Cruzar la muga para 'colocarse'

Cientos de jóvenes franceses acuden cada fin de semana a discotecas y macrofiestas guipuzcoanas con un peligroso objetivo: consumir droga

ARANTXA ALDAZALDAZ@DIARIOVASCO.COM
Jóvenes en la pista de baile de una discoteca./
Jóvenes en la pista de baile de una discoteca.

IRUN. DV. Las fronteras no son obstáculo para las drogas. En Gipuzkoa, al contrario, actúan como un poderoso imán para cientos de jóvenes franceses que cruzan cada fin de semana la muga en busca del mejor colocón. Las discotecas y macrofiestas del territorio aparecen asociadas para muchos de estos viajeros al consumo de estupefacientes y a la diversión sin límite. «Los escenarios musicales y festivos están estrechamente asociados al consumo de sustancias psicoactivas», confirman desde la asociación Médicos del Mundo, cuyos responsables en Bayona y Bilbao han participado en un proyecto transfronterizo de prevención de las drogodependencias. Según sus datos, el 80% de los que acuden a estas desenfrenadas veladas fuma cannabis, la mitad consume cocaína, éxtasis, LSD, anfetaminas y otras drogas de diseño. Entre el 30 y el 60% del público proviene del otro lado de la frontera.

La fiabilidad de la estadística es certera. Desde hace tres años, profesionales y voluntarios de varias asociaciones (entre ellas Médicos del Mundo, Bizia, Arsa y Ailaket) han visitado cada fin de semana las salas más concurridas a un lado y otro del Bidasoa. En total se han paseado por 81 fiestas, también en Vizcaya y en Navarra, donde han tomado contacto con más de 22.000 jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 35 años. «El objetivo no es juzgar sus conductas, sino aprovechar la presencia privilegiada en estas fiestas para informarles y prevenir comportamientos de riesgo», explica Cyril Olaizola, enfermero y coordinador de Médicos del Mundo en Bayona.

En cada sesión, una quincena de miembros de las citadas asociaciones se sitúan a la entrada del local, con el consentimiento previo de los propietarios. Colocan una mesa con folletos informativos (en francés, castellano y euskera) e instalan un pequeño laboratorio donde analizan los productos consumidos para determinar, por un lado, su composición y advertir, por otro, de los peligros derivados de su uso. Reparten desde preservativos hasta jeringuillas estériles. En general, son bien recibidos por los asistentes, apunta Jean Pierre Daulouède, médico y responsable del programa Bizia en Bayona, quien insiste en que «el consumo de drogas en Iparralde guarda más semejanzas con el del País Vasco que con el del resto de Francia», principalmente por la cercanía de la muga, «el efecto frontera». Fue precisamente esta constatación la que les empujó a iniciar la colaboración transfronteriza hace diez años, plasmada ahora en un ambicioso proyecto, de 1,7 millones de presupuesto, cuyos resultados fueron expuestos ayer en Irun.

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«Estábamos convencidos de la urgencia de una colaboración a ambos lados de la frontera ante la ausencia cruel de políticas de prevención y reducción del consumo de drogas», insiste Daulouède. Así, nació la idea de acercarse a los consumidores y seguirles hasta sus lugares de ocio para conocer sus comportamientos. «Claro que es mejor no consumir droga que consumirla. Pero partimos de la premisa de que si la consumen, cuanta más información tengan mejor», añade el médico francés.

Uno de los proyectos que más reticencias causó fue la creación en 2003 de una sala de consumo supervisado en Bilbao por donde han pasado ya 1.527 personas, con diferentes adicciones, y se han intercambiado 245.096 jeringuillas. Cuando se abrió contaba sólo con una sala para consumo intravenoso, pero tras «los buenos resultados», el programa se extendió a consumo de drogas fumadas y esnifadas.

De momento, no está previsto que se habiliten nuevas salas en otros puntos del País Vasco, aunque las instituciones ayer presentes en la rueda de prensa (Gobierno Vasco y Consejo de Aquitania) sí se comprometieron a seguir apoyando iniciativas de esta nueva fórmula de cooperación transfronteriza, porque «para las drogas las fronteras no existen».