Jueves, 5 de julio de 2007
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SURF
Cuando no todo son olas y playas paradisíacas
Aritz Aranburu sufrió un auténtico tormento en su viaje a Suráfrica que le llevó a pasar doce horas en una celda al portar un pasaporte supuestamente defectuoso
Cuando no todo son olas y playas paradisíacas
Aritz Aranburu ha pasado una auténtica odisea en Suráfrica. En la imagen, el surfista guipuzcoano en la playa de Zarautz. [DAVID APREA]
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SAN SEBASTIÁN. DV. «A la cárcel, sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar las 20.000 pesetas». Es la leyenda que figura en la casilla más temida del Monopoly. Vuelta hacia atrás y a esperar turno mientras todos avanzan y la banca arroja dividendos. Una prueba de paciencia en toda regla. Como a la que fue sometido Aritz Aranburu en su desplazamiento a Durban (Suráfrica), donde disputa estos días una prueba del circuito mundial QS. Estancado, reculando y retrocediendo, su viaje, desde el pasado jueves hasta el martes, fue más un guión de Woody Allen con tintes de terror.

La policía surafricana le cortó el paso en la frontera y el zarauztarra se quedó sin poder elegir el camino correcto. El motivo, un pasaporte supuestamente defectuoso al que un policía galo le había arrancado la cubierta horas antes en el control de embarque de París. Aritz Aranburu pasó de ser el duodécimo surfista clasificado en el QS al purgatorio del anonimato. Fue como un pulso entre excavadoras y un modesto utilitario. Envuelto en sombras. Tragado por la tierra. Con la mirada gélida. A Aritz Aranburu le retuvieron durante doce horas en una celda. Doloroso, criticable, inexplicable...lo que ustedes quieran. Un egipcio fuera de su sano juicio -no se puede definir de otra forma a quien dedicó su tiempo a destrozar el techo de la celda- fue su compañero en el hotel Las Rejas. Oscuridad y vacío frente a la luz de un deporte como el surf.

De vuelta a Madrid

Una llamada de teléfono fue el gesto generoso que le dedicó la policía surafricana. Suficiente para poner en marcha el mecanismo que permitiera abrir la puerta del país africano o en el peor de los casos la vuelta a casa. Alguien descolgó el teléfono en una agencia de viajes zarauztarra. Ertzaintza, familia, embajada...todos se pusieron sobre la pista. Sirvió para que el joven surfista saliera de aquella minúscula celda y pudiera coger un avión de regreso. Había que renovar el pasaporte y el DNI, éste extraviado en un viaje en Australia. Imaginen también los sellos que puede tener el pasaporte de un surfista para quien las terminales de aeropuerto y las impersonales habitaciones de hotel terminan siendo su hogar.

La solución la encontró en la policía de Barajas, que agilizó los trámites. El campeonatos comenzaba en dos días. Otro se hubiera descompuesto, pero Aritz Aranburu transformó el ego herido en positivismo. Un zarauztarra residente en Madrid, Joxean García, también puso su granito de arena. Fue quien le asesoró, dio cobijo y frenó sus pulsaciones. El camino parecía enfilado después de un meneo en toda regla. Restaban otras quince horas de vuelo hasta Durban y un nuevo reto en la frontera. No hubo problema. La gira había terminado. Lo mejor estaba por llegar. Después de incontables horas de vuelo, nervios y pocas horas de sueño, Aritz Aranburu pasaba primero de su manga en el campeonato. Todavía sigue en competición.

 
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