el de Hondarribia de este domingo estuvo a la altura del mejor thriller. Los dos minutos previos a los títulos de crédito fueron una loa al mejor Hitchcock. Frenesí arraunlari, con dos tripulaciones al límite que llegaron a alternar la proa de la regata con la rapidez con la que solo puede correr alguien que se siente con la muerte en los talones.

Casi a cada palada, con cada leve cosquilleo de una mar que apenas empujaba, la bandera fue saltando de un bote a otro hasta que, ya en los últimos doscientos metros -quizá incluso menos-, Hondarribia pareció desfilar sobre la alfombra roja camino de la Concha de oro.

Mikel Orbañanos repitió su catorce de gala: Alex Udabe, Beñat Egiazu, Manex Aldai, Xabier Etxebeste, Galder Ezponda, Iñaki González (babor); Iñigo Sagarzazu, Bikendi Alza, Iker Marizkurrena, Iñigo Vertiz, Urko Redondo, Agoitz Irazoki (estribor), Gonzalo Carrión de proel y Ioseba Amunarriz. Son los mismos que ganaron los títulos de Gipuzkoa y Euskadi y las banderas de Getxo, Zarautz y La Concha, todo lo que han remado juntos. Curiosamente, en aguas donostiarras ganaron su manga los dos días, pero desde las otras tandas Zierbena les batió el primer día y ayer lo hizo Urdaibai.

Con la confianza que les había dado sentirse invencibles -han ganado todas las tandas que han disputado desde que Orbañanos estrenó esta combinación el 11 de julio en el territorial disputado en Mutriku-, los hondarribiarras lo bordaron. Lo mismo que Zierbena, que trató de romper la regata en la segunda mitad del primer largo, pero los verdes no se descompusieron.

En el ambiente de los días previos existía la sensación de que si Hondarribia llegaba por delante a la ciaboga, la bandera tenía dueño. Zierbena quiso hacer saltar la banca antes. En los cuatro minutos que llevaban a la ciaboga, donde la mar estaba pesada, más revuelta que crespada, lo que comprometió la navegabilidad de las embarcaciones.

Los de Juan Zunzunegui -que también repitió equipo- tomaron dos segundos de ventaja, que se diluyeron tras toparse con un par de olas que zarandearon su proa. La incomodidad se instaló después en Hondarribia, que perdió el pie -tres segundos- pero no comba.

Tras la ciaboga, la Ama Guadalupekoa fue limando su desventaja, hasta pulirla a la entrada de la isla. En un tramo en el que también Urdaibai halló petróleo, los de Amunarriz extrajeron tres segundos. Parecía el punto de inflexión, pero fue el punto de partida de una txanpa final llena de alternativas.

A las 86 centésimas con las que partió en el zurrón, Zierbena sumó un segundo más a falta de 400 metros. Con una ola, Hondarribia se adelantó 50 metros después. En cien metros, amasó otro segundo. Hubo reacción 'galipa' con un ola, pero los hondarribiarras devoraron el marrón ya con más corazón que cabeza, algo que suele funcionar de cine en la gran pantalla.

Bermeo y Orio, el orgullo

Los bidasotarras se llevaron el Oscar al mejor actor principal, mientras Urdaibai y Orio rivalizaron por la estatuilla al de reparto. No podían aspirar a más tras caerse una semana antes del casting a ser los protagonistas del filme.

Los de Joseba Fernández regresaron a Bermeo con el pecho henchido por la honrilla salvada y la bilis acumulada durante ocho días. Lograron el triunfo moral en la clausura de una competición que el viernes impugnaron. A partir de esta semana, La Concha podría emprender en los despachos un nueva txanpa a la que es difícil atisbar el rumbo que pueda tomar.

Tambien Orio se reivindicó. Su actuación en la Bandera de La Concha resume un verano en el que los de Jon Salsamendi han vivido entre la cal y la arena. Azules y amarillos fueron superiores a Donostiarra y San Pedro, quinta y séptima ayer. Tras rotar Mikel Arostegi a toda su plantilla, la Libia cerró la clasificación final a 1:07 de Hondarribia. Nunca había habido tanta igualdad entres las ocho traineras.

Así es el remo

'A ver si tienes h... y lo pones en el periódico'. Seguramente será la frase que más escuché la semana pasada entre directivos de clubes y remeros. ¿Yo? ¿Un periódico debe denunciar la evidencia de que nuestro remo precisa sentarse y reflexionar -no necesariamente por este orden- para tratar de solucionar lo que sus propios protagonistas lamentan?

La semana de la Bandera de La Concha resultó demasiado áspera y difícil de digerir aunque cada cierto tiempo se repita esa sensación de amargura. Hondarribia y San Juan no se merecen que hoy centre estas líneas en lo extradeportivo en lugar de ensalzar sus regatones a la altura de sus respectivas temporadas. Pero tampoco me resulta justo que Urdaibai se fuera a casa con la sensación de que no le habían escuchado, y ya no entro en si la sanción era justa o el castigo, excesivo.

Si el mundo arraunlari no se cansa de oír la cantinela de que 'así es el remo', es para hacérselo mirar. La mañana de ayer fue tan espectacular en el agua y fuera de ella con la afición entregada, que merece la pena intentar darle una vuelta.

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