Viaje a los confines del Infierno

¿Por qué un barrio de San Sebastián recibe el nombre de El Infierno? El mismísimo 'bisnieto de Judas' nos desvela un misterio que a punto estuvo de caer en el túnel del olvido.

GONTZAL LARGO
El cartel que lo inició todo: se puede decir más alto, pero no más claro. [G.L.]/
El cartel que lo inició todo: se puede decir más alto, pero no más claro. [G.L.]

No es la primera vez que hablamos del barrio de El Infierno. Ya en 2003, buceamos en los recovecos de esta incógnita a raíz de un cartel existente en el parque empresarial de Zuatzu. ¿Qué tenía de especial el rótulo en cuestión? Que hacía clara y explícita referencia a 'El Infierno'. Es decir, que indicaba cómo llegar al averno. Lo que, en un principio, parecía un bautizo popular, adquiría con esa señalización un carácter oficial que nosotros desconocíamos. Así, nos lanzamos tras la búsqueda de una respuesta para la pregunta: ¿Por qué un barrio de San Sebastián había recibido un nombre semejante?

No costó demasiado dar con una retahíla de versiones que justificaban, con mayor o menor acierto, el nombre. Pero había un problema: no podíamos dar ninguna como válida. Así, hubo quien afirmó que el nombre hacía referencia a lo alejado que se encontraba ese barrio con respecto, no sólo el centro de la ciudad, sino del propio barrio del Antiguo; o quien defendió que, antiguamente, había en el lugar un local remotamente parecido a un burdel, de ahí que se comentara que, quien acudía al lugar, se estaba arriesgando a pasar la eternidad en los dominios de Satanás. Otra de las versiones la recogía Javier Sada en su popular libro sobre las calles de la ciudad y rezaba que, justo donde se halla el barrio, había una curva muy peligrosa -extremo que también es cierto- en la que hubo numerosos accidentes. Nos encontramos con tantas posibilidades como niveles tiene la mismísima morada de Satanás.

La que creíamos era la solución definitiva nos llegó de la mano de Josu Tellabide, del departamento de Etnografía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y vecino de la zona. En un artículo publicado en 1994 en la revista Irutxulo, Tellabide arrojaba luz sobre el caso y explicaba que en torno a la casa más antigua del barrio -de nombre Zubiberri, antaño posada y taberna- se construyeron varios talleres que adoptaron el nombre de Inpernua. El autor creía que este topónimo es una respuesta a los sobrenombres de otras posadas con títulos más benévolos y celestiales como 'Casa Belén'.

El bisnieto de Judas

Pero, hace unos días, descubrimos que el enigma no estaba solucionado del todo. Nos llamó por teléfono Ricardo Caso Soroa que se definió como 'el bisnieto de Judas'. El Judas en cuestión fue su bisabuelo, Miguel María Izaguirre Arocena, a la sazón propietario del caserío Belén que, durante décadas, permaneció a orillas de la N-I, en los terrenos que nos traen de cabeza. Ricardo, decía, tenía toda la información relacionada con el misterioso apelativo y se ofrecía a narrarla. Hela aquí.

El lugar recibe el nombre del Infierno debido al vial por el que discurre la N-I entre Andoain y Ventas de Irún, construido a mediados del siglo XIX. Recordemos que, por aquel entonces, la única salida al exterior que tenía la actual capital guipuzcoana discurría por Oriamendi, es decir, la actual carretera de hospitales.

Entre los años 1845 y 1847 se llevaron a cabo las citadas obras y, curiosamente, uno de los principales problemas a los que se enfrentaron los operarios fue la gran cantidad de árboles que había en el trazado. Por ello, con la ayuda de una máquina especialmente creada para ese menester, se arrancaron cientos de troncos. ¿Qué se hizo con ellos? Quemarlos en lo que fue una gigantesca hoguera que, durante semanas, permaneció encendida.

Este hecho no pasó inadvertido para los viajeros y vecinos que no tardaron en rebautizar la zona con un sustantivo relacionado con las altas temperaturas y la presencia de fuego: El Infierno. El lugar en el que se encontraba esta fumarola, ya lo habrán adivinado era el terreno aledaño al conjunto de casas y naves industriales que hoy reciben ese nombre.

Hombre de acción

Por aquel entonces, nació el ya citado Miguel María Izaguirre Arocena, bisabuelo de Ricardo Caso Soroa. Miguel María fue un hombre de acción: se casó, tuvo seis hijos, enviudó, se volvió a casar y engendró otras seis criaturas, a las que había que sumar los dos vástagos que ya tenía su nueva esposa. En total, catorce bocas a las que alimentar entre él y su cónyuge.

Años antes, Miguel María se había ganado el apelativo de Judas, sólo por el hecho de vivir junto a la hoguera en la que ardían los troncos que se arrancaban de la futura N-I. La que así le bautizó fue su suegra cuando le dijo: «Si esto es El Infierno y tú vives en él, has de ser Judas». A partir de entonces, Miguel María y sus descendientes se quedaron con ese nombre y todos los derivados: los hijos de Judas, los nietos de

Pero la historia no acaba ahí y las paradojas se siguen sucediendo. Para proporcionar un techo a sus 14 hijos, Judas mandó construir un inmenso caserón al que bautizarían con el nombre de Belén aunque el propio Miguel María prefería llamarlo Zerua, el cielo. ¿La razón? Una frase que a él le gustaba entonar: «Lo que yo he conseguido en la vida, no lo ha hecho nadie: sacar a la familia del Infierno y llevarla al Cielo».

Próspero negocio

El caserío, situado al borde del camino que conducía a San Sebastián, era un próspero negocio ya que por ahí discurrían la mayoría de vehículos y diligencias que iban y venían de San Sebastián. Es por ello por lo que Belén aglutinaba, amén de la vivienda de Miguel María y familia, una taberna, una sidrería y una estancia que hacía las veces de herrería y carpintería. El acceso al edificio era un inmenso portón con arco de medio punto. Tan frecuentes eran los encuentros en ese lugar -siempre había algo que arreglar- que el saber popular lo comenzó a llamar: «El Portal de Belén», cerrándose este caprichoso círculo de contrasentidos.

El paso del tiempo ha hecho mella en el lugar. Casa Belén y varios de los caseríos vecinos desaparecieron al construirse la actual variante de San Sebastián. En la actualidad, sólo queda en pie Belen-Berri, en solitario, dominando la loma y sitiada por la N-I y la variante donostiarra. ¿SABE ALGO QUE NOSOTROS NO SEPAMOS?I ¿Conoce algún secreto de San Sebastián que le gustaría compartir? ¿Tiene alguna pregunta, propuesta o corrección que podría ayudar a arrojar algo de luz sobre aspectos insólitos de nuestra ciudad? Escriba una carta a El Diario Vasco indicando bien claro 'San Sebastián insólito' o un e-mail a: info@gontzallargo.com.

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