Europa apeló al espíritu de 'Seve' para una victoria épica

«Estos chicos me han hecho sentirme vivo de nuevo», enfatizó Olazábal, el capitán del viejo continente, tras consumarse una remontada histórica

ISABEL TRILLOMEDINAH (CHICAGO)
El equipo europeo celebra el triunfo en la Ryder Cup. / Jeff Haynes (Reuters)/
El equipo europeo celebra el triunfo en la Ryder Cup. / Jeff Haynes (Reuters)

La hazaña que consiguió el domingo el equipo europeo de la Ryder Cup, remontando cuatro puntos en terreno estadounidense, pasará sin duda a las anales de la historia del deporte y marca un antes y un después en la Ryder Cup.

"No sé si eso es así. Hito histórico en 1979, cuando se incluyeron a los jugadores continentales. Es verdad que ahora hemos batido un récord histórico. Estos chicos me han hecho sentirme vivo de nuevo", comentaba José María Olazábal, el capitán del viejo continente, al terminar el torneo.

En 39 años de historia de la Ryder Cup sólo una vez uno de los dos equipos había remontado cuatro puntos en contra en la jornada de los individuales, tradicionalmente de pleno dominio americano. Y fue en la famosa Ryder de Brookline, Massachussets, en 1999, y cuyas imágenes de la invasión del 'green' del 17 por parte de Justin Leonard y todos los jugadores americanos antes de que pateara Olazábal, han recorrido medio mundo desde entonces.

"Todavía estoy en estado de shock. Ahora entiendo lo que sintieron los europeos en 1999", comentaba Davis Love III. Hasta Tiger Woods espera despertar de esta pesadilla en la que ha conseguido solo medio punto para el equipo; aunque peor lo lleva Steve Stricker, otro de los hombres fuertes americanos que se va con cero puntos en su marcador.

Y no es de extrañar. Tras dos jornadas de 'Foursomes' y 'Fourballs' de viernes y sábado en las que los estadounidenses habían hecho un trabajo impecable, colocando el marcador con un favorable 10-6, los americanos solo necesitaban cuatro puntos y medio de los doce en juego para ganar la Copa. Europa, en cambio, requería ocho para empatar y retener el título.

Olazábal apeló a la épica de los grandes momentos del deporte. "Les conté lo que significaba para mí la Ryder, mis vivencias, los recuerdos que vivimos 'Seve' y yo, buenos y malos. Les recordé que aquí solo hay ganadores y vencidos y que daba igual que ganáramos o perdiéramos pero que jugaran bien para que luego no nos sintiéramos culpables. Les di confianza en sí mismos y la convicción de que ellos podrían lograr lo que se propusieran. Les hice creer, como yo creía en ellos", explicó el de Hondarribia.

Llegaba la hora de los emparejamientos individuales, y Olazábal decidió poner a sus primeras espadas en los primeros puestos para conseguir puntos rápidos y luego mezclaros. Fue decisión suya poner primero a Luke Donald y el último a Francesco Molinari.

"Necesitábamos ganar puntos muy rápido para tener alguna opción. Cuando nada más empezar el día vi casi todo el marcador en rojo la verdad es que lo pasé mal, fue quizá mi peor momento de esta Ryder", confesó Olazábal.

Pero rápidamente el color azul de los europeos (el domingo de azul marino y polo blanco, como le gustaba a Seve) fue apareciendo en el marcador, de la misma forma que los puntos fueron cayendo del lado de Europa. Donald, Poulter, McIlroy (que por cierto llegó con el tiempo justo al 'tee' del 1 tras una confusión de horario) y hasta Rose le ganó la partida a Phil Mickelson en los dos hoyos finales con dos inmensos 'putts'.

Las dudas de Sergio

Los americanos tardaron casi cuatro horas en sumar su primer punto, el de Dustin Johnson frente a Nicolas Colsaerts (primer belga en la historia de la Ryder Cup) por 3 y 2; y en el partido siguiente Graeme McDowell caía derrotado antes Zach Johnson. Y con el punto de Lee Westwood sobre Matt Kuchar el marcador se igualaba a doce. De pronto, todos los ojos se posaron en Sergio García y Jim Furyk, en los partidos finales entre Martín Kaymer y Sgeve Stricker y Tiger Woods - Francesco Molinari. El capitán americano había colocado a los "teóricamente" jugadores más fuertes al final de la lista, por si tenían que rematar la faena.

Sergio García llegaba a estas Ryder con muchas dudas. Es más, un mes antes le había dicho a Olazábal que si no se clasificaba que no le escogiera, que no se encontraba bien de juego. "José María me dijo poco más o menos que si estaba loco, que cómo me iba a perder un evento como éste y que hiciera todo lo posible por estar. Ahora se lo agradezco", dijo el castellonense tras un partido duro frente a un rival correoso, con alternancias en el marcador. Pero la presión pesaba más sobre los jugadores americanos que veían que solo tenían que sumar cuatro puntos y que no llegaban. García hizo lo que tenía que hacer, meter pares y fue Furyk quien falló en los dos últimos hoyos.

Europa se colocaba por primera vez en el marcador 12 - 13. Los cánticos americanos cesaron de golpe y ya sobre el campo solo se veían las banderas azul estrelladas. Los dos últimos partidos iban a ser la clave del torneo.

En realidad el equipo europeo jugaba más a gusto que los americanos, presionados por la remontada espectacular del rival. Steve Stricker (número 11º del mundo) se va como un alma en pena de Chicago; y Tiger Woods (número 2) con el medio punto que al final cedió frente a Francesco Molinari.

Manda el equipo

Quizá lo que estos jugadores no han captado, y el resto del equipo americano, que la Ryder Cup es un evento de equipo. Lo demostró Martin Kaymer: solo había un jugado los 'Fourballs de la tarde del viernes junto a Rose y no solo perdieron el punto sino que el alemán dio una imagen muy pobre de juego. "Es verdad que no estoy en mi mejor momento. El viernes por la tarde me llamó Bernhard Langer, estuvimos hablando un buen rato y, no sé, algo cambió en mi. Cuando al día siguiente, se me acercó Olazábal en los últimos hoyos y me dijo, "Martin" necesitamos tu punto", fue como decir, "`A la orden mi capitán, lo voy a conseguir!". Y lo hice"

Kaymer vengó el recuerdo de Langer, cuando perdió aquella Ryder de 1991 al fallar un 'putt' de similar distancia a la que él tenía. "Miré el 'putt' mil veces, vi que había unas marcas de zapatos en la línea (esos piques no están permitidos aplanarlos), pero en el fondo de mí pensé: no, no puede ocurrir otra vez". Cuando pateé estaba extrañamente calmado y la bola entró", dijo Kaymer.

Se consumó el milagro y Europa vuelve a casa con la Copa Ryder y un hito digno de un Guiness. La fuerza de Seve Ballesteros, presente en todo momento en el Team-Room europeo y reencarnada en el espíritu de Olazábal, ganaron esta Copa de la que se escribirán ríos de tinta. La próxima, dentro de dos años en Escocia, la cuna del golf.

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