¿Quién no quiere la paz?

MIGUEL DE LEGARRA BELÁSTEGUI(Tarragona)

A 500 kms. de San Sebastián, a donde llega el DV como a todos los rincones de España, incluso a donde reniegan de ella, contesto a Jesús Esnal. No pretendo que pierda el apetito ni por ETA ni por nada. Dice Jesús: «En la transición se liberaron los presos de ETA; ¿ahora, por qué no?». Es verdad, en la transición se liberaron a los presos del ETA, a todos, algunos con sustanciosas subvenciones, un par de millones de pesetas por barba y billete de avión con destino a elegir. ¿De qué sirvió? Pues, sencillamente, para que incrementaran los actos violentos y causaran diez veces más víctimas mortales que durante su supuesta lucha contra el franquismo y así hasta hoy. Eso, pese a que Adolfo Suárez obsequió al nacionalismo vasco con un aperitivo autonómico, que eso fue la preautonomía sin todavía haberse aprobado la Constitución ni el Estatuto. Al aprobarse el de Gernika, dejó boquiabiertos a los nacionalistas vascos al obtener lo que ni soñaban. ¿De qué sirvió? Comprendo sus arcangélicos y navideños deseos de paz por los medios que apunta, pero yo no soy tan crédulo y optimista. Conste que no estoy en guerra con nadie y como yo muchos vascos. Sin embargo, muchos vascos y no vascos pacíficos fueron sacrificados con tiros en la nuca o destrozados por artefactos explosivos. Es bueno perdonar, pero hasta para los pecadillos infinítamente menos graves que privar de la vida a un semejante, la Santa Madre Iglesia exige requisitos: «examen de conciencia, contrición de corazón, propósito de enmienda, confesión de boca y satisfacción de obra», según decía el Catecismo del Padre Astete. Nada tenemos que perdonarnos mutuamente. Amistosamente.