Una Real Sociedad cada vez más imprevisible en ataque y con mayor movilidad
Guedes y Zakharyan reforzaron el juego interior en la última jornada, desde donde nacieron las mejores acciones ofensivas
La Real ha remontado el vuelo en la Liga. Once puntos en cinco jornadas cambian la cara a cualquiera y, en el caso blanquiazul, le ... ha permitido remontar diez posiciones desde la penúltima hasta la novena. Las victorias han llegado acompañadas de goles, como suele ser normal, y así al Athletic y Osasuna les endosó tres y al Sevilla dos para un total de 17 en 13 jornadas. Esa mejoría en la faceta realizadora es el reflejo en una evolución en el juego que ya se advertía en los primeros partidos pero que ha sido más evidente desde la entrada de Guedes.
Hace un mes, después del empate en Balaídos, en estas páginas ya publicamos que la Real era el cuarto equipo que más hacía trabajar al portero contrario por detrás de Barcelona, Real Madrid y Atlético. Un buen síntoma que ha tenido su evolución en las últimas semanas y se ha traducido en resultados. Esa progresión ha venido más de la mano del juego colectivo que de las individualidades, ya que en Pamplona no fueron titulares dos indiscutibles como Barrenetxea y Kubo, que saltaron al campo con un marcador favorable.
Real Mallorca (Jornada 6)
Osasuna-Real (Jornada 13)
Real Mallorca (Jornada 6)
Osasuna-Real (Jornada 13)
Real Mallorca (Jornada 6)
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Osasuna-Real (Jornada 13)
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Osasuna-Real (Jornada 13)
La Real de esta temporada se ha convertido en un equipo con más movilidad arriba y, por tanto, más imprevisible para el adversario. La jugada del 1-2 en El Sadar es el mejor ejemplo de ello, con los tres realistas más adelantados superando a la defensa rival por sus movimientos. La clave es que tanto Guedes como Zakharyan ocupan posiciones centradas en el inicio de la acción y les meten el balón por dentro.
El intercambio entre las posiciones de los de arriba hizo que la segunda línea llegara más: Brais marcó y Soler firmó tres remates
En cuanto el portugués lo recibe en el pasillo del '8', Zakharyan rompe al espacio desde la mediapunta para fijar a los centrales y Oyarzabal se descuelga desde su posición para recibir el pase de su compañero. Esa acción hace que Boyomo dude si saltar a por él y cuando lo hace es carne de cañón para el regate del realista al estar fuera de zona. Guedes tira una diagonal por delante para atacar el espacio pero sin incurrir en fuera de juego y sin perder ángulo de tiro, lo que luego le permite tener un disparo franco. Lo mejor de la jugada es que si lo hubiese cruzado demasiado lo habría abrochado Zakharyan en el segundo palo.
Dos años atascados. Desde que la Real rozó la excelencia en la Champions en los últimos meses de 2023 ha vivido casi dos años atascada en ataque. Casi todas las miradas han ido dirigidas al delantero centro, porque André Silva, Carlos Fernández, Sadiq y Óskarsson apenas han aportado en este tiempo, pero detrás se escondía un problema de juego.
La lesión de Barrenetxea, precisamente en Pamplona hace dos años, y la marcha de Kubo a la Copa de Asia en enero de 2024 sumergió a la Real en una sequía goleadora que no se corrigió cuando volvieron. En las últimas 20 jornadas de esa Liga solo anotó 22 goles, siendo el sexto que menos marcó únicamente por delante de los descendidos Granada y Las Palmas, además del Cádiz, Rayo y Mallorca. Algo extraño para un conjunto que se clasificó para la Europa League. La pasada campaña fue el tercer conjunto menos realizador con 35 goles en 38 jornadas, superando tan solo al Valladolid (24) y Getafe (34). Y eso que Oyarzabal se fue hasta los nueve goles. No se trataba de una mera cuestión de futbolistas sino de un contexto más amplio de cómo se relacionaban entre ellos.
Movilidad y espacio. La presencia de dos extremos desequilibrantes como Kubo y Barrenetxea condicionó mucho la forma de atacar, en parte porque lo que debía ser una alternativa interesante para buscar la portería contraria se convirtió en muchas ocasiones en el único camino para atacar. Y los rivales se dieron cuenta y supieron neutralizar la destreza individual de ambos con ayudas y superioridades defensivas. El resultado fue una Real estática en campo contrario, lenta porque abusaba del juego al pie y con un delantero centro condenado a pelear siempre en inferioridad ante la defensa contraria. Tal fue el atasco el año pasado que la segunda línea apenas tuvo espacio para incorporarse al remate, con tres goles de Brais, el mediapunta, y uno solo de Sucic, el titular en la segunda altura del centro del campo.
La irrupción de Guedes aprovechando los problemas en el tobillo de Kubo ha desanclado de la banda al atacante blanquiazul que se mueve por la derecha, ya que arranca desde ahí pero no se sabe dónde puede terminar. Ante el Celta sirvió un centro a Soler desde línea de fondo por la derecha, contra el Athletic marcó tras superar en un mano a mano a Vivian como último hombre por el pasillo central y en Pamplona anotó desde el perfil izquierdo. Y lo que es muy importante, atacando el espacio.
En la última jornada esa Real más imprevisible se vio ayudada por la presencia de Zakharyan como falso extremo izquierdo. El ruso ya jugó ahí en su primera temporada cuando Barrenetxea se lesionó haciendo buenos partidos, como aquel 0-3 en Villarreal en diciembre de 2023. Ante Osasuna se manejó mucho por dentro y eso permitió generar superioridades en zonas interiores desde las que se generaron las mejores oportunidades ante la meta de Sergio Herrera.
Dominio del juego interior. La Real que tanto creció en esta década lo hizo desde el dominio del juego de posición y la calidad por dentro de Odegaard y Silva entre 2019 y 2023. La retirada del canario y la salida de Sorloth ese verano obligó a recurrir al fútbol exterior de Kubo y Barrenetxea sin que el equipo haya recuperado hasta ahora la opción de amenazar tanto en el juego interior.
Una comparativa de los mapas de calor del partido de la sexta jornada contra el Mallorca, el último en el que formaron de inicio Kubo, Oyarzabal y Barrenetxea, y los del sábado pasado contra Osasuna muestra una diferencia abismal en la forma de atacar de la Real. En el primero los extremos concentran todo el juego por fuera sin apenas presencia en los pasillos interiores y Oyarzabal apenas pisa el área, cayendo más a descargar entre líneas o a las esquinas para generar superioridades. Al final, el gol del triunfo vino en una jugada individual de Barrene por fuera que empujó el capitán a puerta vacía.
En Pamplona los teóricos extremos jugaron por dentro, aglutinando mucho balón en el poste interior para desde ahí orientar el juego a la banda contraria como en la acción del 1-2. Oyarzabal, curiosamente, tuvo más presencia en área porque cuando llegó lo hizo en mejores condiciones, firmando tres remates a puerta.
Para que Guedes y Zakharyan se manejasen por dentro fue importante que los compañeros les metiesen balones desde fuera, algo en lo que destacaron tanto los centrales como los centrocampistas. Esa mayor versatilidad también se está traduciendo en una mayor llegada de la segunda línea porque hay espacios. Brais ganó altura en la segunda parte y desde ahí marca el empate y Soler dispuso de tres buenos remates en los que le faltó poco para marcar, con dos paradas de Herrera. La maquinaria ofensiva está cada vez más engrasada y ha sido producto de una evolución en el juego desde una mayor presencia por dentro y movilidad en la delantera.
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