ELA aboga por configurar un espacio civil por la autodeterminación entre fuerzas soberanistas

Defiende un acuerdo estratégico con LAB de «más calado que el logrado en los años noventa». Dice que la política ha «desertado de su responsabilidad social»

PILAR ARANGUREN
Nuevo Comité Ejecutivo de ELA, aprobado ayer por el Consejo Nacional de ELA, celebrado en Bilbao . [TELEPRESS]/
Nuevo Comité Ejecutivo de ELA, aprobado ayer por el Consejo Nacional de ELA, celebrado en Bilbao . [TELEPRESS]

BILBAO. DV. El sindicato ELA defiende «una hoja de ruta mínima entre todas las fuerzas soberanistas que estén a favor del derecho de autodeterminación» y oboga por crear un «polo civil y democrático, que deje a un lado la intervención de la coacción». «El ciclo de la coacción debe acabar ya», recalca.

Esta reflexión viene recogida en una resolución del Comité Nacional de ELA, bajo el título Trabajar el espacio social y político por la autodeterminación, que refleja a modo de síntesis la posición fijada por el sindicato en los últimos quince años. El documento fue presentado ayer por el secretario general adjunto de ELA, German Kortabarria, que abandonó su cargo tras aprobar el Consejo Nacional de ELA -máximo órgano entre congresos- la nueva composición de la ejecutiva de la central propuesta por su Comité Nacional.

Con un apoyo del 88,8% de los votos -el 5,9% votó en contra y el 4,7% lo hizo en blanco-, el Consejo Nacional aprobó que Kortabarria sea sustituido como número dos del sindicato por Adolfo Muñoz, Txiki, que se perfila como principal candidato para tomar el relevo de José Elorrieta al frente de ELA. Elorrieta deberá abandonar también su cargo, por motivo de edad, a finales del año que viene, que coincidirá con el congreso del sindicato.

En la resolución, la central critica la decisión de ETA de romper el alto el fuego. Añade que cuestionar al Gobierno «no es un debate útil» y afirma que el fin de la lucha armada «es una prioridad absoluta». La central nacionalista considera necesario un debate, con independencia de lo que haga el Gobierno u otros, sobre la utilidad y pertinencia hoy y aquí de la lucha armada».

En este sentido, señala que a ELA le preocupó en su momento que se abordara un proceso de negociación «con expectativas políticas que no nos parecía que resistía el análisis de la realidad».

Considera «un error de fatales consecuencias pretender simultanear la finalización de la lucha armada y la resolución de las cuestiones derivadas de la misma con la resolución definitiva del conflicto político». «Son procesos que deben tener su desarrollo, metodología y agentes distintos», sostiene.

El sindicato defiende que el derecho de autodeterminación «es el mínimo común democrático»que debieran aceptar tanto autonomistas como federalistas e independentistas.

Cree que corresponde a las fuerzas soberanistas conformar la estrategia para lograrlo con el fin de que su proyecto político sea viable, y aboga por configurar un «polo por la autodeterminación», de carácter «estrictamente civil y democrático, libre de toda coacción, que se dote de una agenda y unos contenidos mínimos sobre objetivos comunes, que queden fuera de las disputas partidarias». A su juicio, ésta fue una de las lagunas fundamentales de la gestión de la declaración de Lizarra-Garazi entre fuerzas nacionalistas.

Añade, que les preocupa «la tentación de un nuevo estatutismo, un nuevo reparto de poder más o menos retocado que suponga la estabilidad de relaciones entre la élite de España y la vasca para que no se termine de resolver el nudo del conflicto».

Kortabarria insistió en la necesidad de seguir realizando un modelo sindical de contrapoder. Definió como «descorazonadora, casi desoladora», la relación del sindicalismo abertzale y la «mala situación con LAB». «Es un grave error -dijo- que estemos como estamos, porque la dinámica de confrontación intersindical, de competencia nos debilita a unos y a otros, pero sobre todo a la suma».

Mostró su disposición a buscar un acuerdo con LAB que debe ser, en su opinión, de más calado que el de los años 90. Abogó porque ambos sindicatos busquen un acuerdo con perspectiva estratégica, que aborde la situación que provocan los conflictos y que dé prioridad a la «suma y no a las migajas de la confrontación». «Dos organizaciones una estrategia», resumió. En su opinión, sería la «mejor noticia para la gente abertzale, soberanista y progresista».

«Nacionalismo satisfecho»

Por otro lado, el documento denuncia la existencia de un «nacionalismo satisfecho» y que éste se encuentra «enfrascado en la Administración y es aliado de los poderes económicos». Considera que existe una democracia «muy pobre» y acusa al PNV de no interesarle «una verdadera democracia participativa, que vaya más allá de depositar el voto».

En este sentido, Kortabarria recordó que el documento recoge los aspectos del texto de 1992 en el que ELA denunciaba «la comodidad del nacionalismo» y el hecho de que para éste «el conflicto político se había diluido y el conflicto competencial también desaparecía». En este mismo documento, se decía ya que el Estatuto de Gernika «estaba agotado».

En el ámbito social, el texto califica como «descorazonadora» la situación actual, «porque los resultados obligan a ser autocríticos». De este modo, denuncia que la política «ha desertado de su responsabilidad social» y se ha convertido en una «recadista» de los poderes económicos.

Asimismo, el documento denuncia una ruptura «de las reglas del juego» por parte del Gobierno Vasco, al «no respetar» a la mayoría cuando negocia con los sindicatos.