Una estrategia de presión diseñada a raíz de la ponencia 'Oldartzen' del 94

DV.BILBAO

La estrategia de extender sus acciones terroristas a concejales la certificó ETA apoyándose en la ponencia 'Oldartzen', aprobada por HB en 1994 y en la que se abogaba por «socializar el sufrimiento». La banda terrorista ponía de nuevo en el centro de su diana a la clase política, algo que no sucedía desde mediados de la década de los ochenta.

La primera víctima fue Gregorio Ordóñez. El portavoz del PP en el Ayuntamiento de San Sebastián fue asesinado el 23 de enero de 1995. Fue el inicio de una dinámica de terror que ha salpicado a esta formación, al PSE y a UPN, y que se ha desarrollado por el País Vasco, Navarra, Cataluña y Andalucía.

Tuvo que pasar año y medio para que la banda volviese a matar a un concejal. ETA ejecutó a Miguel Ángel Blanco en julio de 1997. La espiral de violencia se desató a partir del 11 de diciembre de ese mismo año: la banda asesinó en Rentería al también edil del PP José Luis Caso. Desde entonces y hasta junio de 1998 cayeron José Ignacio Iruretagoyena, Alberto Jiménez Becerril -también su esposa-, Tomás Caballero y Manuel Zamarreño. Todos del PP y UPN.

La tregua de Lizarra detuvo los asesinatos. Una vez rota, volvieron. Jesús María Pedrosa, José María Martín Carpena, Manuel Indiano y José Luis Ruiz Casado -todos populares- fueron asesinados entre el 3 de junio y el 20 de septiembre de 2000. En diciembre una bomba acabó con la vida de Francisco Cano; en marzo de 2001 el socialista Froilán Elespe recibió un tiro en la nuca; y en julio de ese mismo año era asesinado José Javier Múgica. El último concejal muerto a manos de ETA es Juan Priede, el 20 de marzo de 2002.