La UE de la disciplina fiscal deja aislado a Reino Unido

26 países de la UE se suman al pacto de Alemania y Francia para una unión fiscal y dejan aislados a los británico

IÑAKI CASTROCORRESPONSAL EN BRUSELAS
La UE de la disciplina fiscal deja aislado a Reino Unido

La UE vivió ayer uno de los choques más violentos de su historia reciente. En el vigésimo aniversario del acuerdo que impulsó el Tratado de Maastricht, el gran pacto que diseñó la Unión actual, los Veintisiete rompieron su tradición histórica de avanzar al unísono a través de consensos a veces imposibles. Acorralados por la crisis y con la supervivencia el euro en juego, 26 socios optaron por meter la directa en su integración para poner en marcha en 2012 la Europa de la disciplina fiscal. Reino Unido, capital histórica del euroescepticismo, reaccionó con un nuevo no que le deja aislado y con serio riesgo de que decida repensarse su pertenencia al proyecto europeo.

Desde su ingreso en 1973, Gran Bretaña ha sido el socio más incómodo de la UE. Con una concepción de Europa como una gran zona de libre comercio, Londres ha defendido siempre su soberanía con uñas y dientes, aunque en el último segundo de cada disputa se alcanzaba un acuerdo para preservar la unidad del bloque. Ayer, los miembros de la Eurozona pusieron fin a estos alambicados acuerdos de circunstancias. Los 17 países del euro, escoltados por otros nueve socios, optaron por no mirar atrás y poner rumbo hacia una unión fiscal que se concretará en los próximos meses. «Hubiéramos preferido un acuerdo a 27. No ha sido posible por la posición de nuestros amigos británicos», resumió con sorna Nicolas Sarkozy.

La fractura se fraguó en la larga noche de negociaciones que siguió a la cena del jueves. Aunque el presidente de la UE, Herman Van Rompuy, dejó para el final la parte más espinosa, el consenso fue imposible. David Cameron expuso a sus socios que solo aceptaría una reforma del Tratado de Lisboa, el corazón legal comunitario, si los intereses de su país quedaban protegidos. Es decir, que Londres debía obtener garantías de que podría frenar cualquier regulación financiera dañina para la City, uno de los motores de su economía.

«Inaceptable»

Sarkozy fue el primero en plantar cara a Cameron. El presidente francés le recriminó que sus condiciones eran «inaceptables». En su comparecencia tras la cumbre, el líder galo recordó que el germen de la crisis fue «la desregulación de los servicios financieros». «Si aceptamos una derogación para Reino Unido, sería poner en cuestión gran parte del trabajo hecho hasta ahora», agregó. El líder tory no se apocó y activó su derecho de veto ante una posible reforma del Tratado.

Siguiendo la ruta marcada por Merkel y Sarkozy, los socios optaron por seguir adelante sin Reino Unido. Ante la imposibilidad de revisar la legislación de la Unión, lo que hubiera otorgado al acuerdo mayor firmeza, la alternativa fue articular un pacto intergubernamental. Los 17 miembros de la moneda única se sumaron junto a los otros seis con los que suscribieron el pasado invierno el Pacto del Euro Plus, un conjunto de medidas para impulsar la competitividad. Reino Unido se quedaba con Suecia, República Checa y Hungría como aliados. Horas después, sin embargo, los tres países sentían el vértigo del aislamiento y anunciaban su disposición a unirse a la mayoría.

Gran Bretaña estaba completamente sola. «Hay que aceptar que algunas veces hay que quedarse fuera», proclamó Cameron antes de constatar su «felicidad» por no pertenecer al euro. Al otro lado del Canal de La Mancha, la noticia provocó un torbellino de reacciones ante la previsible pérdida de influencia del país en la UE.

Satisfacción

Pese al amago revanchista británico, los socios no ocultaron su satisfacción por el acuerdo. Merkel fue de las más expresivas al constatar que la UE ha aprendido «de los errores pasados». La canciller germana remarcó que la «credibilidad» del euro se había «escrito en mayúsculas». Convencida de que la moneda única se enfrenta a una crisis de confianza, la mandataria alemana exigía el fortalecimiento de la normativa fiscal para recuperar el respaldo de los inversores. Aunque todavía debe ser desarrollado, el acuerdo incide esencialmente en la necesidad de blindar la austeridad con sanciones más duras y ágiles.

Como medida estrella, los 26 países pactaron adoptar a nivel constitucional la regla de oro. Esta exigencia limita el déficit estructural a un 0,5%, una décima más de lo establecido por España tras su reforma de la Carta Magna del pasado verano. En cuanto a las sanciones por no controlar las cuentas públicas, a partir de ahora pasarán a ser más automáticas porque el socio afectado deberá lograr una mayoría en contra para frenar el castigo. El paquete se remata con la posibilidad de que la Comisión pueda ordenar cambios en los presupuestos nacionales si no se respeta el principio de equilibrio.

Aún queda mucho camino por recorrer. Van Rompuy tiene que redactar ahora el nuevo tratado, proceso que terminará previsiblemente en marzo. Después, los países deberán ratificarlo. Además, algunos socios puede que necesiten un referéndum. Irlanda, que ya ha dado varios sustos en las urnas a la UE, alertó de que hay un 50% de posibilidades de que convoquen una consulta.

A corto plazo, el club de la divisa común también acordó acciones para tranquilizar a los inversores. De entrada, los dos fondos de rescate el temporal y el permanente que estará operativo en 2012 funcionarán en paralelo para ganar potencia de fuego. Con el mismo objetivo, se transferirán 200.000 millones al FMI para que se implique más a fondo en la crisis de la deuda.