Viernes, 20 de abril de 2007
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CIUDADANOS MOHAMED ALI NOS RECIBIÓ EN SU JAIMA DE LA WALIYA DE SMARA
«No os digo 'bienvenidos a esta tierra' pues no es la nuestra, la del Sahara»
Venerado por el pueblo saharaui en su exilio del desierto de Argelia, miembro del Consejo de Notables, añora el mar y sueña con un África republicana
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Nos recibió en la jaima que su familia tiene en los campamentos saharauis del desierto argelino. Estábamos en Smara. En la otra Smara, la del destierro. La verdadera, la del Sahara, llenaba el corazón de todos.



- Es un honor, Mohamed Ali.

- El honrado soy yo por poder recibir a un puñado de donostiarras.

- Señor, sabemos del respeto que le profesa su pueblo como hombre sabio y justo, que ha vivido, reflexionado y viajado.

- Pero este pueblo no olvida que San Sebastián y sus gentes nos han acogido, curado, protegido, apoyado. Por eso, sed bienvenidos a mi casa, a mi familia.

- Impone este recibimiento y nos sentimos agasajados por usted y los suyos en esta tierra.

- Sin embargo, lamento no poder daros la bienvenida a esta tierra.

- Nuestros pies descalzos tocan la arena...- Pero no es nuestra arena. No es nuestra tierra. Agradecimiento eterno a Argelia por acogernos pero nuestro país quedó al otro lado. Por eso os digo 'bienvenidos a nuestra casa, a nuestra familia', y guardo mi bienvenida a la tierra para cuando regresemos al Sahara nuestro.

- Quiera Alá que el regreso sea pronto.

- Treinta años han pasado. Por aquí han aparecido todos los secretarios generales de la ONU y sus representantes y a todos les hemos respondido lo mismo: 'Cumplid las resoluciones que vosotros mismos tomásteis. Retirad vuestros soldados, dejadnos cumplir nuestro destino'.

- Es hermoso el nombre de vuestro país: Al Yumhuriya Arabie Saharauie Democratie, República Árabe Saharaui Democrática.

- Hace poco ha habido elecciones totalmente democráticas en Mali. En nuestro sueño de futuro visionamos un trozo magnífico de África compuesto por hermosas repúblicas. Volveremos a nuestra tierra. Y será la república que habéis nombrado. Y tendremos cerca la República Islámica de Mali. La de Mauritania. La del Senegal más abajo.

- Señor, usted estuvo en Donostia. Fue operado y se recuperó entre nosotros. Miembros de su familia guardaron su recuperación y decenas de saharauis viajaron desde Cataluña y Andalucía para oír sus palabras sabias.

- Por eso, porque San Sebastián está en mi corazón, os he dicho que el recibiros en nuestra casa convierte este día en un día festivo.

- Puedo preguntarle....

- En esta casa sois libres de hacer lo que os plazca, las preguntas que queráis....

- He visto fotos suyas en la playa de Ondarreta. Vestía una hermosa 'darrá' y sus pies descalzos pisaban la arena húmeda. ¿Añora el mar, señor?

- Añoro el mar. Añoramos el mar. Os diré que un trozo de la costa de Bojador se parece mucho a vuestra bahía. Mi felicidad al llegar a vuestro mar sólo se puede medir con los mismos kilómetros que vosotros habéis recorrido para venir a nuestra casa. El mar es un reto, una riqueza que le hurtaron y una pasión para todo saharaui.

- Dijeron, señor, que aún recuperándose de su operación, usted insistió en acercarse al Cantábrico.

- Todo viajero, todo aquel que se acerca a un lugar bañado por el mar, ha de cumplir con el deber de meterse en sus aguas. Hasta la rodilla. Yo lo hice, y porque aparte de ser gentes de lucha y solidaridad sois seres de mar, mi felicidad al tener en mi casa hijos de San Sebastián sólo puede medirse, repito, con la misma largura de los kilómetros que vosotros habéis recorrido para saludarnos.

- Vuestro pueblo exige su derecho a...

- El porvenir mismo. Y a nuestro territorio del Sahara. Nuestra tierra, nuestro mar.

- Marruecos propone la autonomía para el Sahara ocupado...

- Esa autonomía no haría sino legalizar dicha ocupación.

- Reinos feudales os rodean...

- Pero hasta reyes que son hermanos en la tortura se enfrentan entre sí por nuestra causa.

- Han pasado ya treinta años, señor.

- Nuestro pueblo dice, sabe, que la injusticia no puede durar más de lo que tarda la justicia en prepararse para acabar con el daño causado. La justicia está cerca. Y nosotros, dispuestos a actuar

 
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