Memoria y literatura a vista de pájaro

«Hará falta algo más que ideología política para sacar adelante nuestra lengua y nuestra cultura», afirmó el nuevo académico

NEREA AZURMENDI
El presidente de Euskaltzaindia Andrés Urrutia hace entrega a Bernardo Atxaga del diploma que acredita su condición de académico de número en presencia del alcalde de Asteasu y de Xabier Kintana. [REPORTAJE GRÁFICO: JOSÉ MARI LÓPEZ]/
El presidente de Euskaltzaindia Andrés Urrutia hace entrega a Bernardo Atxaga del diploma que acredita su condición de académico de número en presencia del alcalde de Asteasu y de Xabier Kintana. [REPORTAJE GRÁFICO: JOSÉ MARI LÓPEZ]

ASTEASU. DV. Joseba Irazu eligió Asteasu, la localidad en la que nació en 1951, para pronunciar su discurso de ingreso en Euskaltzaindia e incorporar a las filas de la Academia de la Lengua Vasca a Bernardo Atxaga, sin duda el escritor vasco con mayor proyección exterior. Atxaga fue elegido académico de número el 31 de marzo del pasado año, en sustitución del fallecido Juan Mari Lekuona, a propuesta de José Luis Lizundia, Ana Toledo y Xabier Kintana. Fue el propio Kintana quien, ejerciendo de «padrino», dio la réplica al escritor antes de que el presidente de Euskaltzaindia, Andres Urrutia, le impusiera la medalla que le identifica como académico de número y le entregara el diploma que lo acredita.

El alcalde Iñaki Amenabar le agradeció la elección, y Asteasu le correspondió preparándose adecuadamente para recibir a las decenas de invitados que se sumaron a su familia -le acompañaron, entre otros familiares, su madre Izaskun Garmendia, su esposa Asun Garikano y sus hijas Jone (6) y Elisabete (8)-, a los académicos y a los vecinos de la localidad para acompañar a Atxaga en el acto académico que supuso su ingreso formal en Euskaltzaindia. Habilitaron un servicio especial para ordenar el tráfico y el aparcamiento, engalanaron el frontón, prepararon una serie de actuaciones musicales que aligeraron el protocolo previsto por la Academia para estas ocasiones...

Atxaga, por su parte, aportó al acto un discurso en el que, basándose en el recuerdo de una bandada de gansos que vio sobrevolar Asteasu en su migración anual cuando sólo tenía siete años, planeó sobre la memoria, la literatura y el euskera. Voló sobre esos territorios combinando su habilidad para fabular y el compromiso «con el euskera y con su pueblo, incluso en los momentos más difíciles», que subrayó Xabier Kintana al referirse a él como «un intelectual comprometido y con una gran dimensión moral».

¿Irazu o Atxaga?

«¿Quién ingresa hoy en Euskaltzaindia, Joseba Irazu -el hijo, el marido, el padre, el amigo...- o su heterónimo Bernardo Atxaga, con su mundo literario?», se preguntó el presidente de Euskaltzaindia Andrés Urrutia en la apertura del acto. Resolvió rápidamente la aparente contradicción con un expeditivo «de una tacada recibimos a una pareja extraordinaria», compuesta «por Irazu y Atxaga, los dos lados de un mismo espejo que, además, no tiene ninguna cara ciega». Desde el punto de vista práctico los problemas derivados de la duplicidad de nombres se resolvieron utilizando ambos.

Xabier Kintana, por ejemplo, recurrió alternativamente al Joseba-Bernardo y al Bernardo-Joseba en un discurso titulado Ekintzailearen laudorioa (podría traducirse como Elogio del activista) con el que, además de glosar su vida y obra y considerarle «el embajador más conocido de los vascoparlantes en el amplio mundo de la literatura», respondió a la intervención de Atxaga subyarando algunas de sus aportaciones más significativas y coincidiendo con el escritor guipuzcoano en reclamar de los vascos un compromiso real y cotidiano con su lengua, que debería basarse sobre todo en su utilización.

Dar vida al euskera

La bandada de gansos que vio sobre el cielo de Asteasu cuando, todavía muy niño, se iniciaba en la aritmética y la caligrafía, es uno de los primeros recuerdos que conserva Bernardo Atxaga. A lo largo de su carrera literaria ha recurrido en más de una ocasión a la imagen de aquellas aves migratorias que, a sus ojos, adquirían la forma de números y letras y daban alas a su imaginación.

Sobre esa misma imagen ha construido en los últimos meses su discurso de ingreso, Antzarak, zenbakiak eta letras (Gansos, números y letras), en el que ha engarzado con precisión reflexiones sobre la literatura, la escritura y el euskera. Ayer, fue capaz de mantener la atención de todo el público durante la lectura de catorce folios en los que, apoyándose en lugares y en personajes -Pedro Mari Otaño, Pello Errota, Xabier Lizardi, Antonio Arrue, Manuel y Juan Mari Lekuona, Gabriel Aresti...-, que forman parte de su geografía vital determinó que si para algo sirve la literatura es para «transfigurar la realidad». A pesar de considerar que «la literatura y el mundo literario imitan las manias y las creencias del modelo aristrocrático», quiso también subrayar el valor de la literatura popular como reflejo de la lengua viva y de la comunidad que la utiliza y la nutre.

La lengua fue, precisamente, uno de los terrenos en los que más largamente se detuvo en su amplio vuelo. «El uso es el que sostiene a una lengua, el que le da valor», afirmó, advirtiendo de que «con la lengua no hay bromas» y recordando el papel nocivo de los puristas, que se encuentran «en los ambientes, las instituciones y los grupos que tienen como objetivo acentuar las diferencias». «Para salir adelante -dijo- nuestra lengua y nuestra cultura necesitan algo más que ideología política», sugiriendo que lo realmente beneficioso es «vincular el uso de la lengua con valores positivos como la democracia y la tolerancia» y, por encima de todo, utilizarla. Y, utilizándola, darle vida.

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