En El Sadar no siempre hace frío
El donostiarra vuelve tras lesión, disputa los últimos 30 minutos y anota un golazo desde el centro del campo para certificar la primera victoria a domicilio del curso
Estamos a finales de noviembre y en El Sadar hace rasca. Aunque el de Pamplona es un estadio donde siempre es aconsejable acudir con algo ... de abrigo. Nunca viene de más echar mano de una rebequita si el partido es incluso en mayo. El termómetro apenas marcaba unos pocos grados este sábado en la capital navarra y, por eso, lo más importante cuando uno pisa el terreno de juego es echar una carrera para entrar en calor. No al trote cochinero. Al sprint. Es lo que hizo Ander Barrenetxea este sábado nada más poner un pie sobre el verde. Atacar la espalda de Juan Cruz para ganar línea de fondo y rascar un córner a favor de los guipuzcoanos.
Ataviado con unos guantes de color negro, como muchos de sus compañeros este sábado, el donostiarra reapareció ante Osasuna para demostrar que, por mucho que el mercurio lo diga, en El Sadar no siempre hace frío. Salió a la hora de juego, cuando Guedes le acababa de dar la vuelta al marcador para la Real, y volvió a ser un puñal constante en la banda izquierda. Cayó lesionado en el derbi frente al Athletic y, sin él, al equipo le faltó velocidad y desborde en Elche. Ninguna sorpresa si se tiene en cuenta que el 7 txuri-urdin está siendo uno de los mejores en este primer tramo de temporada.
Barrenetxea saltó al campo para disputar la última media hora de juego y hacer que su equipo completara la remontada. Los buenos de las 'pelis' salen al final. Su acción no fue a más porque ningún compañero le acompañó, pero dio al equipo un nuevo revulsivo cuando Osasuna todavía se reponía del mazazo que había supuesto el tanto de Guedes.
El donostiarra volvió como se fue: siendo diferencial y anotando el que puede ser, sin muchas opciones a equivocarse, el gol de la Liga esta temporada. Recuperó el balón en campo propio, combinó con Gorrotxategi y disparó desde la divisoria de los dos terrenos de juego mientras se escurría al suelo para clavar el esférico por encima de un Herrera que, como confesaría después el propio atacante, tenía estudiado que el guardameta rojillo suele abandonar la portería cuando su equipo está atacando.
Lo cierto es que la genialidad del 7 realista, similar a la de en su día Iñigo Martínez al Betis o al Athletic, o la de Javi De Pedro al Mérida, terminó por certificar una primera victoria a domicilio que se le resistía a la Real. A partir de ahí, y con un conjunto rojillo partido en dos y que reclamó hasta dos penaltis que no lo parecieron, se dedicó a buscar superioridades cambiando el sentido de juego en busca de un cuarto tanto que no llegaría. Con los tres puntos ya en el zurrón, en El Sadar no siempre hace frío.
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