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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

Quizá la medida más urgente que debe afrontarse para estabilizar nuestra economía y virar su rumbo, tanto en el ámbito estatal como autonómico, tiene que ver con el acceso a la financiación por parte de familias y empresas

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Para superar la crisis
:: ALFONSO BERRIDI
Una vez despejada la incógnita de las urnas, son muchas y de envergadura las tareas que deberá acometer el nuevo Gobierno para estabilizar nuestra economía y virar su rumbo. Pendientes aún de las medidas concretas que éste impulse y de cómo influyan en la percepción de los mercados, los objetivos a abordar para salir de la difícil situación no ofrecen, sin embargo, demasiadas dudas. Necesitaremos, en primer lugar, un plan integral y creíble para restaurar la confianza en la economía española. Un plan que, más allá de lo que haga Europa para salvaguardar el futuro de la Zona Euro, permita el cumplimiento estricto y sin demoras de los objetivos del déficit, la asunción de las reformas estructurales que fomenten nuestro crecimiento y la puesta en marcha de medidas de estímulo capaces de generar actividad y empleo. Habrá, además, que recuperar el liderazgo perdido en el ámbito comunitario para que las medidas que desde éste se establezcan no acaben penalizándonos, pese a nuestros esfuerzos.
El cumplimiento del déficit exigirá, a su vez, racionalización y reconversión de las diferentes administraciones públicas. Deberán primar la austeridad, la eficiencia y la inversión productiva, optimizarse tamaño, costes y estructura y ahondar en un modelo de financiación que contemple mayor responsabilidad en las desviaciones de déficit y gasto y un mayor ajuste de éstos a las posibilidades reales de ingreso.
Con todo, quizá la medida más urgente a afrontar, tanto en el ámbito estatal, como autonómico tiene que ver con el acceso a la financiación por parte de familias y empresas. Además de la escasez y carestía del crédito, la profundidad y prolongación de la crisis está haciendo que a nuestras empresas les resulte cada vez más acuciante el suministro de oxígeno financiero no ya sólo para la inversión, sino para mantenerse en el día a día mientras llegan tiempos mejores. De ahí la necesidad de articular líneas de refinanciación de préstamos y de renovación del circulante, como las que en 2009 se pusieron en marcha desde las administraciones públicas.
Hará falta también concluir las reformas para que, desde el propio sector financiero, el crédito fluya sin cortapisas y deberán, además, ser resueltos los problemas de liquidez que la morosidad, especialmente pública, suponen para muchas empresas y que, junto a la falta de financiación, amenazan hoy su supervivencia. Sin financiación y sin liquidez existe el riesgo de que la actividad económica se colapse cuando no sólo es más débil, sino que resulta más perentoria que nunca para favorecer la recuperación económica.
Igual de importante y urgente será acelerar la vuelta al crecimiento y al empleo a través de la dinamización de la demanda y de políticas que fomenten la competitividad. Sólo con recortes no vamos a poder salir de la crisis y la dinamización económica y la competitividad serán la mejor herramienta con que contemos no sólo para superar la situación y activar un desarrollo sostenido, sino para ayudar a resolver los problemas de confianza, déficit y endeudamiento.
Como primera medida para favorecer el impulso económico será esencial afrontar con decisión y profundidad reformas estructurales en diferentes ámbitos, pero muy especialmente en el laboral y el fiscal.
En primer término deberán atajarse la rigidez y falta de adecuación de nuestro mercado de trabajo para que éste sea capaz de favorecer la creación de empleo, su estabilidad y la competitividad de las empresas, dejando de interferir en las necesidades de flexibilidad interna de éstas. El hecho de que nuestra economía haya perdido más empleo, a más velocidad y con efectos más dramáticos que en otros países afectados por la crisis evidencia que el actual modelo ya no sirve y que se impone una alternativa. Alternativa que debemos, además de a los casi 5 millones de parados, a las nuevas generaciones, hoy con severas dificultades de acceso al mercado laboral.
Reforma igualmente imprescindible a abordar por el nuevo Gobierno y por las diferentes autonomías, incluida la nuestra, será también la fiscal. Una reforma fiscal que no nazca exclusivamente para cubrir objetivos presupuestarios o recaudatorios, sino que tenga su prioridad y foco en la creación de empleo, favoreciendo para ello el desarrollo de la actividad empresarial y su competitividad, en línea con lo hecho por países como Alemania.
Más allá del establecimiento de estas y otras medidas a implantar en el ámbito educativo, de la sanidad, la justicia, el apoyo al emprendizaje, la simplificación administrativa, las políticas de empleo, innovación o internacionalización, otro elemento esencial de éxito en las diferentes actuaciones de los gobiernos será también la apuesta por la colaboración público-privada. Especialmente en Euskadi la colaboración entre los gobiernos, las empresas y sus representantes ha permitido que nuestra comunidad sea diferencial en muchos aspectos y debería, por tanto, seguir siendo una prioridad en el diseño, ejecución y desarrollo de nuestras políticas públicas si queremos mantener lo logrado y dar una adecuada respuesta a los retos que tanto en el presente, como en el futuro se nos plantean.
El momento económico es delicado, las perspectivas poco halagüeñas, pero si sabemos hacerle frente con las medidas necesarias, si existe valentía, decisión y responsabilidad, si desde los gobiernos se asume la emergencia del momento y se le da una adecuada respuesta, si no nos desanimamos y si colaboramos todos en el esfuerzo con compromiso y afán constructivo no hay duda de que superaremos la crisis y saldremos, además, reforzados de ella.
No sólo habremos asentado el futuro sobre bases más sólidas, sino que garantizaremos una economía más productiva y competitiva, más y mejor empleo y una utilización eficiente de los recursos que, entre otras cosas, nos permitirá salvaguardar también nuestro Estado de Bienestar.

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