Osakidetza, la ilusión monetaria y otras ilusiones

ANDRÉS GARCÍA GARCÍAMÉDICO DE LA ASAMBLEA DE MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA DE GIPUZKOA

Hace algún tiempo en estas mismas páginas, por idénticos motivos y coincidiendo con el fallecimiento del economista John Kenneth Galbraith hacíamos nuestra una reflexión con la que el autor abría lo que sería su última obra publicada. En ella como resumen y guía de su dilatada e intensa vida, planeaba como había aprendido que para ser útil y tener la razón uno tiene que aceptar la continua divergencia entre las creencias aprobadas y la realidad. También había aprendido que al final es la realidad la que cuenta. Entonces el equipo director de Osakidetza hizo saber mediante diversos comunicados que no comprendía el malestar y las protestas del sector sanitario en general y de la Atención Primaria en particular puesto que «las cosas y el sistema sanitario funcionaban razonablemente bien». Una ilusión.

Nada relevante ha hecho en este tiempo transcurrido el equipo directivo y en consecuencia, la situación sigue degradándose y los profesionales seguimos expresando nuestro malestar y hartazgo. Sin embargo, el director de recursos humanos de Osakidetza en relación con la reciente movilización y huelga refiere que: «Todo es mejorable pero Osakidetza está en un buen momento». Una ilusión.

Muchas y de diferente condición son las creencias aprobadas, las ilusiones, con las que el equipo director, en forma de propaganda, nos obsequia en pos de definir y sostener un estado de opinión sobre la bondad del sistema sanitario, especialmente y porque les gusta considerarse gestores, sobre la eficacia y eficiencia del sistema. Vamos a centrarnos en la ilusión monetaria, falacia que en economía acarrea la descalificación inmediata, el suspenso sine die para el torpe estudiante que en ella incurra, pero frente la cual nuestro equipo director debe estar, bien por ignorancia bien por maldad totalmente inmunizado a juzgar por la profusa utilización de la por otra parte poco sofisticada maniobra.

La economía es una ciencia, para disgusto de muchos de sus economistas no exacta pese a la profusa utilización de las matemáticas, y definida como tal por el método que utiliza. Existen algunas leyes económicas, no muchas. En Economía de la Salud, rama de la ciencia económica general que centra su objeto y actividad en el sector salud, el número de leyes económicas es aún menor. Sin embargo, hay algunas evidencias consolidadas. Entre ellas una fundamental que forma parte ya de su cuerpo teórico: la consideración del «bien salud» como un «bien superior» en el sentido que los economistas dan a este término, es decir dado un ente determinado -persona, grupo, país...- conforme aumenta la renta del citado ente el gasto en ese bien es proporcionalmente superior. Otra evidencia, existe una relación -correlación- entre el gasto sanitario y la renta de los países de tal manera que puede estimarse lo que un país determinado para su nivel de renta debe gastar en el sector sanitario. Cuando Newhouse publicó el estudio convertido ya en clásico había dos estados relevantes en el panorama mundial que se distanciaban, no cumplían esta correlación. Los EE UU porque gastaban más de lo que les correspondía para su nivel de renta y el Reino Unido porque gastaba menos.

Dados unos resultados por otra parte siempre difíciles de medir, en salud, es decir, dados unos gastos en salud y lo que el sistema sanitario obtenía a cambio, los equipos directivos nos hablaron de despilfarro en el caso americano y de eficiencia en el británico. Según ellos, el sistema sanitario británico gastaba relativamente poco y obtenía a cambio proporcionalmente mucho. Tuvo que llegar el equipo laborista con la promesa de paz para Irlanda y dinero para el exhausto sistema sanitario británico para desmontar esta falacia tatcheriana. Otra ilusión.

Diversos colectivos y fuerzas sindicales venimos repitiendo que el nivel de gasto sanitario de la Comunidad Autónoma Vasca no se corresponde en absoluto con nuestro nivel de riqueza. Eso es lo que la realidad, la tozuda realidad demuestra. Sin embargo el equipo directivo de Osakidetza, perdido en la niebla londinense de la época Tatcher, sigue hablando de eficiencia.

Cuando la argumentación para justificar el actual nivel de gasto se torna dificultosa, tanto en informes sobre la situación de Osakidetza presentado en el Parlamento como en multitud de artículos propagandísticos, el recurso argumental del equipo directivo se basa en el esfuerzo presupuestario realizado, expresado en la evolución del gasto sanitario en el periodo 1999-2005. Ojo al dato. La evolución según estos informes es de un incremento del 53%.

Osakidetza es la única organización de una cierta identidad que se permite el lujo de presentar datos de gastos nominales, no reales, sin deflactar y sin descomponer el gasto en sus componentes reales. La ilusión monetaria en estado puro. Imaginen a la consejera de Economía comunicando a la ciudadanía que el precio de la gasolina no ha subido durante todo ese periodo porque ella sigue echando desde el año 1999 en su surtidor, pongamos por caso, mil pesetas. Sin duda el recorrido de su argumentación sería tan corto como el de su propio vehículo. Su prestigio como economista, a no dudar, se vería seriamente afectado.

En Atención Primaria, según datos del departamento en el periodo 1999-2005 el incremento de consultas ha sido del 11%. Ese es un dato real en el que cabría considerar el incremento poblacional. Es más, durante este periodo un gran número de lo que antes se consideraban y computaban como consultas expedición y distribución de recetas parte de confirmación de bajas laborales, etc., han dejado de computarse como tales. El incremento del gasto sanitario del 53% es un dato nominal, de bajo significado. Es preciso considerar el incremento del PIB en este periodo, las tasas de inflación tanto las generales como las específicas del sector, las variaciones de población... 53% de incremento, dicen. ¿Una ilusión? No, una desvergüenza.