'Maddi', la incansable mochilera

Vecinos y conocidos de la joven zarauztarra fallecida en Yemen la recuerdan como una «chica inquieta y aventurera» que cada vez que ahorraba un poco se iba a recorrer mundo

AMAIA CHICO
'Maddi', en la Patagonia argentina, durante el concurso de televisión en el que participó hace dos años./
'Maddi', en la Patagonia argentina, durante el concurso de televisión en el que participó hace dos años.

ZARAUTZ. DV. Aventurera, inquieta, comprometida, abierta, encantadora son algunos de los adjetivos que los vecinos y conocidos dedicaban ayer a la joven zarauztarra de 24 años que falleció el lunes en el atentado de Yemen. Maddi Álvarez Calleja, como le gustaba escribir su nombre a ella, se definía como una «mochilera», una persona inquieta que en su corta vida no ha parado de viajar por todo el mundo. Sudamérica, Australia, Londres -donde estudió ballet clásico-, Tailandia «Ha conocido más de lo que conocería yo en tres vidas», decía una responsable de la residencia de ancianos Santa Ana, donde trabajó durante algún tiempo.

Éste fue uno de los muchos trabajos que desempeñó con el propósito de ahorrar dinero e irse de viaje. Quizás éste era el que más se adecuaba con sus estudios de auxiliar de enfermería, aunque no con su espíritu de «mochilera», como ella se definía. «La recuerdo con mucha vitalidad, se entendía muy bien con los ancianos, y siempre estaba pensando en su próximo viaje», comentaba una de sus antiguas compañeras. «Ha muerto casi como ella quería vivir, viajando», lamentaba.

Pero esta nueva aventura, que inició el pasado día 30, iba a ser algo más. En la ikastola Orokieta Herri Eskola, donde estudió EGB, su director y el que fuera su tutor durante el último curso, Xabier Mujika, aseguraba que en este viaje quería aprender de la mano de Mikel Essery, el otro guipuzcoano fallecido, a ser guía turística, para lo que también se había formado. «Quería conocer la zona para luego quedarse en agosto de guía», decía Xabier, quien se enteró de la noticia a primera hora de la mañana. «Ha sido un golpe duro para todos», afirmaba, «porque tanto ella como Mikel, al que también conocíamos, eran personas muy valiosas».

La muerte de Maddi (Magie, en su pasaporte), que vivía en el número 14 de la calle Zuberoa de Zarautz junto a su madre y sus dos hermanas, Noemi, unos años mayor que ella -y también viajera-, y Usoa, de 18 años, impactó con dureza en el pueblo, donde la familia Calleja es bastante conocida. «La madre, Blanca, ha regentado durante muchos años un chiringuito veraniego de concesión municipal en el malecón de Zarautz, en Beraza», comentaban algunos conocidos de la familia. «Maddi también estuvo trabajando en él algún verano», indicaban en el bar Kikara, debajo de su casa, donde también estuvo de camarera. Recientemente había logrado una plaza en la Escuela de Música y Danza de Donostia para estudiar Control Escénico el próximo año.

Al fin del mundo

La conocida pasión de la joven zarauztarra por los viajes -del último, a Tailandia, había vuelto días antes de las fiestas de San Pelayo- le llevó hace dos años a participar en el programa de ETB El conquistador del fin del mundo. Su paso por allí fue corto, apenas cinco o seis días, pero su presencia caló entre los concursantes, con quienes seguía manteniendo contacto. El ganador de aquella segunda edición, el lazkaotarra Raúl Arribas, es uno de los que más congenió con ella. «Hicimos buenas migas, nos llevábamos muy bien», aseguraba ayer, después de una movida mañana de llamadas telefónicas entre todos los compañeros. «Estamos flasheados».

«Yo me la encontré hace unas semanas en Donosti y quedamos para comer», relataba Raúl. «De hecho, me dijo que cuando volviera del viaje ya haríamos otra comida». En esa última cita, Maddi le contó que ahora estaba trabajando temporalmente en campañas de promoción de alguna marca de tabaco. «Yo le dije 'pero qué andas en eso' y me dijo que para conseguir dinero», recuerda Raúl, que define a su compañera en la Patagonia como una joven con «una mentalidad y una forma de pensar muy clara, sabía muy bien lo que quería, tenía la cabeza muy bien amueblada». «Se notaba -prosigue- que era muy viajera, en todo el tema de aeropuertos se manejaba perfectamente, mejor que en la pura supervivencia». No fue ése tampoco el objetivo principal de su paso por la televisión. «Su intención era aprovechar el concurso para ir luego a ver a su padre, originario de Uruguay, y creo que a una hermana, pero cuando salió del programa, los responsables no le dejaron quedarse allí», recuerda Raúl, quien reconoce que tampoco sabe mucho de su familia. «No hablábamos mucho de eso».

La noticia sobrecogió a todos los zarauztarras, que conforme pasaba la mañana se iban enterando del trágico desenlace de la última aventura de su vecina. «No me he atrevido a llamar a la hermana», decía un amigo, «pero todos lo hemos sentido». La familia de Maddi viajó ayer por la mañana a Madrid para esperar la llegada de sus restos mortales.

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